ClickCease La empatía, una puerta de entrada al camino espiritual | Paramita
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La empatía nos permite conectar con nuestro entorno social y nos abre a empezar a experimentar la gama del altruismo. Aunque la empatía es una cualidad innata podemos trabajarla para entrar en el camino espiritual. La empatía y la gama del altruismo nos dan las claves para poder crecer espiritualmente y para afrontar los retos sociales y ambientales que tenemos en estos tiempos.


Empatía, del griego en pathos (dentro del sufrimiento), ayuda a contribuir a la comunicación y altruismo ya que es la capacidad que nos permite entender o percibir lo que otra persona (o animal) siente según su sistema de referencia, esto es, ponerse en el sitio del otro. Es decir, la empatía es esa aptitud que nos permite establecer una ‘conexión’ con los seres que nos rodean.

Si pensamos en nuestra psicología como en una parte emocional (o afectiva) y otra cognitiva, podríamos decir que hay empatía emocional –podemos sentir lo que otros sienten– y cognitiva –cuando entendemos lo que otros sienten–. La empatía nos permite salir de nosotros mismos, de nuestro autocentramiento y, por tanto, nos ayuda a trabajar el egocentrismo. Visto de otro modo, la empatía es el primer paso hacia lo que en budismo se entiende como los cuatro inconmensurables: amor, compasión, regocijo y ecuanimidad

Aunque la empatía es una cualidad innata, se sabe que la podemos trabajar tratando de entender y sentir lo que otros sienten: su gozo y su sufrimiento. Pero ¿cómo podríamos ejercitarnos en la empatía? Según Lama Rinchen, lo podemos hacer yendo de más fácil a más difícil.

¿Cómo trabajar la empatía?

Una de las estrategias podría ser ir de dentro hacia fuera. Empezar trabajando con lo que nosotros sentimos y pensamos para ver cómo eso que sentimos y pensamos es muy similar a lo que otra persona siente o interpreta. El proceso podría ser:

1. Auto Observar: Siguiendo las enseñanzas de Lama Rinchen (en EMI) hay que empezar en la autoobservación y la autoconciencia de nuestros pensamientos y emociones para detectar los patrones y los mecanismos o reacciones que pasan por debajo del ‘radar’ de la atención y asumirlos.

2. Identificar: A continuación, después de comprenderlos, podremos identificarlos en nuestro comportamiento. Así, debemos ver, por ejemplo, cómo reaccionamos ante actitudes o situaciones con otras personas y, a partir de ahí, ver que también sus reacciones o patrones de conducta no nos son ajenos o, incluso, son muy similares a los que nosotros tenemos. Veremos que, realmente, todos perseguimos el placer, huimos del dolor o estamos en un estado distraído, anodino o inconsciente la mayor parte del tiempo –que también es lo que crea la mayoría de problemas de comunicación.

3. Sentir: Cuando hemos comprendido esto es necesario sentirlo, es necesario percibir la parte emocional compartida con otros seres para darnos cuenta de que, de la misma manera que nosotros tenemos un ‘paisaje emocional’, los demás también tienen el suyo, pero que la tierra, el aire y el agua de este paisaje es la misma para todos: huir del sufrimiento, aferrarse al placer y caer en la indiferencia. Así nos damos cuenta de que, una vez empezamos a trabajar la empatía, se abre la puerta hacia el altruismo y, con este, a todo el camino espiritual. La gama del altruismo, como dice Lama Rinchen, nos ayuda y nos da el poder para ir trascendiendo la tríada –apego, rechazo e indiferencia– que refuerza el egocentrismo.

Entrando en el camino espiritual

El inmenso terreno del altruismo es un lugar diferente. Desde esta tierra, tomamos una nueva perspectiva que nos aleja de todo lo que antes nos anestesiaba y nos hacía sufrir: el individualismo, la competitividad, el afán de ganancia, la búsqueda de protagonismo y de poder… Eso mismo que buscábamos, nos producía un estrés mortecino, callado pero continuo, alimentado por la inquietud de la inseguridad de las limitaciones. Desde esta nueva tierra más alta vemos el inmenso horizonte de la libertad individual y colectiva.

A veces, sin embargo, vemos la puerta de la empatía, pero sentimos un cierto desasosiego al entrar en este nuevo paraje porque la empatía también nos manifiesta nuestra debilidad reflejada en la debilidad de los demás. Pero solo debemos dar un paso más, un paso que cultive esta empatía y nos permita cruzar al otro lado, donde el infinito del altruismo nos espera para liberarnos de la debilidad que solo aparece cuando nos vemos como un individuo aislado.

Al conectarnos con los demás dejamos de ser como una rama débil a merced de los temporales para formar un conjunto de ramas que, juntas, no se rompen fácilmente. La debilidad del sufrimiento que nace de nuestras limitaciones de autocentramiento ilusorio se funde como el hierro bajo el fuego del amor y la compasión. Este fuego es el elemento que ilumina la tierra, calienta el aire e impulsa el agua de nuestros paisajes emocionales.

Es necesario que seamos valientes cruzando la puerta de la empatía porque solo cuando la cruzamos podemos contribuir a forjar un mundo mejor, ya que sabemos que es el fuego del amor el que nos da la energía para no desfallecer en estos tiempos difíciles. Intuimos desde fuera que ese fuego solo se enciende en la tierra del altruismo.

La empatía y la crisis medioambiental

La empatía nos permite entender lo importante que es afrontar las crisis sociales y ecológicas actuales, que requieren de mucha comunicación y muchos puentes entre los diferentes seres que habitamos este planeta, para asumir juntos los cambios individuales, colectivos, sociales y globales que necesitamos en tiempos sin precedentes en la historia de la humanidad. Debemos ser empáticos para contagiar a muchos este sentimiento y así poder cruzar, cada uno a nuestra manera, la puerta que nos lleve a la tierra del altruismo. Ahí empezaremos a ver lo que siempre hemos tenido cerca: la libertad y la alegría que transforma, no solo nuestra mente, sino que nos ayuda a curar un planeta, en estos momentos, ya muy enfermo

Por tanto, estimada lectora, cruza la puerta y entra en el camino espiritual, el infinito es el límite, el futuro la clave. Empecemos este camino no solo para nosotros, sino para contribuir a un reto colectivo ahora más importante que nunca.


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Jordi Solé es profesor de la Universitat de Barcelona en Oceanografía, Energía y Clima. Divulgador científico sobre temas ambientales y de recursos energéticos, profesor de taichi y estudiante de filosofía y meditación budista. Es autor en el blog de divulgación sobre temas ambientales y energéticos, Tempus fugit.