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Tarde o temprano, a todos nos pasa: nos sentimos superados por tener que estar en casa, en medio de un mar de emociones que nos causan malestar. Agotados de sufrir, sentimos ese conocido vacío e, inevitablemente, se desata una tormenta de preguntas: 

  • ¿Por qué nuestra vida se ha visto truncada por un virus? 
  • ¿Tan frágiles somos? 
  • ¿No debería haber algo más? 
  • ¿Hay algo en nuestro interior que desconocemos?  

Estas preguntas nos las hacemos cuando la vida, como sucede actualmente, nos pone en una encrucijada que nos hace replantearnos nuestros arraigados conceptos. ¿Y cuáles son esos macizos armazones mentales que nos inducen al malestar? 

La causa de nuestro malestar

Es simple: aquellas creencias o pensamientos que damos por sentado acerca de qué es y de dónde viene la felicidad. A partir de ellos armamos nuestra vida: lo que debe ser y lo que no; lo que nos conviene y lo que no… y así una lista interminable de sí y no.  Pongamos algún ejemplo sobre lo que nos produce felicidad:

¡YUJUUU! ¡Me voy de a hacer rafting en verano! ¡Un día lluvioso en casa, con un chocolate caliente y viendo una película romántica! ¡Maravilloso! ¡Me acaba de llegar el libro Ecosanación cuántica de David J. Loy! ¡Me he comprado unos bellísimos zapatos rojos a juego con el vestido aterciopelado! 

Y por otro lado su antagónico:

¡Sin el último modelo de móvil XZ no voy a tener vida social! ¡Se agotaron las existencias del último bestseller! ¡No me puedo creer que no queden plazas para bailes de salón! ¡Qué voy a hacer ahora!” ¡Hemos roto! ¡Qué va a ser de mí!

Y precisamente el quid del sufrimiento radica en cómo nos relacionamos con esos macizos armazones mentales.  Si permitimos que nuestra felicidad dependa por completo de ellos, estos nos atarán a una lista interminable de “quiero” y “no puedo” que nos producirán una montaña rusa de emociones, moviéndonos de la felicidad, la alegría y el disfrute a la tristeza, la frustración e incluso el enfado.  Si os paráis a pensarlo, ¿no os parece cansino?

La felicidad, redefinida   

Pareciera que “felicidad” es sinónimo de disfrutar una experiencia que no siempre está bajo nuestro control, supeditados a lo que sucede a nuestro alrededor en nuestro día a día.  Los grandes maestros tibetanos dicen que ese tipo de felicidad es como el agua salada: aunque produce cierto frescor, en realidad solo produce más sed. Y nos preguntamos: ¿eso es realmente, la felicidad? ¿Debemos resignarnos a navegar por las tormentosas aguas de lo que nos demanda esa felicidad?

Está claro: necesitamos un cambio. Y para nuestra tranquilidad, tenemos más opciones. Si miramos a nuestro alrededor, podemos ver que hay diferentes maneras de conseguir la felicidad: personas que necesitan más y personas que necesitan menos. Pero si ampliamos nuestro radar, veremos que hay personas como S. S. el Dalái Lama que, a pesar de las adversidades, irradian paz. Este simple ejercicio es un comienzo para que emprendamos un nuevo camino hacia la auténtica felicidad.  Una felicidad que no dependa tanto de nuestra situación exterior, de lo que tenemos o no tenemos, o de lo que piensen los demás de nosotros, sino una felicidad estable y duradera.  

El adiestramiento mental

Existe una milenaria práctica dentro de la tradición budista con beneficios incalculables.  En lo inmediato nos proporciona las herramientas para hacer frente a las dificultades de la vida, y en lo profundo nos proporciona un billete directo a la completa liberación del ser, a la experiencia de la verdad de quiénes somos y cómo funciona el mundo. Esta práctica se denomina “Loyong”  o “Adiestramiento mental”, y consiste en un método preciso y eficaz para abordar tanto los pensamientos distorsionados como las emociones negativas que hoy parecen tan inseparables en nuestra vida cotidiana.

Como enseñanza oral, el loyong se originó con el gran erudito y yogui indio Atisha (980-1054), pero no fue hasta el académico tibetano Chekawa Yeshe Dorje (1102-1176) que se formularon los 59 aforismos que hoy lo componen. La transmisión de la enseñanza oral se ha llevado a cabo ininterrumpidamente desde entonces y hasta la actualidad, lo que le otorga la fiabilidad y solidez de un sistema validado por generaciones y generaciones de practicantes comprometidos. Su enfoque es holístico, ya que sus prácticas abarcan los tres pilares necesarios para que se produzca una genuina maduración del ser: 

  • conducta
  • meditación
  • sabiduría. 

Estos, además, se trabajan gradualmente y desde diferentes ángulos para asegurar que el proceso de cambio sea eficaz.

Las etapas del adiestramiento mental

El loyong va directo a la esencia, al corazón y a la mente.  Pero antes introduce cuatro reflexiones que funcionan como unos sólidos cimientos para el resto del entrenamiento.  Estas reflexiones son:

  • El valor de nuestra vida: reconocemos tanto nuestras potencialidades físicas y mentales como nuestros recursos personales y externos, indispensables para desarrollar el adiestramiento mental.  
  • La impermanencia: examinamos cómo todo está en continuo movimiento y nada ni nadie es permanente, poniendo todo en perspectiva y motivándonos firmemente a involucrarnos en la práctica.  
  • Las acciones y sus resultados: nos proporciona un nuevo marco de referencia sobre cómo debemos actuar, basado en la responsabilidad sobre nuestras acciones, palabras y pensamientos, y sus consecuencias sobre nosotros y el mundo.  
  • La naturaleza insatisfactoria del ciclo de existencia: reconsideramos los proyectos de vida y lo que nos aportan, poniendo en jaque lo que actualmente consideramos como felicidad.

Una vez tenemos la mente encauzada en el adiestramiento mental, cultivamos el corazón con la gama del altruismo, es decir, del amor y la compasión, a través de meditaciones formales y su aplicación en la vida diaria.   Con el altruismo creamos  las condiciones de apertura interna necesarias para poder dar un paso más y adentrarnos en el entrenamiento en sabiduría. Con él, y de manera gradual, vamos desmontando tanto esos pensamientos e ideas distorsionados que nos causan malestar como las emociones asociadas, accediendo a la verdad de nuestra realidad y del mundo que nos rodea.  

Como complemento, el loyong también cuenta con herramientas para transformar todo contratiempo de la vida diaria en combustible para el desarrollo óptimo del ser, así como un método de evaluación de nuestro progreso en el entrenamiento.

Así, todas las facetas del ser se engloban en el loyong de una manera global y sinérgica, lo que hace que su práctica no solo nos aporte equilibrio emocional y atencional, sino también un cambio transformador y, a la larga, un estado de auténtica satisfacción y dicha.

¿Quieres probar el poder del loyong con una presentación moderna y para todos los públicos? Puedes hacerlo en “Calma y lucidez”, el primer módulo del Entrenamiento Mental Integral. En él aprenderás las meditaciones que te ayudarán a desarrollar paz interior y descubrirás las claves y reflexiones para llevar una vida más plena. ¡No te lo pierdas!

¿Y tú? ¿Has probado ya el loyong? ¿Has leído algún libro sobre él? ¡Cuéntamelo en los comentarios!