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Hubiera estado bien vivir en India hace 2600 años. O al menos, tener la claridad mental suficiente para reconocer a los Budas que caminan actualmente sobre la faz de la tierra. Pero como la mayoría no tenemos esos privilegios, trabajamos con un altar. Las Tres Joyas están representadas en nuestro altar como imágenes y objetos. Mediante ellos, recordamos sus cualidades y nuestro potencial para desarrollarlas. No es idolatría, sino contemplar la meta que habita en nuestro interior.

¿Cuáles son los elementos básicos del altar?

El mueble que utilicemos debe usarse solo como altar. Puede ser, por ejemplo, una mesa, una cómoda o una estantería que hayamos adaptado. Su superficie debe estar cubierta con una tela limpia y bella.  La altura del mueble debe permitir que los objetos que coloquemos en él queden por encima de nuestra cabeza cuando nos sentemos a meditar.

El altar contiene tres objetos básicos. Cada uno representa el cuerpo, la palabra y la mente del Buda.

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De izquierda a derecha: palabra, cuerpo y mente iluminados.

El cuerpo del Buda

El cuerpo del Buda se representa con una imagen. También simboliza su actividad búdica y la Sangha de practicantes realizados.

La imagen más común es una estatua. En la tradición tibetana, las estatuas están huecas por dentro. Una vez adquiridas, son rellenadas con mantras, reliquias y otros objetos sagrados, y son consagradas mediante un pequeño ritual.

Las ‘thangkas’, pinturas tradicionales tibetanas hechas sobre tela enrollable, son otro formato de imagen muy utilizado. Su delicada belleza, deslumbrante colorismo y rico simbolismo las convierten en una constante fuente de inspiración. Otras opciones incluso más portátiles son las ‘tsa-tsas’ (figuritas de escayola del tamaño de la palma de la mano) o una fotografía.

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Thangka del Buda femenino Tara

La imagen del Buda se coloca en el centro del altar, y se recomienda que los principiantes utilicen una representación del Buda Shakyamuni.

La palabra del Buda

La palabra iluminada se representa con un texto del Dharma. También representa el Dharma (las enseñanzas y realizaciones espirituales).

Un texto impreso del Dharma, como un discurso del Buda, simboliza la palabra iluminada. Como estamos practicando dentro del gran vehículo, es recomendable utilizar un sutra majayana, como el ‘Sutra del corazón’.

El texto del Dharma se coloca a la derecha del Buda (nuestra izquierda).

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«Así oí en cierta ocasión…»

La mente del Buda

La mente del Buda se representa con una estupa. Se utiliza una pequeña escultura o una fotografía de una estupa famosa (como la de Bodhgaya).

Una estupa es una construcción de alto simbolismo cuyo tamaño oscila entre unos pocos centímetros y varios metros de altura. Además de representar la mente iluminada, suelen contener reliquias del Buda, bodhisattvas y grandes lamas. También marcan lugares de importancia espiritual, como el Parque de los Ciervos (donde el Buda dio su primera enseñanza).

En el altar, la estupa se coloca a la izquierda del Buda (nuestra derecha).

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Estupa de Boudhnath (Katmandú, Nepal)

Bonus: los Budas en tu vida


Nuestros maestros y maestras son la conexión viva con las Tres Joyas. Su ejemplo nos inspira, sus palabras nos instruyen y su cercanía nos acompaña en el camino. Los lamas son el Buda, el Dharma y la Sangha con los que compartimos oxígeno. Por ello, es recomendable incluir sus fotografías en el altar.

Entre ellas no deberían faltar S.S. el Dalai Lama, tu Gurú Raíz (p.ej. S.S. Gongma Trichen Rinpoché o S.S. el 42º Sakya Trizin) y tu lama mentor. Se colocan alrededor de la figura central.

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¿Dónde colocar el altar?

El altar debería estar en una habitación que solo utilicemos para nuestra práctica de meditación. De no ser posible, la habitación que utilicemos para meditar es el siguiente lugar idóneo. El altar debe colocarse en un lugar limpio, ordenado y tranquilo.

Si está en nuestro dormitorio, se ubica a la altura de la cabecera, nunca a los pies de la cama (es una falta de respeto apuntar los pies hacia él). Además, es recomendable tener un paño dedicado exclusivamente para su limpieza.

El altar puede ser privado o público. Mantenerlo privado hace nuestra práctica más personal y reduce la posibilidad de que lo utilicemos para alardear. Sin embargo, en algunos casos puede inspirar a otros a practicar. También puede que no sea posible mantenerlo privado por compartir habitación. En este sentido, cada cual debe evaluar su situación y lo que le permite.

Un altar limpio y bello, por último, es una fuente de paz y armonía que nos ayuda a entrar más fácilmente en una absorción meditativa.

***

Una vez preparado el altar y colocadas las ofrendas estamos listos para meditar. Nos sentamos, respiramos profundo y vislumbramos nuestro objetivo antes de que los párpados cubran los ojos. Cuando terminemos la sesión, el altar nos recuerda que cada vez estamos más cerca de la meta.

Foto de la portada (c) Alejandro Marí Escalera.