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Ha habido maestros que a lo largo de la historia nos han ofrecido enseñanzas maravillosas que condensan la esencia del budismo de una forma magistral. Este es el caso de Langri Tampa y Los Ocho Versos de Entrenamiento Mental con los que podemos hacer una metamorfosis completa de nuestro ser y llevarnos a un nivel de experiencia distinto para experimentar una forma muy diferente de vivir y de ser.

1. Aproximación al texto

Cuando uno se acerca al texto de  Los Ocho Versos de Entrenamiento Mental, una de las primeras impresiones que nos podemos llevar es que parece una enseñanza sencilla, corta o fácil de comprender. En muchas ocasiones incluso he podido escuchar a algunas personas decir que era una enseñanza de principiantes, insinuando con ello que es accesible y fácilmente digerible. Sin embargo, a medida que vas profundizando en el verdadero significado de cada una de las estrofas, te das cuenta de que es una enseñanza extensa y fuerte que va directamente al corazón, con una capacidad increíble de impactar y transformarnos.

Cada una de las estrofas se dirige a un lugar distinto dentro de nosotros con gran maestría; nos ofrece la posibilidad de ir abriendo paso a través de todas las capas de velos mentales debilitándolos y nos proporciona mayor acceso a nuestra propia naturaleza. Así se crean espacios libres de todos esos condicionamientos y eso nos permite alcanzar un nivel de bienestar más estable y sostenible en el tiempo. Poder acceder a la verdad de quiénes somos realmente es la esencia y objetivo de esta enseñanza. 

Desde mi punto de vista, esta escritura clásica es similar a un iceberg; al entrar en contacto y leer sus ocho estrofas solo percibimos una mínima porción de lo que conforma la totalidad, solo vemos la punta, que es lo más pequeño. Cuando empezamos a practicarlas y reflexionar sobre ellas, lo que en un principio parecía algo sencillo se va abriendo y mostrando una profundidad y extensión, de entrada imperceptibles. 

2. El autor

Fue la increíble destreza de su autor –el gran maestro kadampa Langri Tampa, quien compuso este texto en el siglo XI–, la que hizo posible resumir en solo ocho estrofas una cantidad extensa de enseñanzas desde el punto de vista filosófico y hacerlas muy prácticas y accesibles para nosotros. No es fácil abarcar toda esa dimensión de conocimiento y crear una enseñanza que vaya directamente al grano sin dar rodeos, donde nos exponga a los cambios necesarios a realizar para transformarnos y desvelar nuestra naturaleza de forma tan clara. En este caso podemos decir que la simplicidad de la fórmula que muestra el texto solo es un indicio de la maestría y nivel de realización de su autor. Hace sencillo y directo algo que es vasto y profundo.

Esta enseñanza pertenece a lo que se llamó “tradición oral”, cuyo sistema de trasmisión de conocimiento era condensar de manera magistral la esencia de la instrucción para impactar con gran precisión en los velos mentales. Y cuando lees sus estrofas es exactamente lo que experimentas, un poder asombroso de ir directamente al centro del origen del problema –el egocentrismo–, la presencia de engaños mentales limitantes, y desmontarlos.

Langri Tampa nos hace un precioso y valioso regalo al condensar la esencia de la práctica. Es emotivo pensar que su aspiración era hacernos el camino más accesible, facilitándonos el trabajo de forma muy generosa al organizar la enseñanza en versos que nos permitan practicar de manera increíblemente precisa.

3. La práctica

Es un texto que, de manera gradual, va intensificando muy hábilmente los retos que nos propone. Comienza invitándonos a dar valor a los demás, a colocarlos en un lugar más elevado, no para subestimarnos a nosotros mismos, sino para generar un respeto profundo por todos ellos. Un lugar más acorde a su verdadera naturaleza, creando una realidad más objetiva. 

Normalmente nuestro ego nos considera a nosotros mismos muy valiosos, en detrimento del resto de seres. Se crea así una visión desproporcionada de nuestra realidad y nuestra importancia en ella. Estos versos tratan de ubicarnos en un espacio más ajustado a la verdad, liberándonos del excesivo proteccionismo que ejercemos sobre nosotros y de las consecuencias que acarrea. Se reparte así el interés de una forma más equitativa, ya que el valor de todos los seres es el mismo que el nuestro. Esto nos permite vivir una realidad más real o más cerca de la verdad, sin valores desmedidos. 

Esta enseñanza también nos insta a ir más allá retandonos a dejar a un lado lo selectivos que somos frente a los seres. Y nos propone invertir esfuerzo en amar a aquellos que solemos rechazar por su conducta dañina, ampliando nuestro círculo afectivo a las personas que normalmente ignoraríamos. Un reto exigente que, sin duda, dará mucha fuerza a nuestro desarrollo.

