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La inteligencia emocional fue descubierta hace más de 20 años, pero por fin es tan corriente que aparece en el ‘Diccionario’ de la Real Academia Española.

De hecho, todas las palabras en cursiva de este artículo fueron aceptadas por la Academia en 2017, incluidas postureo, posverdad y exorcista. Hummus, especismo y audiolibro también lo han logrado.

(En los próximos párrafos hay verdaderas sorpresas.)

Y es que, además de ser un montón (ahí va otra) de lo más curioso, su inclusión nos demuestra cuál es el secreto para normalizar algo:

Perseverar.

Un hecho que también se aplica a nuestra psicología.

La mente carece de un comité como el de la Academia, pero se acostumbra a lo que le insistamos. Y eso, afortunadamente, incluye algo tan valioso como la inteligencia emocional. En su definición del diccionario, es:

La “capacidad de percibir y controlar los propios sentimientos y saber interpretar los de los demás.”

Hasta aquí todo bien.

Hablemos ahora de mala autorregulación emocional

enfado inteligencia emocional

El problema es que estamos acostumbrados a las emociones negativas. Tanto, que desconocemos cómo prevenir su aparición y gestionar sus picos. Por eso, cuando surgen el miedo, la ira, la ansiedad o la tristeza, nos controlan. Y lo hacen en nuestro detrimento y en el de los demás.

Su causa principal ocurre a diario. La atención mariposea entre situaciones reales y nuestras creaciones mentales. Y rara vez diferenciamos cuál es cuál. Si no coinciden, las emociones negativas se desatan como mecanismo de defensa de nuestra egocéntrica visión de la realidad.

Entonces —y con suerte, no demasiado tarde— detectamos su aparición, y tratamos de gestionarlas. Pero parte de nuestra mala costumbre emocional es lidiar con ellas cayendo en dos estrategias extremas: la represión o la evasión.

Y ambas solo causan más problemas.

Así, cada dificultad cotidiana se convierte en un minicasino emocional: siempre deseamos lo mejor, pero rara vez lo conseguimos. Hacemos una jugada, pero no decidimos el resultado.

Lo peor es que a la sociedad esto le parece tan normal como en su día lo fue el machismo. Con el apoyo de la cultura, hoy las emociones negativas son las altas esferas que dominan nuestra mente con total impunidad.

Quizá sea la hora de un cambio. Drástico.

Nunca es tarde para cultivar la inteligencia emocional

Ha llevado décadas, pero entrenar la mente ya no parece misticismo sacado de un curso de bioenergía, o hacer complicadas asanas, o alinear los chakras. Hoy, el adiestramiento mental es algo razonable, factible, y hasta científico.

meditacion inteligencia emocional hora de aventuras

Y hasta sale en los dibujos animados.

Entonces, ¿cómo funciona?

La atención juega un papel fundamental.

Su cometido ideal es prevenir: ser conscientes de la emoción negativa cuando está surgiendo ayuda a no avivarla. Pero también funciona como contraincendios: cuando la emoción está desatada, observarla sin juicios la mitiga y nos serena.

La atención, igual que la memoria, se puede entrenar. En eso consiste la meditación (me adelanto a cuando se acepte este significado, el contemplativo): aprender a decidir a qué atendemos, y durante cuánto tiempo.

Cuanto más meditamos, más conocemos nuestra mente: descubrimos fortalezas, sanamos antiguos conflictos y, aún más importante, nos volvemos más conscientes de las emociones. Poco a poco dejamos de temerlas, porque comprobamos que son inofensivas.

Y, cuando salimos de la meditación, nos llevamos el aprendizaje a la vida cotidiana.

Eso sí, una advertencia.

La meditación no es sinónimo de profesar el buenismo, ni ser querubines en mitad de la jungla cotidiana. Tanto la meditación como la inteligencia emocional son estados internos. En qué palabras y actos los expresemos depende de qué es más beneficioso en cada situación y para las personas implicadas.

Practicando a menudo llegaremos a una verdad esperanzadora: es más fácil desarrollar nuestra inteligencia emocional que hacer que este término entre en el diccionario.

¿Y tú? ¿Cómo cultivas tu inteligencia emocional? ¡Cuéntamelo en los comentarios!