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-Yetsunma Tenzin Palmo-

En tibetano, la palabra más empleada para una biografía es namthar (una abreviación de rnam-par thar-pa). Esta expresión puede traducirse como «completa liberación», pues ese es precisamente el cometido de ese tipo de relato: dar cuenta del resultado espiritual de la vida de una persona. Así, podríamos empezar esta historia diciendo que Yetsunma Tenzin Palmo nació en Inglaterra en 1943 y que su nombre, antes, era Diane Perry. 

1. Los comienzos: de Inglaterra a la India

Su madre fue espiritista. A los 18 años, Diane trabajaba en una biblioteca pública de un municipio londinense. A esa edad, encontró un libro de John Walters titulado La mente inquebrantable, un libro sobre budismo en el que se exponían las principales causas del sufrimiento de la humanidad y se ofrecía un método de liberación para el tormento de la existencia. A partir del impacto de esa lectura, Diane –como declara– advino budista. En aquel momento, aquella joven inglesa de blanca tez, brillantes ojos claros y celestes –como el cielo del Himalaya–, conmovida por la posibilidad de perfección en esta vida, procedió a dejar a su novio, abandonó su vestimenta convencional, su maquillaje y, tras hablar con su madre, dirigió sus pasos por un camino espiritual sorprendente.

Hoy, a casi 60 años de aquellos acontecimientos, su mirada todavía es nítida y clara, casi transparente. Brilla con la convicción de quien ha encontrado en el Dharma un camino personal, digno de haber sido transitado, un verdadero tesoro. En su sonrisa se esboza la sabiduría de quien ostenta el compromiso de una vida dedicada al servicio de la comunidad y conoce del privilegio de esa satisfacción. Sin embargo, aunque para quien admite un universo regido por la Ley del Karma estos asuntos solo resultan ser anecdóticos, lo cierto es que evidencian parte de un sendero de transformación seguido por Diane Perry.

En la Inglaterra de los años 1962 y 1963, pocas personas se interesaban por el budismo tibetano. Convencida de su aspiración por seguir estudiando y formándose en el budismo, Diane Perry evidenció que en distintos textos budistas no se hablaba sobre monjas, sino solo sobre monjes, y supo sentirse un tanto deprimida por aquel hecho. Pero oyó hablar de un convento de monjas perteneciente al Linaje Kagyu, regentado por otra inglesa llamada Freda Bedi (1911-1977), en Dalhousie (India), y escribió una carta solicitándole trabajo.

Freda Bedi, quien había sido colaboradora del Movimiento por la Independencia de India, esposa de un indio a quien conoció estudiando en la Universidad de Oxford, era amiga de Nehru –el Primer Ministro de la India independiente– y de Kasturba Gandhi –la esposa de Mahatma Gandhi–. En esos años, se ocupaba de ayudar a los refugiados tibetanos que inmigraban hacia la región fronteriza de India, tras la invasión china. Aquel era un ambiente intelectual y transformador, sin duda, espiritual. Dicen que fue la primera mujer, nacida en Occidente, en ordenarse monja completa dentro de una tradición budista, en Hong Kong.

En la década de los años sesenta, no había teléfonos móviles ni ordenadores portátiles, mucho menos tablets o smartphones, no existía internet y los viajes en avión eran privilegios de élite, por lo tanto, la emprendedora Diane al recibir una respuesta afirmativa de la señora F. Bedi para poder trabajar con las monjas y los altos lamas refugiados tibetanos, con tan solo 20 años, decidió embarcarse rumbo hacia la India, en búsqueda de profundas enseñanzas filosóficas budistas y un Maestro.

2. El viaje espiritual, el Maestro, la ordenación y la cueva

-Ven. Tenzin Palmo a los 21 años recién ordenada-

En este caso, hablamos sin duda de una mujer excepcional. Aunque todas las vidas son excepcionales, la vida autoforjada de esta mujer es un ejemplo entre las vidas nobles. Primero, antes de partir hacia la India, aprendió tibetano. Sabía que su conexión kármica la acercaba al Linaje Kagyu (uno de los cuatro principales linajes tibetanos junto al Sakya, el Guelug y el Nyingma) y se consideraba kagyupa, una adepta Kagyu.

