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Bypass espiritual: cuando la práctica se convierte en una huida

Esconderse en la espiritualidad para no mirar ni atender el dolor no es crecimiento. Es una trampa sutil que muchos conocemos desde adentro.

Hubo un momento, después de una ruptura que no vi venir, en que me descubrí mirando mi propio dolor desde una distancia cuidadosamente construida. Había convertido la paciencia en pasividad, la compasión en excusa, el desapego en anestesia. Me había puesto una máscara espiritual. Y la máscara encajaba tan bien que tardé mucho en reconocerla como lo que era: una forma elegante de no mirar.

Lo que viví tiene nombre. Se llama bypass espiritual. Y es más común de lo que quisiéramos admitir.

Contenidos

    1. ¿Qué es el bypass espiritual?
    2. Cómo reconocer el bypass espiritual en uno mismo
    3. Salir de la trampa: la espiritualidad como aliada, no como escudo
    4. La práctica comienza donde estamos

1. ¿Qué es el bypass espiritual?

La expresión bypass espiritual (conocida en inglés como spiritual bypassing) fue acuñada en los años ochenta por el psicoterapeuta y practicante budista John Welwood, a partir de sus observaciones sobre su propio camino y el de muchos otros practicantes.

Welwood describió una tendencia concreta: la de usar la espiritualidad para “saltarse” el trabajo personal incómodo. En lugar de relacionarnos directamente con nuestras contradicciones, heridas y vulnerabilidades, las cubrimos con ideas espirituales que suenan correctas pero que, en el fondo, nos desconectan de nosotros mismos.

No se trata de hipocresía ni de mala fe. Muchas veces la intención es genuina. Queremos estar a la altura de lo que entendemos como espiritual. Pero al forzar ese ideal sobre nuestra experiencia real, terminamos bloqueando justamente el material que más nos podría enseñar.

2. Cómo reconocer el bypass espiritual en uno mismo

Identificar este mecanismo en nuestra propia práctica es un acto de honestidad que nos protege. Algunos síntomas frecuentes de la evasión espiritual son:

Evitar lo incómodo disfrazándolo de virtud

Una de las estrategias que identifiqué en mí misma fue la de evitar el dolor de lo que evidentemente no funcionaba, disfrazando mi pasividad con amor y paciencia. El amor y la compasión, mal entendidos, se convirtieron en una fachada que protegía una herida que en realidad debía ser atendida.

Tenía miedo de que mi relación terminara. Tenía miedo de afrontar la posibilidad de que lo mejor era precisamente una separación. Y así, una distorsión de la bodhichitta y del amor incondicional se convirtió en mi escape.

La compasión no nos pide que enmascaremos problemas psicológicos o emocionales que deben ser atendidos. Es posible sostener la aspiración a un amor que beneficie a todos los seres y, aun así, poner distancia con una relación que sobrepasa nuestra capacidad o pone en riesgo nuestro bienestar. El autocuidado y el amor incondicional no están reñidos.

Como dice el Venerable Khenpo Rinchen Gyaltsen, “Amar a todos los seres sensibles no significa ir a abrazar a un cactus. Eso no beneficia a nadie, ni al cactus ni a ti.”

La grieta dualista

La primera vez que escuché sobre la bodhichitta, algo en mí se revolucionó. Bodhichitta es un tesoro precioso: una forma de hackear el egocentrismo a través de un altruismo en el que nuestros talentos, posesiones y méritos son dedicados al despertar de los otros.

Pero mi falta de entendimiento convirtió aquel descubrimiento en una dualidad impenetrable. Por un lado se encontraban mis apegos, enojos, obsesiones, dolores y múltiples defectos. Por otro, la senda correcta del desapego, la sabiduría, el altruismo. No solo el mundo exterior quedó dividido en estas dos polaridades, sino también mi propio mundo interior.

A partir de ahí comenzó una lucha contra mí misma. Con toda la fuerza de voluntad, quise compensar lo que consideraba como debilidades: las necesidades emocionales que no me dejaban ser tan “desapegada” y “libre” como creía que debía ser, y también las insatisfacciones que me alejaban de la serenidad que tenía en mente.

Esa dicotomía, nacida de una motivación genuina de querer ser mejor, puede observarse en muchísimos practicantes, tanto principiantes como experimentados, que tienen un interés auténtico por el Dharma.

Temor y falso optimismo

La dupla esperanza-miedo funciona como dos aparentes opuestos conectados por el ansia. Cuando nos aferramos a que las cosas salgan como deseamos, la esperanza puede derivar en miedo a que ocurra lo contrario. Reconocer ese aferramiento disfrazado de esperanza es ya un paso valioso en la práctica. 

Sin embargo, existe también la posibilidad de caer en el falso optimismo: una convicción testaruda de que “todo irá bien” que enmascara una profunda angustia ante la incertidumbre. Esto difiere claramente de una confianza genuina, la certeza de que seremos capaces de aprender y crecer sin importar las circunstancias. El primero evade. El segundo sostiene.

