Conducta pura, compasión incondicional, sabiduría ilimitada: todo lo que define a este maestro genuino de la Tradición Sakya, encarnado en una sola persona
¿Qué define a un maestro genuino? Estas cualidades descritas en los textos pueden sentirse abstractas, lejanas, difíciles de imaginar encarnadas en una persona real.
Khenchen Appey Rinpoché fue una de ellas. Erudito excepcional, maestro entregado y practicante consumado de la Tradición Sakya del budismo tibetano, se dedicó completamente a preservar, transmitir y hacer accesible el Dharma, primero en Tíbet, luego en el exilio y, finalmente, en el mundo entero. En diciembre de 2010 entró en el paranirvana. Es el maestro de nuestros maestros.
Su vida es la respuesta a esa pregunta. Nos recuerda que el camino es real y que sus frutos son posibles, no a través de un carisma que deslumbra, sino por la verdad que acompañó a todas sus acciones, por su humildad sin artificio y su compasión sin distinciones.
Contenidos
- Los cimientos de un maestro
- El exilio y la reconstrucción
- El Sakya College
- Cinco años en silencio
- International Buddhist Academy
- El guardián de los textos
- La última enseñanza
- Un sabio bondadoso
- Como la luna sobre el patio
1. Los cimientos de un maestro
Entre dos linajes: el comienzo de una vida extraordinaria
Khenchen Appey Rinpoché nació en 1926/1927 —las fuentes biográficas no coinciden en este detalle—, en Kutse, cerca de Dergue, en el este de Tíbet. Su nombre de nacimiento era Ngakwang Yonten Sangpo.
Pronto fue reconocido como la reencarnación de Khenpo Tsewang, un maestro kagyu del monasterio Karma Palpung. Pese a ello, a los 8 años, su padre, profundamente devoto de la Tradición Sakya, lo inscribió en Serjong, un monasterio sakya de su aldea, pues deseaba que su hijo se formara dentro de ese mismo linaje. Sin saberlo, esa decisión marcaría para siempre el rumbo de esta tradición en el exilio.

El estudiante que seguía la luna: años en Serjong y Dzongsar Shedra
Con 13 años empezó sus estudios en la shedra (universidad monástica) de Serjong, donde recibió sus primeras enseñanzas de Khenpo Yamyang Gyaltsen (1870-1940). Destacó desde el principio. Siempre iba por delante de las lecciones, memorizaba los textos con gran facilidad y mostraba una comprensión que iba más allá del saber académico. Quedaba claro que no era un alumno corriente.
Durante nueve años se adentró en los trece textos clásicos bajo la guía de Khenpo Drayab Lodro Gyaltsen (c. 1903–1963), uno de los sabios más destacados de su generación.
Con 22 años, viajó a Dzongsar, la shedra más renombrada en filosofía budista de todas las tradiciones tibetanas. Allí continuó su formación con Khenpo Drayab Lodro.
Las condiciones en Dzongsar eran austeras. No había electricidad, el trabajo era agotador y los recursos escasos. Sin embargo, nada de ello le impidió entregarse con empeño a sus estudios.
Por las noches repasaba los textos a la luz de una vela. Cuando la luna brillaba con intensidad, acercaba sus textos a la ventana para aprovechar su luz. Tan absorto estaba en el estudio que en una ocasión se encontró a sí mismo en el patio exterior del monasterio. Sin darse cuenta, había seguido los rayos de la luna fuera de su habitación.

