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Ofrenda de Mandala: el método supremo para acumular mérito

Todo lo que necesitas saber antes de recibir la transmisión de la Ofrenda de Mandala, la quinta práctica fundamental no común del Ngondro de la Tradición Sakya

¿Por qué algunos avanzan rápido en el camino espiritual mientras otros, con el mismo acceso a maestros y enseñanzas, permanecen estancados?

La respuesta está en el mérito.

El mérito no es un concepto teórico ni ajeno a nuestra experiencia cotidiana. Es la capacidad de recibir, comprender e integrar lo que has oído y estudiado, el terreno interior que hace posible que el Dharma arraigue y te transforme.

Las tradiciones tibetanas ponen gran énfasis en su cultivo, y de todos los métodos disponibles, hay uno considerado excelente: la Ofrenda de Mandala.

Esta ofrenda es el quinto preliminar no común de la Tradición Sakya, que forma parte del Ngondro —las prácticas fundamentales que preparan la mente para recibir las enseñanzas más elevadas del vajrayana—. La genialidad de este preliminar reside en que nos permite generar una virtud vasta y pura ofreciendo el universo entero, multiplicado infinitamente, con los medios más simples: un plato y un puñado de granos.

Este artículo recorre el arco completo, desde comprender por qué necesitamos mérito hasta conocer los elementos precisos para sentarnos a practicar, y está dirigido tanto a quienes se preparan para iniciarse en el Ngondro como a quienes desean ahondar en este extraordinario medio hábil.

Contenidos

  1. ¿Qué es el mérito y por qué lo necesitamos
  2. Mérito y sabiduría: las dos acumulaciones necesarias
  3. ¿Qué es un mandala?
  4. Por qué la Ofrenda de Mandala es el método supremo
  5. La motivación correcta determina el mérito
  6. La práctica: calidad, cantidad y transmisión auténtica
  7. Qué necesitas para realizar la Ofrenda de Mandala
  8. Una invitación al camino

1.¿Qué es el mérito y por qué lo necesitamos?

El mérito como escudo y combustible

Imagina que tienes frente a ti la enseñanza más profunda que jamás se haya dado sobre la naturaleza de la mente. El maestro muy realizado está sentado ahí, compartiendo el corazón mismo del Dharma. Pero esas palabras pasarán frente a ti como el viento. Las escuchas, quizás incluso las anotes, pero no te tocarán. No penetrarán. No transformarán nada.

Ahora imagina lo contrario. Una sola frase casual suya detona una revelación que reorganiza completamente tu comprensión del mundo.

¿Qué separa estas dos situaciones? El mérito.

En tibetano el mérito es sonam; en sánscrito, punya. Las definiciones formales hablan de potencial kármico benéfico acumulado a través de acciones positivas y altruistas. Pero Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoché lo expresa de una manera sorprendentemente práctica… es habilidad.

Con ello se refiere a un conjunto de habilidades que hacen posible que transitemos el camino: escuchar de verdad cuando el Dharma nos llega, contemplar lo que hemos escuchado, meditar sin que nuestra mente se disperse al instante, sentir esa chispa de querer adentrarse más.

Piénsalo así… El mérito es la fuerza kármica positiva que genera las condiciones internas y externas para que el legado del Buddha pueda hacer su trabajo en nosotros. Sin este potencial, podemos estar sentados ante una transmisión extraordinaria, y en lo único que pensamos es en la cena… cuando con él, una conversación fortuita podría cambiar nuestra vida para siempre.

Según la visión majayana, cuando cultivamos virtud y la dedicamos al despertar de todos los seres, estamos asegurando dos cosas:

  • Que otros también experimenten los resultados de nuestras acciones positivas y altruistas.
  • Que no se desperdicie madurando solamente como felicidad temporal para nosotros mismos.

La diferencia entre tener mérito y carecer de él es decisiva. Es la que hay entre poder recibir las enseñanzas que necesitamos para despertar, y dejarlas pasar sin darnos cuenta.

Cómo se manifiesta

Las grandes voces de las tradiciones del budismo tibetano nos dan el mismo consejo. Observa tu experiencia del Dharma ahora, luego cultiva mérito y observa de nuevo. La diferencia será notable. No es teoría. Puedes verificarlo en tu propia experiencia, y se manifiesta en cada parte del camino.

Con el mérito, donde antes solo captábamos ideas generales de un texto, ahora empezamos a percibir matices y conexiones que eran invisibles; frases que pasaron desapercibidas, de repente, cobran vida. 

El concepto de “impermanencia” deja de significar únicamente decadencia y muerte para convertirse en una comprensión viva de cómo todo cambia momento a momento… una llave hacia la libertad en lugar de un concepto pesimista.

También se transforma la relación con nuestro maestro y con las circunstancias. Podemos reconocer sus cualidades genuinas más allá de las apariencias, y situaciones que antes nos habrían perturbado revelan las lecciones que encierran. 