Hipersensibilidad y rigidez

Es común encontrarse con la idea errónea de que meditar consiste en no pensar ni sentir nada. En realidad, uno de los efectos de la práctica es desarrollar mayor atención a aspectos que antes pasaban desapercibidos. 

Para muchos practicantes, esto se traduce en una sensibilidad acrecentada que conviene abordar con paciencia. Es vital trabajar la propia ecuanimidad y resiliencia, especialmente al salir de un retiro intensivo y regresar a la rutina diaria, en la que el contraste puede ser abrumador.

Cuando esa sensibilidad se utiliza para criticar al mundo en lugar de cultivar el equilibrio interno, corremos el riesgo de encerrarnos en una “burbuja de pureza” para evitar situaciones incómodas. En ese momento, el bypass se vuelve un mecanismo de desconexión: usamos nuestra “espiritualidad” para no tener que lidiar con la complejidad de la vida y las relaciones.

En el extremo opuesto aparece la rigidez: una tensión interna que surge cuando nuestra experiencia presente no se ajusta a lo que creemos que deberíamos sentir. No se trata de actuar por impulso, sino de observar algo más sutil: el intento de suprimir emociones difíciles en lugar de acogerlas con paciencia. En este punto, es crucial no censurarnos con la culpa que nace de nuestro apego a un ideal espiritual.

Ninguno de los dos extremos es práctica genuina. Ambos son formas de resistencia a lo que es. La verdadera presencia consiste en el camino medio: la capacidad de observar la experiencia cruda, incluyendo nuestro propio deseo de escapar, sin juzgarlo ni identificarnos con él.

3. Salir de la trampa: la espiritualidad como aliada, no como escudo

Como el loto que crece en el fango

Recuerdo haber terminado una llamada especialmente difícil con mi ex pareja. Mi primer impulso fue levantarme como un resorte, secarme las lágrimas y seguir con mi día, no dejarme “vencer” por mis emociones. Un instante antes de hacerlo, recordé un consejo de la Venerable Pema Chodron, en Cuando todo se derrumba: simplemente observar la mente, sin reaccionar, sin huir.

Cerré los ojos y observé sin juzgar. Me di cuenta de que tenía miedo de que todo aquel cúmulo de dolor en mi pecho se desbordara y me rompiera, y por eso pensaba que debía siempre “estar en control”. En contra de mi patrón de evasión, me permití sentir la ira, el dolor, la desilusión y el miedo. Y entonces ocurrió algo que había leído cien veces pero nunca había experimentado de verdad: aquella ola que parecía tan sólida e inmensa se rompió y se disipó. No soy mis emociones.

Ese recuerdo persiste tan vivo porque las enseñanzas cobraron vida para mí. Lo que había leído cientos de veces sobre la naturaleza de las emociones dejó de ser teoría y pude experimentarlo sin forzar ese entendimiento.

El proceso fue gradual y no lineal, y no tan indoloro como yo hubiera querido. Pero ese crecimiento orgánico me permitió dejar de calificar como “indeseables” todas aquellas cosas que en realidad son material valioso y real de la práctica. 

Podemos hacer las paces con nuestra naturaleza imperfecta y contradictoria, y utilizarla como punto de partida de nuestro crecimiento. Podemos dejar de rechazar lo que consideramos desagradable de nosotros mismos, del mundo, y de los demás, e integrarlo a nuestra práctica, convertirlo en el alimento y el sustrato de nuestro despertar.

Nuestra naturaleza humana como alimento para nuestro crecimiento

Mirarse a uno mismo requiere valentía. Implica reconocer tanto las luces como las sombras que nos conforman, y es un paso fundamental para construir una práctica que vaya más allá de la autoafirmación del ego o de alimentar un personaje espiritual ficticio. 

Después de la ruptura entré en crisis. Toqué un punto interior que se sentía desorientado y decepcionado, con emociones que yo consideraba negativas aflorando con fuerza: enojo, indignación, dolor, desconfianza, rencor, tristeza. Estas emociones son bastante naturales en un duelo. Pero encima de ellas agregué el peso de no sentirme suficientemente buena como practicante budista. Esa presión autoimpuesta complicó muchísimo el proceso, aunque fue también la semilla para que mi práctica resurgiera con un nuevo impulso.

Una vez que dejé de luchar contra lo que sentía, aquel cúmulo de emociones me permitió dejar de intelectualizar y practicar una paciencia genuina conmigo misma. También, al reconocer el malestar compartido como seres sensibles, pude sentir una compasión más real hacia los demás. Me pregunté entonces: en vez de negar mi naturaleza humana imperfecta y contradictoria, ¿no es mejor tener a la espiritualidad como aliada para relacionarme mejor con ella?

Había usado la espiritualidad para pretender dejar atrás mi humanidad, en lugar de hacerla mi aliada para relacionarme de forma más sana y menos reactiva con ella. Aceptaba intelectualmente que mi propia vida es mi mejor material para la práctica, pero en el fondo le exigía al budismo, a la meditación, a la filosofía, que me hicieran inmune al sufrimiento y a la confusión. Conocía la enseñanza de memoria. Pero aún no la había vivido.

