Un jataka sobre cuatro animales que nos enseña a cultivar la convivencia, el respeto y la cooperación en la sangha
En el arte tibetano existe una imagen de cuatro animales que nos resulta familiar: una perdiz, una liebre, un mono y un elefante formando una torre bajo un árbol frondoso. Este símbolo de los Cuatro Amigos Armoniosos encierra enseñanzas profundas sobre cómo cultivar la armonía en nuestra comunidad espiritual.
Esta historia, que proviene de los Jataka, una colección de relatos de vidas pasadas del Buddha, fue contada en un momento crucial: justo antes de que el Buddha Shakyamuni entrara en el paranirvana. No es casualidad. Frente a un acto concreto de falta de consideración en la Sangha, el Maestro eligió transmitir esta enseñanza como uno de sus últimos legados.
Lo extraordinario de esta historia es que nos ofrece un camino claro, ya que no se queda en el ámbito teórico o ideal. Nos habla directamente de algo que todos experimentamos: la dificultad de convivir en paz, tanto en comunidades monásticas como en sanghas de practicantes laicos.
Contenidos
- El contexto: una enseñanza del Buddha sobre la amistad espiritual
- El incidente que dio origen a la historia
- El jataka de los Cuatro Amigos Armoniosos
- Armonía basada en experiencia y sabiduría, no en poder
- Tensiones inevitables en la convivencia
- Una mirada hacia el interior
- El poder transformador de la amistad virtuosa
- Unidos por un mismo objetivo
1. El contexto: una enseñanza del Buddha sobre la amistad espiritual
Antes de entrar en la historia, vale la pena detenernos en el contexto más amplio. En sus últimas horas, mientras moraba en la Arboleda de los Árboles Gemelos de Sal cerca de Kushinagar (India), el Buddha transmitió una enseñanza fundamental sobre el papel del maestro espiritual.
Su discípulo Ananda, queriendo confirmar su comprensión, le dijo al Bhagavan: “Un amigo espiritual virtuoso, un compañero virtuoso, un apoyo virtuoso es la mitad de la vida santa”.
La respuesta del Maestro fue una corrección clara y contundente:
Ananda, no digas que un amigo espiritual virtuoso, un compañero virtuoso, un apoyo virtuoso es la mitad de la vida santa… El caso es que un amigo espiritual virtuoso, un compañero virtuoso, un apoyo virtuoso es el todo, lo no adulterado, lo completo, lo puro, la vida santa totalmente purificada.
Y explicó la razón:
Ananda, es así porque confiando en mí como su amigo espiritual, los seres sintientes sujetos al nacimiento serán completamente liberados del nacimiento, y los seres sintientes sujetos al envejecimiento, la enfermedad, la muerte, el pesar, la lamentación, el sufrimiento, la angustia y la agitación serán completamente liberados de todo ello.
Como nos recuerda la introducción al Sutra sobre Confiar en un Amigo Espiritual Virtuoso (Kalyanamitrasevanasutra):
Sin la ayuda de un amigo espiritual, el progreso en el sendero no solo es muy difícil, sino imposible. El maestro actúa como un guía cualificado y experimentado, capaz de guiar a otros a través del arduo sendero hacia la liberación.
El Maestro no estaba hablando en abstracto. Estaba respondiendo a una situación concreta que había ocurrido durante el viaje.
Relieve javanés que representa al Buddha en sus últimos días junto a su discípulo Ananda. Fue en este periodo final, cerca de Kushinagar, cuando el Buddha corrigió la comprensión de Ananda sobre la amistad espiritual, enseñando que un guía virtuoso no es la mitad, sino la totalidad de la vida santa. Fotografía: Anandajoti Bhikkhu. CC BY 2.0, Wikimedia Commons.
2. El incidente que dio origen a la historia
Cuando el gran benefactor Anathapindika completó la construcción del Monasterio Yetavana en Shravasti, envió un mensajero al Buddha invitándolo a visitarlo. El Maestro partió de Rayagrija con un numeroso grupo de bhikkhus (monjes varones), planeando detenerse en Vesali.
Lo que sucedió después fue revelador. El llamado Grupo de los Seis, compuesto por bhikkhus conocidos por su comportamiento poco virtuoso, se adelantó apresuradamente y reservó todos los alojamientos disponibles para ellos mismos, sus amigos y superiores cercanos. Cuando los bhikkhus de mayor antigüedad llegaron, no encontraron dónde hospedarse.