Y, a nivel externo, el mérito acumulado despeja el sendero hacia el despertar, y crea las condiciones necesarias para encontrar un verdadero guía espiritual y recibir los empoderamientos e instrucciones que hacen posible la práctica del vajrayana.

Incluso las enseñanzas directas pasan frente a nosotros sin penetrar cuando el terreno no está preparado.

Un monje realiza la Ofrenda de Mandala durante la conmemoración del paranirvana de Sakya Pandita, uno de los Cinco Fundadores Sakya. El plato colmado de arroz representa el universo entero ofrecido al campo de mérito. Fuente: Tharlam Monastery, Boudhanath, Katmandú, Nepal. 2 de enero de 2026.

Historias ilustrativas de su poder

Donde sea que se encuentre el precioso Dharma, siempre habrá obstáculos. Este no es un enfoque negativo, es reconocer la realidad de la vida espiritual. De hecho, cuando los practicantes encuentran resistencias, es señal de que la práctica está teniendo efecto.

¿Cuál es nuestra protección? El mérito, que es tanto un escudo como el combustible para atravesar las dificultades inevitables del camino.

¿Cuánto valoramos realmente el Dharma?

Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoché cuenta un episodio revelador sobre una mujer occidental que solicitó a un maestro tibetano que le diera enseñanzas elevadas sobre la naturaleza de la mente. Él, reconociendo que el Dharma profundo requiere que el estudiante haya cultivado el mérito necesario para asimilarlo, le sugirió que hiciera primero una ofrenda ritual.

Encantada con la idea, la mujer lo acompañó de compras. En poco tiempo había comprado chocolate por un valor aproximado de un euro, y preguntó al maestro si eso era suficiente. Él, pensando que quizás ella no tuviera mucho dinero, no dijo nada y continuaron.

Pronto se encontraron en el mostrador de perfumes de una elegante tienda y, para sorpresa del maestro, la mujer no dudó en gastarse diez euros en su perfume favorito, que se quedó para sí misma.

¿Ves el punto? El Dharma está más allá del precio, pero nuestra disposición a dar revela cuánto lo valoramos realmente.

La intención lo determina todo

Sin embargo, cultivar virtud no se trata solo de cuánto damos, sino de la pureza de nuestra motivación.

Patrul Rinpoché (1808-1887) relató unas historias que ilustran este mismo principio desde distintos ángulos.

La primera se trata de una anciana tibetana que pidió a su hijo que le trajera una reliquia del Buddha como objeto de devoción para su práctica. El hijo olvidó su promesa y, para no decepcionarla, le dio el diente de un perro muerto que encontró en el camino, haciéndolo pasar por un diente del Buddha. Sin embargo, la devoción de la anciana y el potencial positivo que generó fueron tan genuinos y poderosos que, en poco tiempo, el diente de perro se transformó en un diente genuino del Buddha del cual surgieron milagrosamente reliquias.

Otra historia fue la de una mujer pobre que ofreció al Buddha una única lámpara de mantequilla. Esto muestra que es totalmente válido dar incluso algo simple o humilde, siempre que la intención sea del todo sincera.

Luego está el relato de una mujer leprosa que dio a Majakashyapa (uno de los principales discípulos del Buddha) un cuenco de arroz que había recibido mendigando. Cuando su dedo cayó dentro del cuenco por la enfermedad, Majakashyapa lo bebió de todas formas para honrar su gesto. Como resultado de esa ofrenda hecha con un corazón sincero, la mujer renació en el Cielo de los Treinta y Tres.

Así los buddhas y bodhisattvas no tienen conceptos de “limpio” o “sucio”, “caro” o “barato”. Lo importante es la visión y la motivación detrás del acto de dar.

Incluso los grandes meditadores lo necesitan

Y precisamente porque la motivación es tan determinante, la práctica externa no es un mero ritual, es el espacio donde esa motivación toma forma y se profundiza.

Gampopa (1079-1153), uno de los grandes maestros de la Tradición Kagyu, lo descubrió de primera mano. Este célebre maestro tibetano dedicaba su tiempo entero a la meditación y tenía su mandala totalmente abandonado y cubierto de polvo. 

Un día, Dromtonpa lo visitó y le preguntó por qué no hacía ofrendas de mandala. Este respondió que estaba contemplando objetos internos y que eso le tenía muy ocupado.

“¿Qué quieres decir?”, le dijo Dromtonpa reprendiéndolo. “Atisha era un practicante mucho mejor que tú y, sin embargo, hacía ofrendas de mandala tres veces al día”.

A partir de entonces puso más interés en las ofrendas y, como resultado, alcanzó comprensiones que antes le habían sido inaccesibles.

