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Virupa (‘el Feo’) era el mayor erudito del siglo VII, pero durante años su meditación no parecía funcionarle. Una noche, se iluminó. Después dejó todo para ser un yogui errante. Hoy, la escuela sakya practica su profundo y eficaz sistema de meditación, el Lamdré. La peculiar historia de Virupa me prueba que, quien persevera, se libera.

Los juegos de tronos para vosotros, gracias.

Virupa nació en una familia real al este de la India, pero pronto renunció a la pompa de la corte y se ordenó en un monasterio cercano. Allí dominó todas las materias y, con la bendición del abad, marchó a profundizar en sus estudios a la prestigiosa Universidad de Nalanda.

Nalanda: carrera estelar, fiasco espectacular

Allí recibió la ordenación monástica completa. Año tras año estudió y comprendió incontables enseñanzas hasta que el abad, impresionado por su maestría, lo bautizó como Shri Dharmapala (“el Glorioso Protector del Dharma”) y lo introdujo a las prácticas más privadas y esotéricas: el mantrayana.

Nalanda

La Universidad de Nalanda.

Al fallecer su maestro, años después, Shri Dharmapala fue elegido abad de Nalanda, y todos se inclinaron ante él, llenos de admiración y respeto. Durante los 24 años siguientes tuvo una doble vida: de día, era un monje modelo que enseñaba el Dharma, debatía y componía textos; por la noche, era un diligente practicante del mantra secreto.

Cuando cumplió 71 años, Shri Dharmapala estaba extrañado. No sentía la más mínima mejora. De hecho, estaba peor: había enfermado, tenía pesadillas y un dolor atroz inundaba su cuerpo.

“Debo de carecer de conexión con el mantrayana”, concluyó. “Será mejor que me limite a las prácticas comunes”. Decidido, se tomó la tarde libre y arrojó su rosario a una letrina.

El mantrayana al rescate

Vajra Nairatmya y Virupa

Vajra Nairatmya y Virupa

Una mujer lo visitó esa misma noche. Era pequeña, de piel oscura y aspecto demacrado. “Hijo, desechar tu rosario ha sido pésimo”, le dijo. “Estabas a punto de lograrlo. Yo soy tu Buda. Deberías haber meditado en mí. Ve a por tu rosario, lávalo, perfúmalo y continúa con tu meditación. Pero medita en mí.”

Al despertar, Shri Dharmapala comprendió que la mujer era Vajra Nairatmya, la consorte del Buda Jevajra. Exultante, hizo como le ordenó, y esa misma noche, en su habitación, se le apareció juvenil y enjoyada, rodeada de su mandala completo.

No hizo falta más. En ese instante, Shri Dharmapala alcanzó el primer nivel de Iluminación. Solo era el principio. Siguió practicando. La noche siguiente logró el segundo. Perseveró. Tercera noche, tercer nivel. No paró. Cuarta, cuarto. Quinta, quinto. Y en la sexta noche, conquistado el sexto nivel, ya no hubo vuelta atrás. Su Iluminación completa era inminente.

Expulsión (des)honoris causa

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Mientras, fuera corrían rumores. Shri Dharmapala ya no iba a clase, ni debatía, ni daba ejemplo a los jóvenes. De hecho, lo habían visto beber vino y —peor aún— rodeado de mujeres. Y era cierto, pero a medias. En realidad, el alcohol era una ofrenda ritual. ¿Y las mujeres? Las Budas del mandala de Vajra Nairatmya.

La asamblea convocó a Shri Dharmapala para explicarse. La reputación de Nalanda peligraba. El abad acudió puntual. Solo llevaba un taparrabos. Horrorizados, los monjes no necesitaron más y lo expulsaron para siempre. Shri Dharmapala aceptó y, tras devolver sus hábitos, proclamó:

“Soy el feo y desnudo. Soy Virupa”.

Nalanda se le había quedado pequeña. Necesitaba un reto. Con la universidad a sus espaldas, Virupa adornó su cuerpo con flores y emprendió su nueva carrera. Ahora era un yogui errante.

Virupa, Señor de los Yoguis

Virupa vagó sin cesar por el sur de la India. El sol quemó su piel y ganó peso, dándole una apariencia temible. Meditó en bosques, ciudades y templos, y atrajo la atención de reyes y yoguis, dioses y campesinos. Sin embargo, fueron sus métodos los que le dieron la fama.

Virupa-kanha

Virupa y Kanha

En sus viajes descubrió comunidades espirituales que sacrificaban cientos de animales a los dioses. Consciente de sus nefastas consecuencias, Virupa usó todo tipo de medios airados para sobrecoger sus corazones y desgarrar sus engaños. Fue ferozmente efectivo. Cada comunidad que lo conoció se volvió vegetariana.

Su mayor logro, sin embargo, fue su legado. Virupa recibió, dominó y transmitió el Lamdré (‘Camino y su Fruto’), un sistema de meditación capaz de llevar al practicante, sea quien sea, hasta la Iluminación. El Lamdré fue una de las ocho carrozas que se exportaron de India a Tíbet, y se ha transmitido de maestro a discípulo en la escuela sakya hasta la actualidad.

Y aunque Virupa influyó a miles, solo dejó dos discípulos:

  1. Dombipa, un barquero del Ganges que, tras seguir a Virupa durante meses y recibir unas breves instrucciones, también logró el sexto nivel de Iluminación.
  2. Kanha, un exasceta, recibió las enseñanzas completas y detalladas del Lamdré (los Versos vajra), que seis generaciones después llegarían a Tíbet y a la escuela Sakya.

Según la tradición, Virupa terminó sus días disolviéndose en una estatua de piedra, de cuya mano emanaba un líquido que volvía todo oro. Pero eso importa poco. El auténtico impacto de Virupa, el duradero, fueron sus enseñanzas y ejemplo. Aunque quizá, también, lo fue su taparrabos.

Y a ti, ¿qué te ha parecido Virupa? ¿Conoces otros santos de conducta excéntrica? ¡Cuéntamelo en los comentarios!