Lento y constante en lugar de radical e intenso

Muchas veces nos embarcamos en nuestra práctica espiritual cargando preconceptos que provienen de lecturas, películas, testimonios, mezclados con nuestra imaginación. Alrededor del concepto de la iluminación o del despertar es fácil construir fantasías que romantizan el proceso y lo convierten en un despliegue de fuegos artificiales llamativos y fantásticos. 

Conforme pasa el tiempo y acumulamos experiencia, nos damos cuenta de que el proceso es mucho menos lineal, mágico y radical. Este descubrimiento suele llegar cuando hemos pasado “la luna de miel”, esa etapa en que todo nos parece novedoso y fascinante.

Recuerdo las palabras del Venerable Khenpo Rinchen Gyaltsen: el despertar espiritual se parece mucho más a una transfusión de sangre que a un proceso intenso y radical, es gradual, lento y orgánico. Se parece a la vaca rumiadora que mastica pacientemente su alimento antes de deglutir. 

Si continuamos con la práctica y profundizamos en ella, con el tiempo veremos pequeños pero significativos cambios en nuestra forma de reaccionar y en nuestra perspectiva ante el placer, el dolor y la duda. Y si dejamos de obsesionarnos con un objetivo cosificado de lo que debería ser la espiritualidad, podremos vivir de manera natural un proceso que ya es maravilloso en sí mismo: uno que nos permite vivir de una forma distinta aquí y ahora, en lugar de hacer promesas sobre un personaje perfecto e inquebrantable tras el cual esconder nuestra vulnerabilidad.

4. La práctica comienza donde estamos

El bypass espiritual no es una falla moral. Es un mecanismo comprensible, casi inevitable, en ciertos momentos del camino. Reconocerlo en nosotros mismos no requiere culpa, requiere honestidad y algo de valentía.

La práctica no nos pide que dejemos de ser humanos. Nos invita a serlo de manera más despierta: a reconciliarnos con nuestra imperfección, nuestras sombras y nuestras contradicciones, y a usarlas como punto de partida genuino.

Porque el loto no crece a pesar del fango. Crece gracias a él.


Reflexión para el camino

¿Has utilizado alguna vez la espiritualidad para evitar una decisión difícil o para no mirar algo que te incomodaba? 

¿Cómo te relacionas hoy con las partes de tí que consideras imperfectas?

Comparte tu experiencia en los comentarios. El camino se hace más claro cuando lo caminamos juntos.


Bibliografía

Chödrön, Pema. Cuando todo se derrumba: Palabras sabias para momentos difíciles, Madrid: Gaia Ediciones, 2017.

Fossella, Tina, y John Welwood. “Human Nature, Buddha Nature: An Interview with John Welwood. Tricycle: The Buddhist Review, primavera de 2011.

Lion’s Roar. “Josh Korda and Koshin Paley Ellison Discuss Spiritual Bypassing.” YouTube, 4 de junio de 2025.

Maitripa College. ”Spiritual Bypassing: How to Avoid It during Analytical Meditation.” YouTube, 16 de junio de 2025. 

Nichtern, Ethan. “Overcoming Spiritual Bypassing.” Tricycle: The Buddhist Review, mayo de 2015. 

Paramita. “Lama Rinchen Gyaltsen: El materialismo espiritual.” YouTube, 4 de mayo de 2019. 

Paramita. Entrenamiento Mental Integral I. “Lección 6 (Punto 1.2), Lección 8 (Pregunta 5)

Roiba, Alexandra. “¿Qué es el bypass espiritual y cómo reconocerlo?” La Vanguardia, 17 de noviembre de 2022.

Welwood, John. Toward a Psychology of Awakening: Buddhism, Psychotherapy and the Path of Personal and Spiritual Transformation. Boston: Shambhala Publications, 2000.


Imagen de Adriana María Sánchez Navarrete

Adriana María Sánchez Navarrete

Gestora de educación continua y vinculación universitaria. Instructora de Hatha Yoga. Apasionada de las letras. Practicante del Dharma.

5 respuestas

  1. Muchas gracias por tú reflexión tu claridad sobre el camino espiritual…me ha encantado leerlo y poder darme cuenta donde estoy verdaderamente sin engaños ni confusiones.

  2. @Masuncion Gracias a ti por leer, me alegra mucho que el artículo te haya gustado, ¡un saludo!

  3. Muchísimas gracias por el artículo, me ha parecido muy útil y beneficioso. «Porque el loto no crece a pesar del fango. Crece gracias a él». Por el beneficio de todos los seres 😀

  4. @Luca_paramita ¡Qué alegría que consideres que el artículo pueda ser beneficioso! Gracias por leerlo Luca, un saludo.

  5. Saludos desde El Salvador, muy interesante el artículo, viviendo en latinoamérica la exposición a un laboratório de puestas a prueba díaria es a piel, y se agradece el hecho, yo pa´se una etpara de hipersensibilidad muyyy fuerte luego de pasar estudiando y meditando más a profundida por decirlo así durante unas vacaiones pero al retorno fue chocante, ahí sigo en el camino a pasitos y aveces a medios pasitos, pero se sigue, abrazos desde acá, Elvis

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