El mérito es ineludible, no es algo reservado “para principiantes”. Es absolutamente fundamental en cada etapa del camino porque nos defiende de las adversidades, genera la capacidad de recibir y asimilar el Dharma, y sostiene todas las realizaciones… incluso para yoguis avanzados como Gampopa.

2. Mérito y sabiduría: las dos acumulaciones necesarias

Para alcanzar la budeidad, necesitamos dos alas: mérito y sabiduría. 

Su Santidad Sakya Trizin 42 lo explica con una analogía. Imagina dos edificios altos. Para ver el techo del edificio del este, antes debes subir al techo del edificio del norte. El mérito es como subir, nos da un punto de vista elevado. La sabiduría es como ver, nos permite realizar la naturaleza de las cosas tal como son.

Sin mérito suficiente, no podemos llegar al primer bhumi, el estadio del camino del bodhisattva donde la vacuidad se revela de forma directa. Cuando el mérito está totalmente desarrollado, alcanzamos el rupakaya de un buddha —el “cuerpo de forma” que puede manifestarse para beneficiar a los seres—. 

Lo mismo ocurre con la sabiduría. Sin ella, progresar más allá es imposible, pero cuando se ha perfeccionado, alcanzamos el dharmakaya —el “cuerpo de verdad”, la naturaleza iluminada misma—. 

Ambas alas son indispensables.

Ahora bien, no cualquier acción positiva genera el tipo de virtud que nos impulsa hacia el despertar completo. Podemos hacer cosas consideradas buenas —ayudar a alguien, donar algo…— y generar buen karma que madure como felicidad temporal. Pero si nuestra intención no está dirigida hacia la iluminación de todos los seres, y si no dedicamos esa virtud al despertar universal, no estamos sembrando las causas que nos llevan a él. El rumbo que tomamos y la dedicación son determinantes.

La Ofrenda de Mandala es única porque puede generar ambas alas. Su Santidad escribe que cuando se practica con la motivación correcta y la visualización apropiada —comprendiendo que las tres esferas (el que ofrece, la ofrenda y el receptor) son proyecciones de nuestra propia mente—«es posible perfeccionar rápidamente la acumulación de méritos y sabiduría». Y aunque su función fundamental es construir la base de la virtud, sin el mérito acumulado ni siquiera podemos recibir las enseñanzas sobre la naturaleza de la mente y, mucho menos, comprenderlas o integrarlas.

S. Em. Avikrita Vajra Rinpoché realiza la ofrenda de mandala ceremonial de Larga Vida Tensum ante Su Santidad Sakya Trizin 41. Lumbini, Nepal, 21 de diciembre de 2015. Fuente: Facebook.

3. ¿Qué es un mandala?

Ahora que entendemos por qué necesitamos cultivar mérito, vale la pena detenerse en el significado de mandala.

La palabra sánscrita mandala significa “círculo”, pero su equivalente tibetano revela algo más profundo. Kil kor, donde kil (centro) implica “esencia”, y kor (rodear) “extraer”. Así pues, mandala se puede traducir como “extraer la esencia”, ir al corazón de algo, a su naturaleza verdadera.

El universo como mandala

En el vajrayana hay muchos tipos de mandalas —visualizados en meditación, pintados en thangkas, creados con arena de colores, incluso construidos en tres dimensiones— y cada uno representa aspectos del camino al despertar.

El cosmos puede verse como un gran mandala que abarca todo fenómeno. Dentro de este círculo nada falta. 

Su comprensión se profundiza naturalmente a través de la práctica y de la guía de nuestros maestros.

Lo que utilizamos en el quinto preliminar del Ngondro es un plato ritual de superficie muy lisa, sobre el cual construimos y ofrecemos al campo de mérito un universo completo y perfecto.

El universo que ofrecemos

Entonces, ¿qué contiene? 

Su Santidad Sakya Trizin 42 describe los elementos principales. 

  • Monte Sumeru (Monte Meru) — en el centro, la montaña cósmica que sirve como eje del cosmos.
  • Los cuatro continentes principales en las cuatro direcciones cardinales — en el este Videja, en el sur Yambudvipa (nuestro mundo), en el oeste Godaniya, en el norte Kuru.
  • Los ocho subcontinentes — dos alrededor de cada continente principal: Deja y Videja en el este, Chamara y Aparachamara en el sur, Shatha y Uttaramantrina en el oeste, Kurava y Kaurava en el norte.
  • Innumerables objetos preciosos — montañas enjoyadas, árboles que conceden deseos, vacas que cumplen deseos, cosechas sin siembra.
  • Los siete emblemas preciosos — rueda, joya, reina, ministro, elefante, caballo supremo, general.
  • Las ocho diosas oferentes — gracia, guirnaldas, melodías, danza, incienso, flores, luces, perfume.
  • Símbolos auspiciosos — vasija del tesoro, parasol precioso, estandarte de la victoria.
  • El sol y la luna

Todo lo que abarca este universo representa las cualidades y riquezas apreciadas por dioses y humanos, en su forma completa y perfecta.

