La introspección vigilante

La introspección vigilante

En los últimos años el mindfulness se ha puesto muy de moda en occidente. La comunidad budista tibetana lo celebra porque sin duda es una buena aportación para la paz en el mundo. Sin embargo, el mindfulness es algo diferente a la meditación según el budismo. Para que haya meditación, entre otras cosas, ha de practicarse también la introspección vigilante.

De la mano de la atención plena o mindfulness se están incorporando formas más conscientes y amorosas de educación, de practicar los cuidados y de llevar a cabo procesos de reinserción social. Por ejemplo, en los últimos años el mindfulness se ha introducido con la mejor de las intenciones y prometedores resultados en escuelas, hospitales y cárceles. Pero si el mindfulness se utiliza solo como una tecnología eficaz para apaciguar la mente y se desliga de una ética que lo sustente en un contexto más amplio, podría aplicarse también con otros fines menos nobles, llegando a promover formas sutiles de dominación y perpetuando desigualdades sociales. El ejemplo que Matthieu Ricard da para ilustrar este mindfulness desligado de ética es el de un francotirador: aunque está completamente atento al momento presente, sin dejarse arrastrar por sus pensamientos, su mindfulness es la causa del sufrimiento de otros. Con esto, explica el monje francés, se pierde el valor original de la atención plena como medio para beneficiar a los seres y eliminar el sufrimiento, tanto propio como ajeno.

La meditación necesita de la práctica concienzuda de la atención plena o recolección, el aspecto más accesible de la atención, la habilidad para recordar qué es valioso y la habilidad de retener ese estado dentro de nosotros. Pero la meditación necesita también de la introspección vigilante, un tipo de atención más sutil, conectada con la sabiduría que discierne, que evalúa el estado de la mente o la calidad de la atención en cada momento.

La analogía clásica que se suele utilizar para explicar lo que es la atención y la introspección vigilante y en qué se diferencian es la del caballo amarrado. Un jinete llega a una casa, ata a su caballo al tronco de un árbol cercano y entra en la casa, donde se sienta cerca de una ventana; de vez en cuando, el jinete mira por la ventana, vigilando que el caballo siga amarrado al árbol. En esta analogía, el caballo es la mente que hubiera tenido la posibilidad de correr desbocada alejándose del jinete y la casa; la soga es la atención plena o recolección que ha posibilitado que la mente se quede cerca de su dueño; y el jinete, que de vez en cuando echa un vistazo desde dentro de la casa a su caballo atado fuera, sería la introspección vigilante.

Shantideva dedica 109 versos a explicar el concepto de la introspección vigilante en el capítulo 5 de su Bodhicharyavatara. De acuerdo a este gran sabio y místico del siglo VIII, la atención plena o recolección consiste en no olvidar lo que tenemos que hacer y lo que no tenemos que hacer. Sin embargo, la introspección vigilante es algo más sutil aún, ya que examina reiteradamente y en toda circunstancia el comportamiento físico, verbal y mental, que ha de estar basado en los tres entrenamientos sublimes: cuidar la conducta, la meditación y la sabiduría. De este modo, Shantideva da indicaciones precisas de cómo actuar para deshacernos de los pensamientos y emociones aflictivas (ira, orgullo, apego, aversión, etc.) tan pronto como aparezcan.

Lama Rinchen Gyaltsen nos explica magistralmente todos estos conceptos en el curso El camino del bodhisattva, exponiendo que la meditación budista es por tanto una técnica consciente que nos acerca a la verdad y es también un reflejo de esa misma verdad.