No se queda ahí. La siguiente sugerencia da un paso más y nos lleva a contemplar el renunciar a la idea de desear salir ganando frente a los demás, lo que pondrá en jaque a nuestro orgullo. El autor propone abandonar dicha idea y verlos como maestros espirituales que nos ofrecen una situación única de cambio que de otro modo no sería posible. Esto transforma el rechazo en reconocer una oportunidad para nosotros, promocionando la resiliencia y cambiando la relación de aversión hacia esa persona por una relación íntima que nos invita a mejorar.

Con esta enseñanza se abre la puerta a perdonar de entrada a todos los seres porque vemos que los problemas ya estaban antes de nuestra interacción. Dejamos de culpar y nos involucramos en amar más allá de nuestro interés. Un cambio absoluto de paradigma –casi opuesto al que sostenemos en un principio– por un paradigma de comprensión, compasión, intercambio y resiliencia, abiertos siempre al aprendizaje.

La práctica de la compasión es muy poderosa, no solo por la belleza que subyace en ella –que es innegable–, sino también por los resultados prácticos a nivel interno y externo en el desarrollo espiritual. Generalmente la interpretamos de una forma muy distorsionada creando una imagen de la compasión muy débil, asemejándola a la pena o la lástima. No se trata de sentir pena por los seres, sino más bien de interesarnos genuinamente por ellos porque son realmente valiosos. 

La compasión no solo beneficia a los demás pudiendo colaborar en sus vidas, también nos ayuda devolviéndonos una imagen de nosotros mismos más veraz. Es un antídoto directo para eliminar las causas que nos hacen sufrir. Al renunciar a dañarnos a nosotros mismos y a los demás, renunciamos a todo lo que cree sufrimiento para nosotros y a todos ellos.

Además, también nos recomienda hacer frente a las manifestaciones de los engaños que vayan surgiendo en nuestra mente. Ser valientes e ir ganando voluntad para poder gestionar las emociones o estados aflictivos de una manera virtuosa e ir puliendo nuestra experiencia interna y del mundo. Eliminando cualquier presencia de estado aflictivo en nuestra mente, incluso antes de que pueda manifestarse completamente, como un gesto que consolida la compasión en nosotros. 

La prevención es la clave y es la propuesta firme del verso, dando lugar a un bienestar profundo que influye en nuestra autoestima y en la visión que tenemos de nosotros mismos. La consciencia de nuestro mundo interno es esencial para unos resultados estables; tener sumo cuidado con lo que está pasando dentro de nosotros para no dañarnos y no dañar a ningún ser.

El camino propuesto por este maestro en esta enseñanza es amor, compasión, igualdad y culmina con el intercambio (tonglen) que es, en realidad, la base de estas estrofas. El intercambio nos presenta la oportunidad de tomar el dolor de los demás como nuestro y ofrecerles nuestra felicidad, una práctica que en un principio puede generar incomodidad, pero que tiene el poder de corregir y pulir la actitud de estar centrados en nosotros mismos como ninguna otra. Es el punto central del texto dada su gran capacidad de cambio; por decirlo de una manera clara, el intercambio pone en jaque a nuestro egocentrismo con una enorme sacudida que lo termina descomponiendo.

Y como cierre, este gran maestro termina uniendo los dos caminos principales de mérito –el desarrollo del altruismo– y sabiduría en un punto. Los primeros siete versos se enfocan en el desarrollo de mérito y el octavo se enfoca en la sabiduría. Este último nos reta a ir en busca de la experiencia de la vacuidad creando una propuesta muy completa que nos lleva a través de los puntos principales del desarrollo espiritual.

4. Una oportunidad preciosa

Si dejamos que esta enseñanza nos toque, tenemos garantía de crecimiento. Son solo ocho versos, sí, pero con una capacidad increíble de transformación porque impactan haciendo diana en el centro de nuestro corazón.

Esta enseñanza de Langri Tampa es una oportunidad que podemos aprovechar con gusto de la mano de un gran maestro como Lama Rinchen quien nos va a ofrecer un comentario extenso del texto, facilitándonos aún más las posibilidades de desarrollo espiritual. Un viaje a lo más profundo de nuestra mente para poder liberar nuestro potencial de ataduras y brillar con libertad.

Te invitamos a participar en El Salto a Bodhichitta, un curso sin coste, en el que el ven. Lama Rinchen Gyaltsen nos guiará a través de los diferentes niveles de profundidad de  Los Ocho Versos de Entrenamiento Mental.

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Natalia González es practicante de Dharma desde hace más de 25 años. Comenzó sus estudios en la escuela Guelugpa de la FPMT y, a partir de 2015, continúa sus estudios de la mano de Lama Rinchen en Paramita.

En el ámbito profesional se dedica a la psicoterapia clínica por un lado; y, por otro, dirige el Instituto Español de Coaching, empresa que ofrece formación y asesoramiento a instituciones y empresas. Ha escrito su primer libro titulado Coaching en una semana.