La cosmología tibetana puede parecer ajena al principio, pero con la repetición, recitar cada elemento y depositarlo en el lugar correcto se vuelve un gesto natural. El maestro dejará claro que es un medio hábil, una manera de darle forma concreta a la idea de “darlo todo” —el gesto hace lo que las palabras no pueden—.

Y hay espacio para la propia creatividad. Cuando ofrecemos “todas las riquezas de dioses y humanos”, nada impide incluir aquello que más valoramos. Si en medio de la visualización surge un pensamiento sobre coches de carreras o una partida de tenis (dos de mis aficiones favoritas), podemos aprovecharlo —miles de relucientes bólidos y raquetas ofrecidos para el beneficio de todos los seres—.

Cómo multiplicamos las ofrendas infinitamente

Su Santidad nos recuerda que al hacer la práctica no debemos pensar que estamos depositando solo un conjunto de “montones”. Visualizamos que estas cualidades y riquezas se multiplican millones y miles de millones de veces, llenando el espacio entero.

¿Cómo es esto posible? Porque la visualización trabaja con la naturaleza ilimitada de la mente, no está confinada por el espacio físico ni por las cantidades materiales. De esta manera, con un plato y un puñado de granos, podemos generar un bien inconmensurable.

Como enseñan los maestros, la realidad fenoménica en su conjunto es parte de un mandala básico que contiene todos los fenómenos. Al hacer esta ofrenda, nos conectamos con esa verdad fundamental. Extraemos la esencia.

El erudito y practicante budista Alexander Berzin lo expresa bellamente. En sus palabras, «dado que los estudiantes valoran las enseñanzas del Dharma más que a nada en este mundo, ofrecer el mandala significa su disposición de darlo todo para recibirlas». Un acto de total generosidad.

En realidad, los buddhas y bodhisattvas no necesitan nada de nosotros, no están hambrientos ni necesitados. Pero nosotros sí necesitamos cultivar la generosidad para recibir y comprender el Dharma. Y esta práctica nos permite hacer una ofrenda inestimable: el cosmos entero y todo lo que contiene.

S. S. Sakya Trizin 43, y S. Em. Deshung Rinpoché 4, junto a un tercer monástico no identificado, durante una Ofrenda de Mandala en el Sakya Monastery, Bodhgaya, India. Las figuras doradas sobre el plato ilustran la disposición del cosmos que ofrecemos: el Monte Sumeru en el centro, rodeado de los cuatro continentes, los emblemas preciosos y los símbolos auspiciosos, los mismos elementos que aprendemos a visualizar en el Ngondro. Fuente: Vajrayana Sakya Manjushri Center.

4. Por qué la Ofrenda de Mandala es el método supremo

Necesitamos mérito; eso ya lo sabemos. Pero hay muchas maneras de cultivarlo, como practicar la generosidad, hacer ofrendas a los maestros y a la Triple Joya, apoyar templos y centros de retiro, servir a nuestros guías espirituales… Entonces, ¿por qué esta ofrenda ocupa un lugar privilegiado entre todas las formas de acumular virtud?

Las limitaciones de las ofrendas materiales

Los dones físicos son un camino válido y valioso en el cultivo de virtud. Pero Su Santidad Sakya Trizin 42 señala los distintos desafíos que pueden surgir.

Primero, está el problema de la adquisición. Si no tenemos riquezas reales que dar, podríamos adquirirlas a través de medios poco favorables. En ese caso, esta generosidad estaría basada en acciones que generarían karma negativo. 

Segundo, incluso si obtenemos estos bienes por medios apropiados, nuestros velos mentales pueden enturbiarlos. Damos, pero con avaricia, deseando en el fondo quedarnos con lo que estamos entregando. O con orgullo, imaginando cuán generosos somos, anhelando que otros noten nuestra virtud, quizás sacando fotos para las redes sociales. O con expectativas, confiando en que los buddhas y bodhisattvas nos recompensen en la misma medida, como si fuera una transacción comercial.

Incluso una ofrenda magnífica, si está contaminada por motivaciones impuras, puede generar menos virtud que un acto espontáneo y puro.

La pureza de ofrecer con la mente

Aquí es donde la Ofrenda de Mandala revela su genialidad.

Aunque los dones visualizados no están del todo libres de impurezas —nuestra mente sigue siendo nuestra mente, con sus oscurecimientos—, es mucho menos probable que se manchen tanto como los dones materiales.

Es imposible robar algo imaginario. Tampoco podemos sentir avaricia por unos granos de arroz que representan montañas de joyas. Es difícil sentir orgullo cuando estamos sentados solos con un plato en las manos.

