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El presente es perfecto en ser presente

La paciencia a la luz del sexto capítulo del Bodhisatvacharyavatara de Shantideva: una reflexión personal

¿Qué significa practicar la paciencia cuando la vida no espera a que estemos listos? 

Esa es la pregunta que me atravesó la noche anterior a un evento importante en mi camino espiritual. 

Fueron horas sin tregua, de esas que llegan repentinamente y nos dejan sin más opción que responder con lo que tenemos. 

Lo que sigue es una reflexión personal sobre lo que aquella experiencia, sin buscarlo, terminó por revelarme.

Contenidos

  1. Una noche en urgencias
  2. Volver, meses después
  3. Lo que encontré en sus versos
  4. Tres formas de practicar
  5. Lo que ya había empezado

1. Una noche en urgencias

Llevaba casi cuatro años aguardando ese momento. Por fin había llegado el retiro budista en el que tendría lugar mi Toma de Refugio —el paso formal en el que me convertiría en practicante budista—. Pero a medianoche, a menos de diez horas del acontecimiento, el dolor se tornó insoportable. Fue inevitable; tuve que ir a urgencias. 

¡Vaya manera de inaugurar el camino!

Aquel lugar tenía su propio ritmo: frenético, imprevisible, lleno de personas y de dramas que llegaban sin avisar. El sufrimiento tenía muchos rostros ahí dentro. Y sin la comodidad de mi hogar ni el recogimiento de un espacio sagrado, con mi propio padecimiento como compañía, la práctica tenía que ser real o no ser nada. 

Fue justo ahí, en medio de mi impaciencia y de todo lo que se interponía, donde empecé a prepararme para ese paso crucial y a comprender mejor lo que buscaba. 

Decidí centrarme en la respiración, observando su ritmo y su profundidad. En ese instante recordé las palabras de mi maestro espiritual: «El presente es perfecto en ser presente». Esa frase volvía sin cesar en medio del agotamiento, el sueño y el movimiento incesante de la sala.

Con esas palabras repitiéndose, cierta calma empezó a embargarme. Y, desde esa quietud, sentí que algo podía despertar en mí a través de todo aquello.

En ese espacio, una voz interior me dijo: «Ríndete a lo que es y, desde ahí, actúa por el bien de todos los seres». Y tras unas respiraciones más, recité mentalmente la oración de Refugio y Bodhichitta y los Cuatro Inconmensurables, y luego, el Sutra del Corazón.

A las 6:30 am, después de una noche entera sin dormir, salí del hospital. Fui a casa y me preparé con calma. Llegué tarde al retiro, pero llegué. Y allí, al escuchar que la Toma de Refugio se realizaría el último día, sentí una alegría profunda y una gratitud difícil de nombrar. Mi convicción seguía ardiendo. 

La noche en urgencias no había cerrado nada. Había abierto algo que años de camino no pudieron enseñarme: que la paciencia no espera a que el dolor pase. Empieza exactamente donde estamos.

2. Volver, meses después

Practicar la paciencia ha sido en mi vida un trabajo constante. A veces incómodo, pero siempre persistente. Aquellas horas en urgencias fueron un ejemplo de ello. Sin embargo, en aquel momento me resultaba difícil explicar por qué creció esa impaciencia frente al sufrimiento y al agotamiento, y por qué resultó tan revelador ceder a lo que estaba ocurriendo. 

Meses después, decidí volver a esas preguntas, no desde la experiencia sola, sino desde el sexto capítulo del Bodhisatvacharyavatara de Shantideva. Quería entender mejor lo que había vivido.

Antes de llegar al texto, ya tenía cierta idea de mí misma. En muchos aspectos tengo una paciencia natural. Pero en otros, la mecha es corta, y la reacción, rápida. Pensé que reflexionar sobre ello significaría, sobre todo, observarme a mí misma con más atención e intentar corregir ciertos patrones de comportamiento.

Lo que me sorprendió fue la profundidad con la que esta obra examina las emociones de la impaciencia y la ira. Shantideva no las trata como estados emocionales que conviene gestionar, sino como fuerzas con consecuencias mucho más serias de lo que yo había imaginado. El texto empieza de forma desconcertante:

Todas las buenas acciones
como la generosidad y las ofrendas a los sugatas,
acumuladas durante mil kalpas,
las destruye un instante de enfado. (6.1)

Para Shantideva, la ira va mucho más allá de una sensación incómoda que conviene gestionar. Según explica, es la fuerza más destructiva que existe; y su raíz es con frecuencia muy sutil.