De discípulo a maestro: los años que forjaron su liderazgo
En Dzongsar recibió las enseñanzas profundas del vehículo vajrayana de su fundador y maestro de maestros Yamyang Khyentse Chokyi Lodro. Fue, además, nombrado profesor de revisión superior.
Chokyi Lodro fue una figura clave en el movimiento Rimé, que promovía la apertura, armonía y cooperación entre distintas tradiciones budistas. Esta visión no sectaria fue adoptada por Khenchen Appey Rinpoché, quien durante toda su vida dio transmisiones a practicantes sin distinción, y alentó a todos a cultivar ese mismo espíritu de encuentro.
Tras graduarse, viajó a Lithang, en el este de Tíbet, para recibir enseñanzas sobre los tantras del gran Deshung Anllam Yamyang Kunga Tenpai Gyaltsen (1885-1952). Estas raras y valiosas instrucciones las compartiría más tarde con sus propios discípulos y muchos altos lamas.
Con 25 años, fue nombrado abad (khenpo en tibetano) del monasterio de Serjong, donde impartió clases de filosofía durante cuatro años. Su compromiso con sus alumnos era tal que incluso quienes cargaban con responsabilidades monásticas adicionales —como el delegado o el maestro de ofrecimientos— destacaban en el debate filosófico.
Su reputación crecía. Era reconocido por su intachable conducta ética, sus vastos conocimientos académicos y por ser un gran practicante. Contaba ya con el respeto de las cuatro tradiciones del budismo tibetano.
En 1956, con 30 años, emprendió un largo viaje al monasterio Ngor Evam Choden, en el Tíbet central, donde recibió la ordenación completa de monje, así como numerosas instrucciones especiales de la subescuela sakya Ngorpa. Los abades de Ngor reconocieron de inmediato su dominio del Dharma, y un año después le nombraron khenpo de este instituto filosófico. Allí enseñó durante aproximadamente dos años.
En esta estancia en Ngor, en 1957, realizó un breve viaje a Sikkim (un pequeño reino en el norte de la India) para visitar a su maestro Yamyang Khyentse Chokyi Lodro. En 1959 regresó a Sikkim por segunda vez, en busca de una adivinación —mo en tibetano— sobre el camino a seguir. Fue una coincidencia afortunada, ya que mientras se encontraba allí, el ejército chino invadió el Tíbet.
El título khenchen —literalmente “gran khenpo”— designa a un majapandita, un gran erudito y maestro de excepcional sabiduría. Khenchen Appey Rinpoché lo perdió todo en el exilio, pero su motivación y determinación permanecieron intactas.

2. El exilio y la reconstrucción
Ese mismo año, en junio de 1959, su maestro falleció en Sikkim. Y uno de sus últimos deseos fue que Khenchen Appey Rinpoché se encargara de la educación del joven Sogyal Rinpoché. Fiel a la promesa, permaneció en el monasterio del Palacio de Tsuklakhang en Gangtok. Sería su primer acto de servicio en el exilio.
Apreciando sus logros académicos, la Reina Madre de Sikkim le pidió que trabajara en la Biblioteca Nacional de Gangtok, puesto que mantuvo durante varios años.
En 1963, Su Santidad Sakya Trizin 41 (n. 1945) le invitó a Dehradun para que fuera su principal tutor.
Poco después recibió otra responsabilidad significativa: la educación de Dzongsar Khyentse Rinpoché (n. 1961), reencarnación de Chokyi Lodro. Khenchen Appey llevaba dos años en retiro en Sikkim cuando le llegó esa noticia, así que lo dejó sin dudarlo.
Estas dos relaciones de tutelaje serían la semilla del proyecto que definiría los siguientes años de su vida.

3. El Sakya College
La primera universidad budista de la Tradición Sakya en el exilio
El 19 de diciembre de 1972, coincidiendo con el aniversario del paranirvana del gran Sakya Pandita, Khenchen Appey Rinpoché fundó el Sakya College junto a Su Santidad Sakya Trizin 41. Lejos de ser una fecha casual, era un homenaje al sabio cuyo legado ambos se habían comprometido a custodiar.
Los inicios fueron humildes. Una casa alquilada en Barlow Ganj, Mussoorie. Siete estudiantes. Recursos casi inexistentes.
El Sakya College fue establecido para la preservación del Buddhadharma en general, y de la Tradición Sakya en particular, con la vocación de ofrecer a todos los interesados en el budismo tibetano —independientemente de su origen o nacionalidad— la oportunidad de acceder al estudio y práctica auténticos.
Maestro, constructor y recaudador de fondos
Khenchen Appey Rinpoché no solo enseñaba: administraba, recaudaba fondos y se ponía manos a la obra como uno más. Cuando compraron el terreno para construir el Sakya College, trabajó codo con codo con sus alumnos. Siempre compartía con ellos el mismo techo, las mismas condiciones y la misma comida.
Su dedicación a ellos era total. Cuando visitaba a Su Santidad en su residencia de Dehradun, siempre declinaba la invitación a quedarse a dormir para no faltar a clase a la mañana siguiente.
Para ahorrar dinero tomaba el autobús a Dehradun, aunque le mareaba terriblemente. Nunca utilizaba el taxi, salvo que fuera absolutamente imprescindible. Como en aquella época no había coches, realizaba el camino de vuelta a Mussoorie caminando, varios kilómetros de noche, sin dudarlo.
Su compromiso con el proyecto era tal que “lo intentaba todo”, incluso una vez compró un billete de lotería como parte de sus esfuerzos para financiar el proyecto. Dzongsar Khyentse Rinpoché lo recuerda como muestra de su dedicación total.