Lo notable es que, aunque lo que ofrecemos es imaginado, cultivamos la misma virtud que si diéramos bienes reales. De hecho, es un camino más genuino porque actúa en la raíz misma del karma.

Cuerpo, habla y mente unidos

La Ofrenda de Mandala involucra a la totalidad de nuestro ser.

En el plano físico, sostenemos el plato ritual en la mano izquierda y lo llenamos con la derecha, y vamos depositando cada montón de granos en su lugar específico. Nuestro cuerpo está plenamente comprometido en el acto de dar.

En el plano verbal, recitamos las oraciones de la práctica, pronunciando los nombres de los continentes, las riquezas, los emblemas preciosos y demás elementos del cosmos que ofrecemos. Nuestra habla se convierte así en vehículo de la generosidad.

En la visualización, invocamos al universo en su máxima perfección. El Monte Sumeru se eleva en su majestuosidad, los cuatro continentes despliegan sus riquezas inimaginables, el sol y la luna brillan… todo multiplicado millones de veces hasta llenar el espacio entero.

Y, como enseña Su Santidad, no se trata solo de un cosmos imaginario. En la forma del Monte Meru y los cuatro continentes, damos nuestro propio cuerpo, nuestra riqueza entera y las virtudes acumuladas de los tres tiempos —pasado, presente y futuro—.

Así, trabajando con cuerpo, habla y mente, la Ofrenda de Mandala nos abre a una inmensa generosidad mientras reducimos las impurezas que tan fácilmente surgen cuando damos bienes reales. Realizada de forma correcta, puede generar rápidamente ambas alas. Por eso se considera el método sublime. No existe ofrenda más vasta: damos cuanto somos y cuanto algún día seremos.

La ofrenda de mandala, acto supremo de generosidad, se prepara en el 27.º Gran Monlam Sakya por la Paz y la Armonía Universal. Bodhgaya, India, 2018–2019. Fuente: The Great Sakya Monlam Foundation.

5. La motivación correcta determina el mérito

Conocer la manera de acumular mérito supremo es solo el comienzo. La virtud que generamos depende de con qué actitud nos sentamos a practicar.

Dos elementos en la motivación correcta

Primero, la visión no-dualista. Podrías ofrecer un kilo de oro aferrado a la idea de que el que ofrece, la ofrenda y el receptor son entidades separadas e independientes. Ese gesto, por valioso que sea, no generará tanta virtud como presentar una sola uva con una realización más profunda. Como dijo Chandrakirti, dar sin referencia al que da, al regalo o al receptor se describe como una paramita que “trasciende el mundo”. Esta dimensión de la práctica se revelará naturalmente con la guía de tu maestro.

Segundo, el pensamiento altruista. El impulso que nos mueve debe ser alcanzar la budeidad por el bien de todos los seres sintientes, tan innumerables como el espacio. No para nuestro propio beneficio, no para impresionar a otros, no para acumular reconocimiento. Solo para el bien ajeno.

Khenpo Rinchen Gyaltsen lo expresa de otra manera. Para él, el mérito de la generosidad es el desapego, es la comprensión íntima de que los recursos no tienen dueño real. Están a nuestra disposición como intermediarios, para colocarlos donde puedan ser de gran beneficio… como las telefonistas de principios del siglo XX, que conectaban cables de un lado a otro de la centralita sin quedarse con nada. Todo pasaba a través de ellas.

Una ofrenda simple, un bien inmenso

Su Santidad Sakya Trizin 42 cuenta una historia que ilustra este principio con viveza.

Había dos niños jugando cerca de donde el Buddha estaba enseñando. Uno de ellos, movido por una devoción genuina y espontánea, tomó un puñado de arena y se lo ofreció al Buddha como si fuera algo precioso.

El Buddha lo recibió con la misma gracia que hubiera aceptado oro o joyas.

La razón es obvia y la lección evidente. La intención del niño era totalmente sincera. Sin orgullo, sin expectativas, sin contaminación alguna. Solo el deseo puro de dar lo que tenía. Ese puñado de arena generó un bien inmensurable.

Cuando nos sentamos con nuestro plato de mandala y unos granos en la mano, el valor es lo de menos. Una intención pura —visión clara, pensamiento altruista— puede generar frutos incalculables con los medios más simples. Pero si lo que nos mueve es el orgullo, la avaricia o la expectativa de recompensa, aunque ofrezcamos los objetos más preciosos del mundo, el resultado será escaso.

Las prácticas del Dharma no son para exhibición. Son para plantar las semillas de liberación y budeidad. Si avanzamos en el camino con la actitud correcta, esas semillas crecerán y podremos, al fin, cosechar su fruto.

