El ardiente editor: breve biografía de Loter Wangpo

Una emergencia espiritual sacudía el Tíbet del siglo XIX. Las enseñanzas estaban desapareciendo. Las salvó la audacia y el tesón de varios maestros ecuménicos. Y si hoy las tenemos en papel es, sin lugar a dudas, gracias a Yamyang Loter Wangpo.

Nació al alba, y su primer gesto fue el de sujetar el vajra y la campana. Fue en 1847, y desde entonces no perdió el tiempo. A los seis años aprendió a leer y escribir, a los nueve tomó votos de laico y a los veinte fue ordenado monje. Su nombre pronosticaba su trayectoria: ‘Mañyushri, Tesoro Señorial de Inteligencia’.  

Se formó en todo. Desde tantra hasta epistemología, las cifras de su época de estudiante impresionan: estudió 150 manuales de meditación, los 108 volúmenes de discursos del Buda y otros 500 de maestros indios y tibetanos. Para complementar, recibió más de 300 iniciaciones de mantrayana. Su maestro raíz era Yamyang Khyentse Wangpo, fundador del movimiento ecuménico y acicate de la revolución espiritual de la época. Algo se le debió pegar.

Su diligencia no tardó en dar fruto. Cuando era adolescente, el tercer fundador de la escuela sakya se le apareció en un sueño y le dijo que estaba bajo su protección. Cuando estudiaba ‘Los tres continuos’, experimentó la realidad absoluta. Después de hacer varios retiros tuvo una visión de Tara, desarrolló clarividencia y —afortunadamente— salió ileso tras ser alcanzado por un rayo.

Con 23 años fue nombrado maestro vajra del gran monasterio Ewam Choden. Allí puso orden, estableció reglas para las prácticas grupales y fundó la tradición de dar enseñanzas en verano. La comunidad de monjes aumentó, y su fama se extendió. Pero le aguardaba su gran misión.

El Dharma estaba desapareciendo de Tíbet. Un compañero abad —que tenía los días contados— acudió a él para pedirle que editara su libro, en el que detallaba los ocho grandes sistemas de meditación importados de India. Loter Wangpo aceptó, pero no se quedó ahí.

Fue a reunirlos. Durante más de diez años, investigó y viajó a lo largo y ancho de Tíbet, y recibió cientos de iniciaciones casi extintas. El resultado fue monumental. LaColección de todos los tantras’ incluye 30 volúmenes de enseñanzas, transmisiones e iniciaciones tántricas.

Una imagen vale más que mil palabras, así que encargó 315 pinturas de los mandalas. También mandó elaborar los complementos para los rituales en la más alta calidad. ¿Subtotal? 180 kilos de plata. Y sin recurrir a patrocinadores. Lo sacó de un voto: invertir en el Dharma todo lo que recibiera.

Loter Wangpo enseñó a los grandes maestros de su época, como Dilgo Khyentse Rinpoché y Jamyang Khyentse Chokyi Lodro (reencarnaciones de su maestro), y también al tutor de Gongma Trichen Rinpoché. Además, recopiló otras enseñanzas perdidas, compuso textos originales, escribió aclaraciones de prácticas y patrocinó la impresión de enseñanzas orales que el tiempo o la invasión comunista hubieran erradicado.

Con los deberes hechos, tocaba pasar página. A los 68 años, y tras dos días de meditación, pasó al parinirvana. El cielo se llenó de arcoíris y el aire se colmó de una penetrante fragancia. Cinco días después, sus restos se transformaron en reliquias.

Loter Wangpo vivió tiempos difíciles, pero hizo algo por cambiarlos. Su vasta y rica obra, de referencia hoy en día, lo atestigua. “Lo único grabado en su corazón”, afirma su biógrafo, Dhongthog Rinpoché, “las necesidades de las enseñanzas y los seres sintientes”.

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Para saber más: The Sakya School of Tibetan Buddhism. A history.