Una forma de enseñar única
En el aula, su método era igualmente singular. Preparaba cada clase con esmero, aunque no lo necesitara. Creía que la preparación era en sí un acto de respeto al Dharma y de motivación correcta.
Enseñaba siempre desde la memoria, sin notas, citando directamente los textos raíz y recurriendo a su vasto conocimiento de los comentarios de distintas escuelas.
Era extraordinariamente claro en su presentación. Nunca empleaba lenguaje informal, nunca dudaba, nunca divagaba. Sus enseñanzas podían transcribirse directamente como textos sin necesitar corrección alguna. Y, sin embargo, había en ellas una calidez que hacía que incluso los conceptos más complejos resultaran accesibles.
Sus discípulos sentían una profunda admiración por él y una total entrega, tanto por esa claridad como por su bondad. Aquellos primeros alumnos son hoy maestros, eruditos, abades y khenpos que perpetúan su obra transmitiendo el Dharma en su forma más pura.
Hoy, el Sakya College tiene su sede en la ruta hacia la Hill Station Mussoorie, cerca de Dehradun, donde ofrece formación tradicional en filosofía budista a unos 250 monjes.
Entre quienes se formaron con él se encuentran Sus Santidades Sakya Trizin 42 y Sakya Trizin 43, Dzongsar Khyentse Rinpoché y S. Em. Luding Khen Rinpoché.

4. Cinco años en silencio
El retiro de Pharping y el despertar de una nueva misión
Cuando el Sakya College estuvo completamente establecido en 1986, Khenchen Appey Rinpoché solicitó permiso a Su Santidad Sakya Trizin 41 para retirarse a Nepal. Al principio, nadie sabía exactamente adónde había ido.
Se descubrió después que se había instalado en Pharping, un lugar de peregrinaje sagrado del vajrayana, en las afueras de Katmandú, donde dedicó cinco años a la meditación en solitario.
Durante ese tiempo y por petición de sus estudiantes, comenzó a viajar para difundir el Dharma, principalmente a Singapur y a otros países del sudeste asiático.
Fue entonces cuando tomó conciencia de la dificultad que encontraban los practicantes internacionales para acceder a las enseñanzas del Buddha de forma auténtica y rigurosa.
Muchos le pidieron que fundara una escuela orientada a quienes no hablaban tibetano. En uno de esos viajes, su visión encontró el apoyo que necesitaba: una de sus discípulas, Madam Doreen Goh, ofreció la financiación necesaria para fundar una academia budista internacional. Y las cosas se movieron con rapidez a partir de ese momento.

5. International Buddhist Academy
Hacer el Dharma accesible a todos
Fue así como Khenchen Appey Rinpoché fundó la International Buddhist Academy (IBA) en Katmandú. En 2001, Su Santidad Sakya Trizin 41 la inauguró oficialmente.
El mismo Khenchen Appey estableció sus objetivos iniciales y la estrenó impartiendo uno de los primeros cursos.
La meta principal era enseñar el Buddhadharma con rigor y precisión a practicantes de todo el mundo, independientemente de su origen o tradición. La segunda prioridad era traducir las enseñanzas del Buddha y sus comentarios al inglés, al mandarín y a otros idiomas. Las dos primeras metas condujeron de forma natural a una tercera: publicar y distribuir esas enseñanzas de forma gratuita para que llegaran a cualquier practicante o estudioso, sin importar su origen o sus medios.
Con el tiempo, la visión fue ampliándose. En 2007, la IBA incorporó un programa para estudiantes de posgrado, orientado al desarrollo de competencias de liderazgo e idiomas.
En 2008, añadió un programa intensivo de traducción de dos años para estudiantes internacionales. La sinergia entre jóvenes monásticos del Himalaya estudiando idiomas e informática con budistas de distintas culturas aprendiendo tibetano creó una mezcla cultural y lingüística única. Esto dio lugar a uno de los programas de traducción de textos del budismo tibetano más destacados del mundo.
Para él, preservar y difundir el Dharma era una de las actividades más importantes a las que podía dedicar su vida. Con la IBA hacía partícipe de esta labor a estudiantes de cinco continentes.
La IBA continúa hoy plenamente activa, con programas de estudio y cursos diseñados para todos los niveles, impartidos por maestros, eruditos y traductores que fueron un día discípulos de Khenchen Appey Rinpoché.