Un joven monje del Tharlam Monastery realizando la Ofrenda de Mandala durante la conmemoración del paranirvana de Sakya Pandita. Desde pequeños, los monjes aprenden que cultivar virtud es esencial en cada etapa del camino. Fuente: Tharlam Monastery, Boudhanath, Katmandú, Nepal. 2 de enero de 2026.

6. La práctica: calidad, cantidad y transmisión auténtica

El compromiso: 111.111 acumulaciones

El Ngondro incluye 100.000 ofrendas de mandala, a las que añadimos 11.111 acumulaciones adicionales para compensar posibles distracciones o lapsus en el conteo o en la actitud.

Este número puede parecer desalentador y, de hecho, este es el preliminar que más tiempo requiere de todo el Ngondro. Pero quienes estamos en él —o ya lo hemos completado— descubrimos que la repetición misma se convierte en una meditación profunda. El gesto de ofrecer una y otra vez, día tras día, comienza a pulir algo en nosotros.

Su Santidad Gongma Trichen aconseja que la calidad del Ngondro es más importante que la cantidad. Los números cumplen un propósito —crear las condiciones para que ocurra una transformación real—, pero si avanzamos por las repeticiones de forma mecánica, buscando solo alcanzar el número, habremos perdido lo esencial.

Es algo que se aprende desde dentro. Cuando el tiempo de cada sesión está bien asentado en la agenda diaria, deja de negociarse. Simplemente sucede, durante horas. Y esa regularidad crea un espejo interior que pone en evidencia cuándo se está “cumpliendo” —la motivación es débil, la práctica no conmueve, se vuelve mecánica—. Reconocerlo no afloja el compromiso. Lo clarifica.

Ahí, casi por el mismo precio, surge la pregunta: “¿Por qué no disfrutarlo?”. Es el momento en el que cobran vida las enseñanzas sobre el entusiasmo, esas que nos invitan a reconocer el valor de lo que hacemos y decidir que nos guste… como aprender a apreciar el brócoli, o  cualquier disciplina que al principio cuesta y acaba volviéndose necesidad. Y así, la Ofrenda de Mandala se convierte, con el tiempo, en un manjar.

Su Santidad Ratna Vajra nos recuerda que si avanzamos con la actitud correcta, las causas positivas que sembramos crecerán y podremos cosechar su fruto: la eliminación de los estados mentales nocivos y el florecimiento de las cualidades últimas. Realizada con comprensión, intención genuina y perseverancia, la Ofrenda de Mandala es una de las herramientas más poderosas del vajrayana.

Señales de práctica genuina

¿Cómo sabemos si vamos bien? Su Santidad Sakya Trizin 42 ofrece indicadores claros, como la intensificación de la fe, el agudizamiento de la percepción y la profundización de la renuncia y la bodhichitta. Los sueños también mejoran, reflejando la calidad de nuestro continuo mental.

Pero hay una señal inequívoca. Cualquier práctica que hagamos debería convertirnos en alguien mejor. Si seguimos siendo los mismos, con los mismos patrones mentales negativos y sin cultivar los positivos, estamos haciéndolo de forma superficial. Cuando el trabajo es genuino, los cambios son reales.

Patrul Rinpoché capta esta verdad con una analogía poderosa. Según los tantras, esperar frutos sin sembrar causas nobles es como intentar obtener aceite exprimiendo arena, pues no importa cuántos millones de granos exprimamos, nunca obtendremos ni una gota. Buscar los frutos cultivando virtud, en cambio, es como exprimir semillas de sésamo: cuantas más exprimimos, más aceite obtenemos.

La necesidad de transmisión auténtica

Para que nuestra práctica de la Ofrenda de Mandala sea genuina y efectiva necesitamos la transmisión directa de un maestro cualificado. Las oraciones, la visualización, las técnicas de acumulación, el trabajo con obstáculos… todo esto debe recibirse de alguien que porta el linaje ininterrumpido.

Esta orientación conceptual —qué es el mérito, por qué lo necesitamos, cómo funciona este preliminar— nos prepara para recibir esas enseñanzas con comprensión. Pero ningún libro, artículo, vídeo ni foro en internet puede reemplazar el contacto directo con un guía que ha recibido ese linaje ni la transmisión viva que solo él puede conferir.

Un monje ofrece el plato de mandala durante las enseñanzas sobre Las Tres Visiones impartidas por S. S. Sakya Trizin 42. El arroz se eleva en la forma del Monte Sumeru, el eje cósmico del universo que ofrecemos. Fuente: Tharlam Monastery, Boudhanath, Katmandú, Nepal. 2 de octubre de 2025.

7. Qué necesitas para realizar la Ofrenda de Mandala

Aunque la esencia de la Ofrenda de Mandala es mental, su práctica requiere una serie de elementos físicos: dos platos que acompañen la visualización —el mandala de propiciación y el mandala de ofrenda—, los materiales para construirlo y un mala o contador para registrar las acumulaciones. Lejos de ser meros accesorios, cada pieza tiene una función específica que sostiene la concentración y la devoción durante la sesión.