Ni siquiera el Venerable Shariputra, uno de los principales discípulos, pudo conseguir un lugar. Pasó la noche al aire libre, cerca de los aposentos del Maestro, alternando entre sentarse al pie de un árbol y caminar de un lado a otro.
Poco antes del amanecer, el Maestro salió de su habitación y tosió. En ese momento, Shariputra también tosió.
—¿Quién está ahí?— preguntó el Maestro.
—Soy yo, Shariputra, venerable señor.
Al escuchar la explicación de lo sucedido, el Buddha reflexionó: “Incluso ahora, mientras estoy vivo, los bhikkhus carecen de cortesía y humildad. ¿Qué harán cuando me haya ido?”
En cuanto amaneció, reunió a la asamblea. Y entonces, para ilustrar la importancia del respeto y el orden en la comunidad espiritual, contó la siguiente historia.
El árbol sal en flor (sánscrito: sala; pali: sala-rukkha; nombre científico: Shorea robusta) figura prominentemente en los sutras: el Buddha nació mientras su madre sostenía una rama florida, falleció entre árboles gemelos, y se lo menciona repetidamente a lo largo de las escrituras. Los Shakya, el clan del Buddha, han sido tradicionalmente relacionados con los bosques de la región, situada en las estribaciones meridionales del Himalaya. Fue en la Arboleda de los Árboles Gemelos de Sal donde el Buddha, en sus últimas horas, ofreció esta enseñanza destacando la importancia de la amistad espiritual virtuosa.
3. El jataka de los Cuatro Amigos Armoniosos
Hace mucho, mucho tiempo, en un antiguo bosque de las laderas del Himavat, vivían cuatro amigos: una perdiz, una liebre, un mono y un elefante. Compartían sus vidas bajo un enorme árbol banyan y, en general, eran felices juntos.
Sin embargo, con el tiempo se dieron cuenta de algo importante: su vida en común carecía de orden. No tenían a nadie a quien respetar como guía. Cuando surgían decisiones importantes o discrepancias, no había entre ellos un portavoz reconocido que pudiera aconsejarles. Esta falta de estructura comenzaba a generar tensión.
Para resolver esta situación, acordaron entre todos que quien fuera el mayor entre ellos debería ser honrado como líder. Pero ¿cómo determinar quién era el más de más edad? Decidieron usar como referencia el gran banyan bajo el cual vivían, ese árbol que parecía haber estado siempre ahí.
El elefante habló primero:
—Amigos míos, cuando yo era apenas un bebé, este enorme árbol era sólo un arbusto. Cuando me paraba sobre él, sus ramas más altas apenas me tocaban el vientre. Lo conozco desde entonces.
El mono continuó:
—Amigos, cuando yo era un bebé y estaba sentado aquí en el suelo, sólo tenía que estirar el cuello para comer los brotes más altos de este árbol. Lo conozco desde que era muy pequeño.
La liebre añadió:
—Amigos, cuando yo era un bebé, este árbol era sólo un pequeño brote sin hojas que crecía al lado de mi madriguera. Lo recuerdo como un simple retoño.
Finalmente, habló la perdiz:
—Amigos, hace mucho tiempo existió un árbol banyan similar a éste, a cierta distancia de aquí. Me comí sus semillas y las evacué en este lugar, dando origen a lo que ahora ven. Como lo conozco desde antes de que naciera, debo ser más vieja que cualquiera de ustedes.
Los otros tres animales exclamaron:
—Efectivamente, amiga, eres la mayor. A partir de ahora te honraremos. Te mostraremos la debida consideración de palabra y de obra, y buscaremos tu consejo.
Y así fue. La perdiz, aceptando el reconocimiento como la de mayor edad, les aconsejó sabiamente desde aquel día. Además, les inculcó los preceptos que ella misma observaba fielmente. De este modo, su vida cotidiana adquirió más orden. Afianzados en los preceptos, vivieron juntos respetuosa y correctamente, ganándose así, al final de sus vidas, un renacimiento en los cielos.
Al concluir la historia, el Buddha estableció una regla clara para la Sangha:
De ahora en adelante, declaro que el respeto y todo el apropiado servicio sean otorgado por antigüedad. Los de mayor senioridad recibirán el mejor alojamiento, las mejores vestiduras y las mejores limosnas. Que nunca más un bhikkhu de mayor antigüedad sea excluido de un alojamiento por uno más joven. Quien falte el respeto a sus mayores comete una ofensa.
Y reveló quiénes habían sido aquellos animales: “En aquel tiempo, Moggallana era el elefante, Shariputra era el mono, Ananda era la liebre, y yo era la perdiz sabia.”