Ya en la India, trabajando con F. Bedi, un día que prometía una noche de luna llena como ofrenda de su cumpleaños número 21, Diane Perry se encontró con el Maestro –o se reencontró, si creemos en un camino trascendental. No conocía su rostro, pero solo al escuchar su nombre, quiso tomar Refugio bajo su linaje. Ese mismo día, trémula –sin poder levantar la mirada del suelo–, le pidió a aquel hombre cuyo rostro aún no había contemplado que la iniciara en el sendero budista. Al cabo de unos días, le pediría a Khamtrul Rimpoché (1931-1980), su Maestro, ordenarse como monja. El Lama aceptó, pero primero la invitó a su monasterio. Allí, en 1967, tomó su primera ordenación al recibir los votos de sramanerika –o novicia–, pasando a llamarse Drubgyu Tenzin Palmo («La que sostiene la doctrina en sus manos»). Este conjunto de votos constituye los 10 preceptos fundamentales del código ético –o Vinaya– para aspirantes novicios. Hasta el momento, la ordenación completa no ha sido incorporada para el linaje de monjas en las tradiciones del budismo tibetano. 

Unos meses después de ordenada viajó a Tailandia y, en el trayecto, conoció a Su Santidad Sakya Trizin 41. Poco más sabemos de este encuentro. Al regresar del viaje, su Lama se había trasladado a Dalhousie, lugar en el que pasaría a vivir como su secretaria durante seis años, enseñando inglés a los casi ochenta monjes de la comunidad.

Dice que aquella fue una época muy afortunada porque a diario podía ver a su Lama, pero también declara que aquel fue un período doloroso al ser la única mujer del monasterio. Como monja, no podía comer con los monjes ni vivía con ellos. Tampoco podía estudiar junto a ellos ni hacer rituales conjuntos. Permanecía mucho tiempo sola. Su Lama le dijo que en otras vidas había podido apañarse para acompañarla de una mejor manera, pero como en esta vida había reencarnado mujer, tenía restricciones. Así, transcurridos los seis primeros años de ordenación, el Lama le recomendó retirarse para poder realizar su práctica de meditación. A partir de entonces, Ven. Tenzin Palmo dirigió sus pasos a Lahoul, un valle de los Himalayas, sugerido por el Maestro. 

-Ven. Tenzin Palmo en el frente de la cueva donde vivió 12 años en retiro-

En Lahoul (Tib. Karsha Khandro Ling, «Tierra de las dakinis»), había un pequeño monasterio de monjes y monjas. Allí, Ven. Tenzin Palmo, con ayuda de la comunidad, pudo conseguir habitar en una pequeña cueva, lindera a una fuente de agua y cercana a una pequeña pradera en la blanca colina del Himalaya, a una hora de caminata desde el monasterio. En invierno nevaba y permanecía aislada durante meses. Plantaba papas y nabos en verano. Sabía secarlos y prepararlos para consumir en invierno. La cueva, que tenía dos espacios, le permitía guardar acopios para el invierno en un sector y, en el otro, podía permanecer meditando durante cuatro o más sesiones diarias. En ese lugar, vivió durante doce años, salvo pequeñas interrupciones. En los otoños, solía ir de visita hasta el monasterio donde residía su Lama, buscando instrucciones para poder continuar la práctica. 

Ya en 1973, a instancias del Lama, se ordenó monja completa en Hong Kong, lugar donde se mantiene la tradición de esta ordenación para las mujeres. Al finalizar el último retiro ininterrumpido de tres años, había pasado 23 años de su vida en la India, y corría el año 1988. En la cueva, había permanecido desde los 33 hasta los 45 años. Su Lama había muerto en 1980. Antes, le había insistido en que fundara un convento de monjas. Ven. Tenzin Palmo sabía que debía reinsertarse al mundo occidental, así que viajó a Asís, en Italia.