1) Mandala de propiciación

Este primero encarna el campo de mérito —la presencia viva de los objetos de refugio ante quienes nos presentamos— y se coloca en un altar cuadrado y en un lugar elevado, donde permanecerá como recordatorio constante a lo largo del Ngondro. 

Para prepararlo disponemos cinco montones de arroz u otro material, cada uno correspondiendo a un aspecto de ese campo:

  • En el centro (frente al practicante) — el gurú raíz en forma de la deidad, rodeado en la dirección de las agujas del reloj por los gurús del linaje. 
  • A la derecha — el Buddha Shakyamuni y todos los buddhas en sus formas sambhogakaya y nirmanakaya
  • Al frente — las deidades de las cuatro clases de tantra.
  • Atrás — el Dharma, las realizaciones del gurú y los buddhas, simbolizadas por “pechas” (textos sagrados en formato tradicional) bien decoradas. 

Alrededor de estos cinco montones centrales disponemos las ocho ofrendas tradicionales, también en dirección de las agujas del reloj: agua para beber (A), agua para lavarse (A), flores (F), incienso (I), lámparas (L), agua perfumada (P), comida (C) y marcador de la dirección (R).

2) Mandala de ofrenda

Para la acumulación diaria necesitamos un plato ritual que sostendremos en la mano izquierda y que utilizaremos para completar las 111.111 acumulaciones.

Los materiales del plato varían según nuestras circunstancias. Los superiores son de oro, plata u otros metales preciosos. Los medianos, de latón o cobre. Los sencillos, de piedra o madera. También pueden ser de sándalo, hierro o acero. Lo más importante es que sea una superficie muy lisa, con un acabado que permita que los granos se deslicen suavemente.

Deshung Rinpoche 3 señalaba que puede ser grande o pequeño según nos resulte cómodo, aunque su maestro Gaton Ngawang Lekpa recomendaba que no fuera inferior a 15 cm de diámetro. En cualquier caso, lo que cuenta es que sea funcional y esté al servicio de nuestra devoción.

Vale la pena recordar que el plato, como todo lo que está en nuestras manos en esta práctica, no nos pertenece realmente. En ese espíritu, el consejo de Khenpo Rinchen Gyaltsen es tan sencillo como revelador: una vez ofrecido el mandala 111.111 veces, lo coherente es ofrecerlo a un compañero que lo necesite.

3) Materiales de ofrenda

Lo que depositamos en el plato también varía. Las joyas semipreciosas de color y las hierbas medicinales son opciones válidas, pero lo típico es el arroz o los granos de todo tipo, como cebada, trigo o cualquier combinación disponible. Lo esencial es que estén limpios.

Un punto importante. Al cambiar los granos, se debe evitar consumirlos como alimento propio. Podemos darlos a los pájaros u otros animales, o esparcirlos en un bosque donde nadie nos lo agradecerá. Un acto de total generosidad, sin expectativa alguna de reconocimiento.

Una nota. Su Santidad señala que cambiar los materiales del mandala de ofrenda con frecuencia —tras cada sesión o cada día— genera más virtud. Los del mandala de propiciación, en cambio, pueden mantenerse sin renovarse con tanta regularidad.

4) Agua perfumada

Antes de cada sesión, y nuevamente al completar un número determinado de acumulaciones, limpiamos el plato con agua perfumada con azafrán, empleando la parte interior de la muñeca derecha moviéndola en dirección de las agujas del reloj mientras recitamos el mantra de cien sílabas de Vajrasattva.

Su Santidad nos recuerda que, en realidad, no es el plato el que necesita esta preparación. El acto físico de pulir refleja —y facilita— la purificación de los oscurecimientos en nuestro continuo mental, y la calidad con la que lo hacemos indicará la profundidad de esa purificación.

Por esta razón, prescindimos de paño o cepillo. No es un detalle menor, ese contacto directo es parte de la transformación misma.

5) Delantal

Durante la Ofrenda de Mandala se suele utilizar un delantal que cubre el regazo y la parte frontal del cuerpo. Protege la vestimenta y recoge los granos que caen del plato, evitando que se dispersen por el suelo. 

Su forma es libre. Algunos lo dedican específicamente para este fin y lo tratan con respeto como parte de sus implementos sagrados. El material y el diseño son secundarios, lo que cuenta es que sirva para su cometido.

Sakya Monlam, bajo el Árbol Bodhi en Bodhgaya, India. S. S. Sakya Trizin 42 limpia el plato de mandala, un gesto ritual que se repite a lo largo de cada sesión de la Ofrenda de Mandala. Fuente: The Great Sakya Monlam Foundation. 31 de diciembre de 2025.