Esta historia llegó a ser conocida como Tittirajātaka (La Moralidad de la Perdiz), y sus enseñanzas resuenan hasta hoy.
4. Armonía basada en experiencia y sabiduría, no en poder
Lo que me parece revelador de esta enseñanza es el tipo de jerarquía que propone. No se basa en la fuerza física (el elefante es claramente el más fuerte). Tampoco en el conocimiento intelectual, la riqueza material o el poder mundano. Este orden surge del reconocimiento, por parte de todos los miembros de la comunidad, de la experiencia y sabiduría acumuladas.
Nuestro respeto y admiración hacia los maestros y practicantes de mayor antigüedad constituye el pilar fundamental de la armonía dentro de una sangha. Como nos recuerda el Venerable Khenpo Rinchen:
El lugar que uno ocupa en la jerarquía no es una medida de nuestro valor personal, se trata sólo de un rol temporal y provisional.
Esta perspectiva cambia completamente nuestra relación con la organización comunitaria. No se trata de estructuras rígidas de dominación, sino de reconocer que quienes llevan más tiempo en el camino tienen algo valioso que ofrecer. Han navegado tempestades que nosotros aún no conocemos, han enfrentado obstáculos que apenas vislumbramos.
En cualquier comunidad, monástica o laica, es necesario tener claridad en los roles para evitar caer en el caos. La forma en que establecemos ese orden marca toda la diferencia. En el mundo convencional, estamos acostumbrados a operar mediante sistemas fundados en la fuerza, el conocimiento teórico o el poder mundano. Sin embargo, el orden que nace de la sabiduría y experiencia vivida es el camino del Dharma.
Cuando perdemos de vista este respeto nos dejamos arrastrar por nuestras luchas, tanto internas como externas, permitiendo que nuestras discrepancias afecten el funcionamiento del resto del grupo.

5. Tensiones inevitables en la convivencia
Seamos honestos con nosotros mismos. Como dice el Venerable Khenpo Rinchen:
Como ninguno de nosotros es perfecto, todas nuestras interacciones van a generar fricción.
Podemos ahorrarnos mucho sufrimiento si aceptamos desde el principio que, tarde o temprano, surgirán roces con nuestras compañeras y compañeros de camino. Esto no significa que haya algo incorrecto en la sangha o en nosotros. Es simplemente la naturaleza de la convivencia humana.
Si somos sinceros, podemos reconocer nuestra propia falta de armonía interior. Será inevitable que parte de esa disonancia se exprese y se comparta con otros que, probablemente, tienen paranoias y patrones kármicos que resuenan con los nuestros.
Pero aquí está la oportunidad: comprender la forma en que estamos contribuyendo a crear esos conflictos puede ser profundamente transformador. Aceptar nuestra parte de responsabilidad, abrir nuestro corazón a la situación y ver todas las partes que constituyen ese malentendido puede ayudarnos a “bajar los humos” y poner cada cosa en su lugar.
La mayoría de nuestras disputas nacen de nuestra arrogancia, de una distorsión de nuestro sentido de justicia y de nuestra falta de paciencia para tolerar la forma en que, a primera vista, se presenta la realidad.
Vale la pena recordar que, según el Abhidharma, un cisma en la comunidad monástica es un acto extremadamente dañino kármicamente. ¿Por qué? Al dividir la comunidad, se interrumpe el giro de la rueda del Dharma, impidiendo que innumerables seres encuentren y practiquen las enseñanzas genuinas, cortando así el ciclo de su transmisión.
Como nos recuerda nuestro maestro: “Si queremos tener armonía y bienestar, debemos ser personas sanas y éticas”.

6. Una mirada hacia el interior
Quizá pueda sernos útil realizar un pequeño experimento personal para descubrir cuáles son los 8 dharmas mundanos que inconscientemente buscamos alimentar a través de nuestras relaciones con la sangha.
Para ello podemos hacernos las siguientes preguntas:
- ¿Busco siempre personas agradables y evito a las que considero desagradables?
- ¿Ansío reconocimiento y me duele cuando no me tienen en cuenta?
- ¿Me encanta recibir cumplidos (o los doy esperándolos de vuelta) y no tolero las críticas o correcciones?
- ¿Necesito sentir que tengo el control sobre algo y tengo miedo a perderlo o compartirlo?
Hay una frase que escuché alguna vez y que me parece muy acertada:
Los vínculos sanos no llenan vacíos, acompañan procesos.