6. El guardián de los textos
La obra escrita de la Tradición Sakya
Una de las contribuciones menos conocidas, pero más significativas de Khenchen Appey Rinpoché, fue su labor de preservación del patrimonio escrito sakya.
Tras la invasión china, miles de manuscritos budistas fueron destruidos o dispersados. Si ese patrimonio desaparecía, partes enteras del Dharma podrían perderse para siempre.
Envió a su discípulo Khenpo Yamyang Kunga a Tíbet y a China, equipado con una lista cuidadosamente elaborada de autores y obras que no estaban disponibles en el exilio. No fue una tarea sencilla, pero los frutos fueron incalculables.
Khenchen Appey logró reunir una gran cantidad de manuscritos raros de la Tradición Sakya y de otras escuelas para la biblioteca de la IBA.
Dedicó gran parte de su tiempo y de sus recursos personales a recopilar estos preciosos textos, digitalizarlos y ponerlos en circulación sin coste alguno para monasterios, centros de estudio y bibliotecas de todo el mundo. Más tarde, se pusieron a disposición del público en línea en A Sakya Digital Library, al alcance de cualquier practicante o estudioso del budismo tibetano.
Otra contribución significativa fue el diseño del plan de estudios para el Sakya Institute of Vajrayana de Manduwala, en India. Con ello, Khenchen Appey se aseguraba de que no solo los textos, sino también el conocimiento sobre cómo estudiarlos y practicarlos fuera transmitido a las generaciones futuras.

7. La última enseñanza
La partida de Khenchen Appey Rinpoché
Cuando cesó su actividad en la IBA, Khenchen Appey Rinpoché se retiró a una residencia privada en Boudha, Katmandú, cerca de la gran estupa. Su puerta permaneció abierta para quienes buscaron su guía.
Continuó dando enseñanzas privadas, especialmente a lamas y khenpos, y visitó su monasterio en Serjong, en el este del Tíbet, donde enseñó y financió la renovación de la antigua universidad monástica y otras instalaciones.
En 2009, manifestó una enfermedad que lo acompañaría hasta el final: un cáncer de esófago cuyos efectos secundarios nunca llegó a superar del todo. Sin embargo, siguió atendiendo a cualquiera que acudiera a él.
Le preocupaba ser un peso para los demás e insistía en valerse por sí mismo hasta que le resultó físicamente imposible. Quienes le atendían no dejaban de asombrarse ante la claridad de su mente. En sus últimos días organizó él mismo los turnos para que pudieran descansar. Hasta el final dio consejo a quienes lo necesitaban.
Llegó el día en el que expresó que su vida se había vuelto más una carga que un beneficio para los demás y que, por ello, debía irse. Pidió que, cuando llegara ese momento, se cerrara la puerta de su habitación durante tres días para no interrumpir su retiro. También solicitó una cremación sencilla en su hogar, reflejo de su modestia y de su consideración hacia los estudiantes occidentales de la IBA, para quienes la muerte podría resultar perturbadora. Finalmente, ante la insistencia de sus discípulos, accedió a que la ceremonia se celebrara en la IBA.
La noche antes de su muerte se dirigió a sus cuidadores con serenidad: “Si algo ocurre esta noche, informad a Su Santidad, pero no digáis nada a nadie más”. Más tarde añadió en inglés: “Mi único problema es la tensión arterial. Por lo demás, todo está bien. No estéis tristes”. Lo repitió varias veces.
Hasta el último instante, su pensamiento fue para los demás. Mientras uno de sus cuidadores estaba de pie junto a su cama, le miró de arriba abajo y dijo a los otros: “Su ropa no es suficientemente abrigada. Dadle unos calcetines. Tengo calcetines en mi armario. Por favor, dádselos”.
Al amanecer del 28 de diciembre de 2010 pidió que despertaran a todos. Cuando estuvieron reunidos a su alrededor dijo: “Ya estáis todos. Ahora puedo dormir”.
Se giró hacia su lado derecho y adoptó la posición del León Dormido. A las 9:30 de la mañana, Khenchen Appey Rinpoché entró en tukdam, el estado meditativo profundo que los grandes meditadores del vajrayana mantienen tras la muerte clínica.
Nepal llevaba meses sin lluvia. Pero en ese momento un aguacero se desató sobre Katmandú. Sus discípulos recuerdan que también se registró una breve nevada con copos en forma de flores: “El último gesto de generosidad de uno de los grandes bodhisattvas del Dharma”.
El 7 de febrero de 2011, el patio de la IBA fue transformado en un mandala ritual para la ceremonia funeraria, presidida por S. S. Sakya Trizin 41. Asistieron también S. S. Sakya Trizin 42, Dzongsar Khyentse Rinpoché y S. Em. Luding Khenchen Rinpoché, entre otros altos lamas.
Cuando más tarde se abrió la estupa de cremación, se descubrió que Khenchen Appey Rinpoché había obsequiado a sus discípulos con abundantes reliquias, ringsel en tibetano: pequeñas partículas duras y luminosas que aparecen entre las cenizas de quienes han alcanzado la realización. Un último testimonio de la suya.