En 1992, también en Tashi Jong, lugar del último monasterio donde había vivido su Lama, le solicitaron organizar un convento para monjas a efectos de restablecer una tradición yóguica iniciada por Rechungpa, discípulo de Milarepa (c. 1052-1135). Tras dedicarse a reunir los fondos y las condiciones necesarias para ello, en 1999, pudo fundarse el convento Dongyu Gatsal Ling («Jardín del linaje auténtico»), centro destinado a preservar la tradición de Togdenmas, mujeres monjas dedicadas a prácticas austeras y rigurosas, quienes se han comprometido a la obtención de la iluminación en una vida y permanecen en retiro estricto durante varios años. 

Finalmente, en el año 2008, como reconocimiento a su labor incansable por la preservación del patrimonio del Dharma, el denuedo por fomentar la Sangha de monjas y la muestra práctica de sus realizaciones, Ven. Tenzin Palmo recibió el título de Yetsunma («Venerable Mujer»), convirtiéndose en la primera mujer occidental en ostentar este título. En tibetano, una de las palabras para nombrar a una monja es btsun ma, «aunque no todas las yetsunmas son monjas» –como menciona E. Benard en The Sakya Jetsunmas, 2021–.

«Al menos, hay dos formas importantes de adquirir el título de Yetsunma: por estatus heredado y por estatus alcanzado –es decir, por el desarrollo de habilidades espirituales que luego son reconocidas por las comunidades religiosas y laicas–. Ambas están interrelacionadas y pueden solaparse». (Benard: 2021, 9).

3. Actividades sociales y de género

-Sangha de mujeres monjas-

Desde hace años, además de realizar su incansable tarea como Maestra, Yetsunma Tenzin Palmo ha apoyado a:

  • Monjas nacidas en los Himalayas al promover el Convento de Laphag en el Tíbet;
  • Monjas no nacidas en los Himalayas al fundar, en el año 2014, The Alliance of Non-Himalayan Nuns (ANHN), una red internacional de organizaciones encargada de potenciar la vida de mujeres monjas ordenadas en la tradición budista tibetana y, especialmente, de aquellas nacidas fuera de los Himalayas. 

También, Yetsunma Tenzin Palmo fue Presidenta durante algunos años de Sakyadhita International Association of Buddhist Women, una asociación internacional auspiciada en sus orígenes por S. S. el Dalái Lama, ocupada en incorporar la visión y la experiencia de las mujeres en el seno del budismo, así como contribuir a la transformación social.

Los aportes de Yetsunma Tenzin Palmo en la difusión del Dharma han sido –y son– infinitos. Además, su incansable defensa de los derechos de las monjas ha ejercido una gran influencia en el sistema tibetano, en el que se han apreciado cambios tan significativos como: 

1. El reforzamiento del rico patrimonio de la tradición tibetana de mujeres contemplativas al crear y apoyar monasterios con este fin;

2. El promover centros y redes afines para mujeres occidentales ordenadas en la tradición budista tibetana;

3. El crear redes de alianza entre mujeres monjas occidentales –en diáspora–;

4. El impulsar igualitariamente el acceso educativo de las mujeres exhortando a la reflexión, tanto de hombres como de mujeres, en la superación de las diferencias de género

4. Consideraciones finales y lecturas recomendadas de Yetsunma Tenzin Palmo

La vida, ejemplo y enseñanzas de Yetsunma son una prueba viva del potencial que todos tenemos de desarrollarnos en el sendero espiritual sin importar nuestro género, orígenes ni dificultades externas. Y, por supuesto, cómo gracias a nuestro crecimiento interno podemos convertirnos en un sol para la vida de muchos otros.

Si quieres saber más sobre Yetsunma Tenzin Palmo y sus valiosas enseñanzas, te animamos a hacerte con los siguientes libros (ya sea en Amazon, en la librería de tu barrio o en tu Centro de Dharma más cercano).

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