3. Lo que encontré en sus versos

Descubrí que esa raíz empieza con un sentimiento tan simple como la insatisfacción.

Reconocer ese malestar, sin alimentarlo, es ya un primer paso. En aquel instante, antes de decidir rendirme, yo aún estaba lejos de eso. Lo que sentía era una resistencia interior, sorda y persistente: las cosas debían ser distintas, el dolor no debía estar ahí, el retiro no podía empezar así. Las palabras me faltaban para nombrarlo. Las encontré después en este verso.

Alimentándose de la infelicidad surgida
cuando ocurre lo que no quiero y
hay obstáculos para lo que deseo,
crece el enfado y me destruye. (6.7)

Pero la lectura del Bodhisatvacharyavatara me llevó a preguntas más difíciles y más desestabilizadoras: “¿De dónde sale realmente la ira? ¿Quién es verdaderamente responsable de ella?”.

Y me respondió con una imagen que cuesta olvidar:

Aunque lo que me daña es el palo,
me enfado con quien lo maneja y me golpea.
Pero éste a su vez ha sido incitado por su enfado;
debería pues enfadarme con su enfado. (6.41)

En aquella sala no hubo un palo ni una mano que lo sostuviera. Pero aquello y todo lo que vino con ello actuaron como esa fuerza ajena a nuestra voluntad. Resistirme carecía de sentido porque nada de lo que ocurrió nació con la intención de dañarme. Todo respondía simplemente a su propia cadena de causas, ajenas por completo a mi voluntad. 

Y entonces, una percepción más profunda se abrió paso.

El sufrimiento también tiene ventajas:
con el dolor desaparece la arrogancia,
se siente compasión por los seres que están en el samsara,
se evitan los actos nocivos y se disfrutan los virtuosos. (6.21)

Eso fue, quizás, lo más difícil de aceptar… y lo más liberador al comprenderlo. Ceder distaba de ser una debilidad. Era la única respuesta verdaderamente lúcida ante lo que escapaba a mi control. A eso lo llama Shantideva paciencia, un estado activo que reconoce lo que está sucediendo y responde desde ahí, libre de la ceguera de la reacción automática. 

Mi experiencia en urgencias ilumina solo un hilo del capítulo sexto del Bodhisatvacharyavatara. Hay territorios más exigentes: la paciencia ante quien nos daña deliberadamente, ante quien daña a quienes amamos, ante la injusticia que parece irremediable… Todo ello requiere una contemplación profunda y sostenida, y yo misma estoy apenas empezando a explorarlo.

4. Tres formas de practicar

La paciencia, según esta enseñanza, se construye despacio. Es una práctica a la que se regresa, con continuidad e imperfección. De aquellas horas me llevé un primer paso en una dirección, un paso que tendría que repetirse muchas veces más.

Ahora, cuando surge una dificultad, lo primero que intento hacer es nombrarlo con honestidad: “Esto es la naturaleza del samsara, manifestándose aquí y ahora”. Está sucediendo. Ese gesto de nombrar es incapaz de disolver esa sensación de incomodidad, pero transforma la relación que tengo con ella. Y en esa transformación, algo sucede.

Lo segundo es traer a la mente, en ese mismo instante, un discernimiento más amplio, comprendiendo que lo que aparece en mí y a mi alrededor llega siempre a través de causas y condiciones. La situación difícil, la persona que me irrita, el malestar que se manifiesta inesperadamente… ninguno actúa con independencia plena ni busca causarme daño. Pero esta claridad rara vez llega de inmediato. A veces aparece después, en la quietud de la reflexión. Pero cuando se presenta, incluso tarde, cambia por completo la manera en que veo lo ocurrido.

Lo tercero es identificar el apego que alimenta mi resistencia. El texto es preciso en esto: el apego funciona como un objeto inflamable, listo para prender con el fuego de la ira. El empeño en que las cosas fueran distintas, en que las circunstancias fueran otras, en que la situación fuera como yo quería… esa insistencia era el combustible. Aprender a identificarla antes de que el fuego se encienda es el trabajo más constante y más honesto de toda la práctica.