8. Un sabio bondadoso
Las cualidades de un maestro realizado
Encuentros con un ser sagrado pueden tener un efecto transformador. Quienes conocieron a Khenchen Appey Rinpoché lo atestiguan. La gente se sentía atraída hacia él por su integridad, su humildad y su vasto conocimiento del Dharma. Cualidades que ninguna presencia carismática puede reemplazar.
Humildad genuina
Su humildad era tan auténtica que su presencia pasaba casi inadvertida. No quería que nadie se postrara ante él, llamaba a sus estudiantes “amigos del Dharma” en lugar de “discípulos”, y utilizaba simplemente la letra ‘A’ como firma personal. Compartía las mismas condiciones que quienes le rodeaban: en una ocasión, al descubrir que su plato era diferente al de los demás, pidió que se mezclara con el resto.
Cuando inauguró la IBA explicó que aceptaba un asiento ligeramente elevado por dos razones: porque el Buddha había indicado que el maestro del Dharma debería ocupar una posición más alta por respeto a las enseñanzas, y —añadió con sencillez— porque a su edad le resultaba más fácil sentarse y levantarse.
Compasión como práctica suprema
Khenchen Appey Rinpoché siempre mantuvo que la práctica más elevada de todas es la compasión.
La mostraba en cada gesto. Durante un peregrinaje, un grupo se acercó a él y a sus acompañantes haciendo todo tipo de preguntas irrespetuosas. Uno de los monjes reprendió a estas personas, pero Rinpoché señaló con calma la importancia de mantener la paciencia en cualquier situación.
Cuando construyó el Sakya College, se preocupaba por no causar daño a los insectos que habitaban el terreno, un detalle que Su Santidad Sakya Trizin 41 recuerda con ternura. Su compasión no hacía distinciones.
El maestro que encarnaba lo que enseñaba
Estaba siempre muy alegre. Enseñaba a través de lo que parecía una conversación normal, dando ejemplos, contando historias, sonriendo. No requería ofrendas de mandala ni rituales previos. Simplemente hablaba, y en esa conversación estaba la enseñanza.
Insistía siempre en la importancia del equilibrio entre estudio y práctica, no como etapas sucesivas, sino como procesos simultáneos: asimilar lo que se estudia a través del análisis e integrar las enseñanzas en las acciones diarias. Él mismo era la demostración de este principio.
Estar cerca de él era, según sus discípulos, como estar en un lugar sagrado. “Como estar en Bodhgaya”. Uno solo podía pensar en el Dharma y en llevar a cabo acciones virtuosas.
Emanaba una verdad innegable que facilitaba el desarrollo de la fe: si invertimos en crear las causas y condiciones, obtendremos el resultado.
Su Santidad Sakya Trizin 41 lo resumió así: «Vino en estos tiempos, cuando el Dharma está muy degenerado. Por sus bendiciones y su bondad hemos podido continuar con el estudio, la contemplación, la meditación y la práctica».
Lo que nadie veía
Su maestría del vajrayana era reconocida por todos, pero su práctica personal era completamente reservada. No exhibía en su residencia ni una sola estatua o imagen de su deidad tántrica. Cuando recibía visitas, los únicos indicios de ello eran los cuencos de ofrenda dispuestos en el altar. En aquello también había una enseñanza.
Quienes lo conocieron no podían evitar pensar en los antiguos maestros kadampa: extraordinariamente instruidos y humildes, completamente reservados en su práctica y con una naturaleza bondadosa y alegre.