8. Una invitación al camino

De todos los preliminares del Ngondro, la Ofrenda de Mandala es el más complejo y el que más tiempo requiere. Exige preparación externa —el altar, los materiales, el espacio adecuado— y dedicación para aprenderlo e integrarlo de verdad. 

Habrá semanas iniciales en las que la atención se dividirá entre la técnica y la visualización, como cuando se aprende a conducir. Los movimientos son nuevos, la mano no sabe todavía dónde va cada cosa. Hay que ir despacio, quizás con pasos inciertos al principio… y eso está bien. Es parte del proceso.

El cuerpo también necesita acostumbrarse. Yo tuve algunas molestias de espalda al inicio —solo falta de costumbre—. Pero entonces algo cambió. Las sesiones empezaron a fluir con soltura y profundidad. Aquella complejidad aparente se fue convirtiendo en estructura, en un soporte que facilitaba la concentración durante las sesiones largas.

Con todo, conviene saber también que es el preliminar menos portátil del Ngondro… requiere elementos externos y, si se utilizan piedrecitas de colores, construir los montículos sobre el mandala metálico puede resultar bastante ruidoso. 

Esto puede condicionar la práctica al viajar, aunque es perfectamente manejable, solo algo que requiere organización. Cuando hice esta acumulación, viajaba durante un mes cada verano, así que planifiqué completarla entre un otoño y la primavera siguiente, ocho meses en total, dedicándole unas dos horas diarias.

Es solo un ejemplo. Cada uno encontrará sus propios tiempos y ritmos. Pero el trayecto suele ser reconocible: de la torpeza inicial a la fluidez, de la atención puesta en la técnica a la presencia plena en la visualización. Y cuando eso sucede, se comprende de otro modo por qué los maestros la llaman el método supremo.

Que este artículo haya abierto una puerta hacia esta ofrenda extraordinaria. Que podamos acercarnos a las enseñanzas de nuestros maestros con mayor claridad y apertura. Y que, a través de la Ofrenda de Mandala —junto con los otros fundamentos del Ngondro—, creemos las condiciones para realizar la naturaleza de la mente, para servir a todos los seres, y que cada uno de ellos se beneficie de la virtud generada a través de esta ofrenda sagrada.


Lectura de Interés

Si quieres profundizar en aspectos específicos del Ngondro, estos artículos pueden ser de provecho:


¿Te animas a dar el salto?

Del 5 al 14 de junio de 2026, el Centro Budista Sakya en Pedreguer, España, abre sus puertas a un ciclo de Ngondro bajo la guía inestimable de S. S. Sakya Trizin 43, Gyana Vajra Rinpoché.

Esta es tu oportunidad de adentrarte en los fundamentos no comunes del vajrayana: Refugio, Bodhichitta, Vajrasattva, Ofrenda de Mandala y Gurú Yoga.

Una auténtica joya, apreciada durante siglos por grandes maestros y practicantes del budismo tibetano.

Ciclo de Ngondro


Imágenes

OpenAI. Imágenes cabecera y del mandala de propiciación generadas por IA. Creadas con ChatGPT (DALL·E), 2026.


Bibliografía

Berzin, Dr. Alexander. «¿Qué es una mandala?«. StudyBuddhism.com. Consultado el 18 de enero de 2026.

Dzongsar Jamyang Khyentse. No para ser feliz: Una guía a las llamadas prácticas preliminares. Alicante, España: Ediciones Dharma, 2014.

His Holiness the Forty-Second Sakya Trizin, Ratna Vajra Rinpoche. The Fundamental Practices: A Modern Ngondro Guide. Boston: Wisdom Publications, January 28, 2025.

Kyabye Pabongka Rimpoché. La liberación en la palma de tu mano. Lam Rim. Traducido por Mercedes Pérez-Albert. Alicante: Ediciones Dharma, 2001.

Lama Ngaklo Rinpoche. Clear Lamp on the Path of Liberation. Traducido por Lama Choedak Rinpoche. Canberra, Australia: Goram Publications, 2019. Pp. 41-42, 466.

Patrul Rimpoché. Las palabras de mi maestro perfecto. Barcelona, España: Editorial Kairos, 2016.

S. Em. Asanga Vajra Rinpoché. Rinpoché, Demostración sobre la práctica de la ofrenda del mandala de 37 puntos. Vídeo de YouTube, 48:19. Publicado por Sakya College, 16 de junio de 2021.


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César Guerrero Miralles

Estudiante de filosofía y meditación budista. Tutor online en Paramita y coordinador del Grupo Paramita Barcelona. Licenciado en Física e Ingeniero Informático. Desarrollador de aplicaciones en la sanidad pública.

4 respuestas

  1. Gracias César por este artículo tan detallado. Me ha parecido muy esclarecedor y motivador 🙏🧡

  2. Maravilloso el artículo César, precioso, completo y motivador. Muchas gracias _/\_

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