«El presente es perfecto en ser presente». Esa frase sigue acompañándome como una invitación a volver, una y otra vez, al único momento en que la paciencia es posible, este.


5. Lo que ya había empezado

La Toma de Refugio tuvo lugar el último día del retiro, tal como habían anunciado. Me senté a recibirla habiendo vivido lo que cuatro años antes me faltaba: la experiencia directa de lo que significa orientarse hacia el camino en medio de la dificultad, en las condiciones reales que la vida ofrece, lejos de las que uno imagina de antemano.

Tomar Refugio en el Buddha, el Dharma y la Sangha es un compromiso que se renueva constantemente. Y la paciencia —tal como Shantideva la enseña— es su expresión más concreta: la decisión de permanecer ahí, actualizada cada vez que la vida se complica.

Aquella noche en urgencias, sin saberlo del todo, ya había empezado a tomar esa decisión. Me había vuelto hacia la paciencia, aunque estuviera lejos de dominarla. Y ese giro, por imperfecto que fuera, es exactamente lo que el Refugio y la paciencia piden de nosotros, una dirección hacia la cual regresar, más que un destino al que llegar de una vez por todas.


Próximo curso: El Camino del Bodhisattva, parte 2

Si la lectura de este artículo te ha despertado el deseo de adentrarte más en el Bodhisatvacharyavatara, te invitamos a seguir explorando.

En septiembre se inicia la segunda parte de El Camino del Bodhisattva, un curso de seis meses en el que S. S. Sakya Trizin 42 y Venerable Khenpo Rinchen Gyaltsen nos guiarán a través de los capítulos finales de la obra: la perfección de la meditación, la sabiduría de la vacuidad y la dedicación de méritos.

Si vas a cursar esta segunda parte, la primera es el punto de partida necesario; incluye el capítulo sexto sobre la paciencia explorado en este artículo.

Parte 1

Parte 2 — Inicio el 21 de septiembre del 2026


Imagen de Wendy Matamoros Zambrana

Wendy Matamoros Zambrana

Comunicadora social de formación, con más de 20 años de experiencia en comunicación para el cambio social, producción audiovisual, escritura y diseño gráfico. Practicante del Dharma, motivada para ser una contribución para los demás.

10 respuestas

  1. Muchas gracias Wendy, la claridad de tus palabras y tú reflexión sobre la paciencia es un gran impulso . Especialmente las tres formas de practicar que mencionas. Muchas gracias 😊

  2. Paciencia, un estado activo que reconoce lo que está sucediendo y responde desde ahí, libre de la ceguera de la reacción automática.
    Gracias

  3. Muchas gracias benproduccion y adrianafouilliand por sus comentarios. Que este texto sea una contribución para seguirnos fortaleciendo en el camino.

  4. Muchas Gracias Wendy, hermosa reflexión. Me ha inspirado la conexión directa de la experiencia con el dharma. Agradecida por que te hayas tomado el tiempo de escribirlo y compartirlo para el beneficio de todos.

  5. A ti Yaiza. Que todas y todos podamos ser tocadas/os por el Dharma, y desde el lugar donde nos encontremos y desde los recursos que tengamos, podamos ser suavidad, amabilidad, contribución, bondad, compasión, paciencia.

  6. Querida Wendy. Hermoso. Que regalo de texto. Gracias por recordarnos que la paciencia no es esperar, es la forma en que elegimos amar mientras esperamos. Tu noche en urgencias fue tu Bodhicharyavatara en carne viva.

  7. Muchas gracias querida Edelman y querida Marisela. Les mando un gran abrazo a ambas.

  8. Somos naturaleza y como todo en ella, tenemos nuestro propio ritmo.
    Estamos abriendo despacito nuestro loto, y eso tomara el tiempo que sea necesario. cuando lo olvido me entro en una ansiedad sin salida
    Cultivar la paciencia y aprender a observar, sin forzar…es la práctica!… uff me llego como anillo al dedo tu experiencia Gracias Wen!!

  9. ¡Muchas gracias! Wendy Matamoros Zambrana, por compartir tu experiencia, así es la tercera Paramita y que importante es practicar, cultivar la paciencia en nuestro diario vivir..para así aceptar las cosas tal como son.. tal como escribes. Aprender a identificarla antes de que el fuego se encienda es el trabajo más constante y más honesto de toda la práctica.

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