9. Como la luna sobre el patio
Una luz que no se extingue
Según recoge David P. Jackson en A Saint in Seattle, Khenchen Appey Rinpoché declinó en una ocasión la propuesta de escribir la biografía de Deshung Rinpoché 3, alegando que «una biografía adecuada requiere experiencia directa a lo largo de muchos años de contacto cercano con el maestro; o, en su defecto, el registro de las enseñanzas que recibió y un esquema escrito de su vida».
Este artículo reúne una selección de testimonios y biografías elaboradas por sus discípulos y personas de su círculo más cercano (ver Bibliografía). Confiamos en que sirva como una invitación a adentrarse en su figura y en la riqueza de su legado.
Su huella vive en las instituciones que fundó, en los maestros que formó, en los textos que preservó y en las enseñanzas que siguen viajando, en forma de texto y traducción, hasta manos que él nunca llegó a conocer. Y vive también en la transformación que su ejemplo produce en quienes se acercan a su historia.
Khenchen Appey Rinpoché nos muestra que una vida dedicada por completo al Dharma no tiene por qué ser una vida alejada del mundo, sino todo lo contrario. Una vida más presente, más compasiva, más generosa, más alegre. Una vida que, incluso vista desde la distancia, sigue proyectando su luz, como aquella luna que un joven monje siguió, sin darse cuenta, hasta el patio del monasterio.

El Dharma en las palabras de Khenchen Appey Rinpoché
Las obras de Khenchen Appey Rinpoché han sido recogidas y publicadas, algunas también en español y de forma gratuita:
- Enseñanzas sobre Iluminando el Legado del Sabio (disponible en la tienda del Centro Budista Sakya) / Teachings on Sakya Pandita’s Clarifying the Sage’s Intent — Su extenso comentario al clásico de Sakya Pandita, base de un curso impartido por el Venerable Khenpo Rinchen Gyaltsen en Paramita.
- Cultivando un Corazón de Sabiduría. Instrucciones Orales Sobre El Adiestramiento Mental En Siete Puntos / Cultivating a Heart of Wisdom. Oral Instructions on the Mind Training in Seven Points
Sus enseñanzas orales han sido reunidas en:
Recursos de interés
The Gentle Sage: The Life and Death of Khenchen Appey Rinpoche es un documental producido por la International Buddhist Academy en asociación con Bodhi Television, filmado por el Venerable Khenpo Rinchen Gyaltsen como homenaje a este eminente maestro de la Tradición Sakya.
Está dividido en seis partes que incluyen una breve biografía, entrevistas con sus estudiantes y la ceremonia de cremación de 2011, en versión original inglesa y tibetana con subtítulos en inglés.
Te invitamos a verlo.
Bibliografía
Para la elaboración de este artículo se consultaron las obras disponibles de Khenchen Appey Rinpoché, así como el documental sobre su vida y partida, detalladas anteriormente.
Dilgo Khyentse Rinpoche. The Life and Times of Jamyang Khyentse Chökyi Lodrö: The Great Biography. Boulder, Colorado: Shambhala Publications, 2017.
Jackson, David P. A Saint in Seattle. The Life of the Tibetan Mystic Dezhung Rinpoche. Boston: Wisdom Publications, 1999.
“Khenpo Appey”. Rigpa Wiki. Accedido el 7 de abril de 2026.
“Khenpo Appey Rinpoche”. Khenpo Appey Foundation. Accedido el 7 de abril de 2026.
Melody of Dharma: Issue 5, 2011. Issue 14, 2014. Una publicación de la Oficina de Sakya Dolma Phodrang dedicada a las actividades dhármicas de S. S. Sakya Trizin 41.