Podemos llevar a cabo esta autoevaluación como un simple ejercicio de sinceridad con nosotros mismos, motivados por una curiosidad sana y sólo por el interés en conocernos mejor. Si lo encaramos bien, descubrir cuáles son nuestras motivaciones ocultas nos puede ayudar a mejorar.
Solo debemos tener cuidado en no caer en la autoflagelación ni en la culpa, pues fácilmente podríamos quedar atrapados en el dolor y el remordimiento, lo que no nos ayudará a avanzar.
En lugar de esto, podríamos apostar por cultivar una amistad saludable con nosotros mismos, comprometiéndonos a buscar y trabajar en todo aquello que realmente nos aportará bienestar a largo plazo.

7. El poder transformador de la amistad virtuosa
Cuando logremos ser nuestros mejores amigos, nos costará muy poco ofrecer amistad a todos los demás. Aquí estaríamos hablando de un vínculo que va más allá de la conveniencia, la afinidad de ideas y la diversión. Sería una amistad virtuosa, basada en el deseo genuino de bienestar y felicidad para cada ser, en el compromiso de perseguir lo que consideramos correcto y en el apoyo mutuo para ofrecer siempre nuestro mejor intento.
Podemos ver la forma en que nos relacionamos con nuestros seres queridos como un reflejo de nuestro nivel actual de compromiso y dedicación hacia los demás. Con ellos solemos ser más generosos, sinceros, comprensivos, auténticos y abiertos, lo que es maravilloso.
Sin embargo, siempre podemos seguir mejorando. Podemos aspirar a ser cada vez mejores compañeros, trabajar en convertirnos en nuestra mejor versión y, sobre todo, que en algún momento podamos ofrecer nuestra amistad, sin excepciones ni condiciones.
Como nos recuerda el Venerable Khenpo Pema Wangdak: “El Buddha es el amigo del universo”.
Lejos de ser una idea utópica, es posible adoptar una actitud abierta a la posibilidad de que cualquier ser puede llegar a ser nuestro mejor compañero. A través del cultivo de la compasión, poco a poco, logramos que nuestro corazón se convierta en un lugar espacioso, lleno de oportunidades y crecimiento. Siempre con los pies en la tierra, reconocemos el valor de todo lo que tenemos para compartir y de todo lo que otros nos ofrecen.
Chögyam Trungpa Rinpoché lo expresó de una manera hermosa en Más allá del materialismo espiritual (p. 101) :
La compasión nos invita automáticamente a relacionarnos con nuestros semejantes porque ya no los consideramos como una carga que sólo sirve para consumir nuestras energías. Nuestros semejantes nos dan ahora nuevas fuerzas porque en el acto de relacionarnos con ellos reconocemos nuestro caudal, nuestras riquezas. Así, si tenemos que desempeñar tareas difíciles, como las que encontramos al relacionarnos con otras personas, o con las situaciones de la vida diaria, no sentimos que se nos están acabando los recursos. Cada vez que nos enfrentamos con una tarea difícil, se nos presenta una oportunidad magnífica para demostrar nuestro caudal, nuestras riquezas. Con esta manera de acercarnos a la vida nunca nos sentimos pobres.
8. Unidos por un mismo objetivo
Aunque ya sabemos que los roces con nuestros compañeros van a ser inevitables y en muchos casos necesarios, procuremos a toda costa no perdernos en los conflictos. Debemos tener muy presente el objetivo que tenemos en común: bodhichitta, el deseo de alcanzar la iluminación para beneficiar a todos los seres.
Ese es nuestro punto de encuentro. A partir de aquí, podremos construir un diálogo que nos permita poner las emociones en contexto y tener la oportunidad de desenmarañar todos los posibles malentendidos.
En una de sus enseñanzas, escuché al Venerable Khenpo Rinchen decir que los conflictos dentro de una comunidad espiritual son un tremendo desperdicio de tiempo y energía, sobre todo cuando una pequeña chispa entre un número limitado de personas acaba por involucrar a muchas más.
Khenpo Pema, en una de sus enseñanzas sobre la sangha, nos invita a desarrollar el gusto por la amistad. Plantea que este espacio de compañerismo es una fuente de gran poder con capacidad de eliminar o prevenir obstáculos en el sendero.
Juntos construimos un espacio en el cual podemos aprender los unos de los otros, acompañarnos y apoyarnos durante los altibajos del camino. Trabajar en equipo hace que todos nuestros esfuerzos adquieran otro orden de magnitud.
Como dice el proverbio africano:
Al caminar solos, puede que nos movamos más rápido, pero viajando acompañados, llegaremos mucho más lejos.
Aspiración final
La imagen de los Cuatro Amigos Armoniosos bajo el árbol banyan nos recuerda algo esencial: la armonía en la comunidad espiritual no surge por accidente.
Requiere reconocer la sabiduría de quienes nos precedieron, aceptar las tensiones inevitables de la convivencia, examinar honestamente nuestras motivaciones ocultas y desarrollar una amistad genuina que vaya más allá de nuestras preferencias personales.
El Buddha eligió contar esta historia en sus últimas horas por una razón. Sabía que después de pasar al paranirvana, seríamos nosotros, la sangha, quienes mantendríamos vivo el Dharma. Y eso sólo es posible si cultivamos el respeto mutuo, el orden consciente y la amistad virtuosa que estos cuatro animales nos enseñan.
Que podamos disfrutar siempre de la guía de los preciosos maestros, colmados de mérito, y que nuestra comunidad sea un reflejo vivo de la armonía que el Buddha nos mostró.
Preguntas para la reflexión personal
Antes de cerrar, tal vez valga la pena detenernos un momento en estas preguntas:
- ¿Quiero sentirme mejor que los demás o quiero sentirme conectado?
- ¿Mi valía procede del hecho de ser especial o se debe a que soy un ser humano?
- ¿Quiero ser una persona perfecta o ser una persona sana?
- ¿Cómo puede nuestra amistad volverse cada vez más sana?
Preguntas para la reflexión personal
La hermosa imagen de la thangka de los Cuatro Amigos Armoniosos utilizada en la cabecera de este artículo ha sido generosamente cedida al Blog Paramita por Enlightenment Thangka, estudio de arte sagrado situado en Boudha, Katmandú (Nepal), que produce pinturas tibetanas tradicionales de alta calidad elaboradas a mano siguiendo el sistema de geometría sagrada transmitido de maestro a discípulo durante milenios.
Bibliografía
Aryakalyanamitrasevanasutra (Sutra de La Confianza en un Amigo Espiritual Virtuoso). Traducido por Upasaka Losang Gyatso, Nagarjuna Valencia. Recuperado el 29 de enero de 2026.
Beer, Robert. The Encyclopedia of Tibetan Symbols and Motifs, Massachusetts: Shambhala Publications, Inc., 1999.
Enlightenment Thangka. “A Buddhist Tale of The Four Harmonious Friends”. Recuperado el 29 de enero de 2026.
Ireland, John D. “The Sāl: An Alternative Buddhist Holy Tree?” Buddhist Studies Review 17, no. 1 (June 15, 2000): 1–2. Recuperado el 30 de enero de 2026.
Jataka, Relatos del Buddha. Antología, Tomo I. Relatado por Ken y Visakha Kawasaki. Traducido por Centro Sakya Rinchen Ling, Bolivia. Publicado originalmente en inglés por Sociedad de Publicaciones Budistas, Sri Lanka, 2010.
The Sutra on Reliance upon a Virtuous Spiritual Friend (Kalyāṇamitra-sevana-sūtra), Toh 300, Traducido al inglés por Sakya Pandita Translation Group, 84000: Translating the Words of the Buddha, 2011; 2024.
Trungpa Rinpoché, Chögyam. Más allá del materialismo espiritual. Traducido por Luis O. Gómez Rodríguez. Buenos Aires: Editorial Troquel, 1998.
Venerable Khenpo Rinchen Gyaltsen. Curso: Las 37 Prácticas de los Bodhisattvas. Práctica 7: Tomar refugio en las Tres Joyas.






8 respuestas
Excelente historia, un claro ejemplo de que en samsara los los conflictos aparecen y es prioritario para nosotros como sangha tenerlo en cuenta y prevenirlo con amor y bodichita
Muy esclarecedor tu artículo… Infinitas gracias
Muchas gracias
Gracias por este bonito y completo artículo sobre cómo desarrollar y mantener relaciones saludables en nuestra comunidad y en nuestro entorno. Tendré la imagen de los cuatro amigos armoniosos como referencia.
Gracias por vuestros comentarios compañeros.
¡Un abrazo!
Una delicia de artículo Óscar …
Me encantó conocerte y más ahora leerte
Un fuerte abrazo
ROUS …
Gracias por traer un tema esencial para poder madurar en el camino y hacerlo en comunidad se vuelve más rico y provechoso… saludos a todos
Muchisimas gracias por tu articulo Óscar Eduardo, ¡así es! muy importante mantener las relaciones Genuinas, y saludables en las Sanghas y en todo el entorno.