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Contemplando la impermanencia de la vida

Publicado: Nov 29, 2022

¿Acaso conoces algo que sea permanente?

Un principio esencial en el budismo es que todas las cosas compuestas se crean por causas y condiciones y, por lo tanto, están sujetas a cambios, decadencia y, finalmente, descomposición. Se llama impermanencia. Contemplado bien, la impermanencia tiene un poder increíble para ayudarme a reajustar mis prioridades y realmente enfocarme en la práctica del Dharma.

La importancia y el método para reflexionar en la impermanencia fue uno de los temas que discutió el maestro Khenpo Jamyang Tenzin durante el verano de 2018 en el Centro Budista Sakya de Pedreguer, España, cuándo nos proporcionó enseñanzas detalladas sobre El bello ornamento de La Triple Visión, un texto compuesto por Ngorchen Konchog Lhundrub.

¿Cómo reflexionar en la impermanencia? Te invito a que me acompañes en el recorrido del proceso conmovedor, íntimo y dinámico de las reflexiones durante un retiro.

Sentada en el apartamento donde me hospedo, justo al lado del Centro Budista Sakya, me presto a descansar después de un largo día en retiro. Observo en la mesita en frente de mí un libro que contiene una recopilación de cantos. Selecciono una lectura al azar y la leo para inspirarme antes de ir a dormir. Mis ojos se topan con un mensaje sobre la impermanencia de la vida, directo e inesperado:

La vida vuela rauda; la muerte pronto
tocará a tu puerta.
Sería loco posponer tu devoción.
¿Qué más pueden hacer los queridos familiares
sino lanzarte al samsara?
Luchar por la felicidad de ahora en adelante
es más importante que buscarla de momento.
Te llegó el tiempo de confiar en un gurú,
te llegó el tiempo de practicar el Dharma.

Los Cantos de Milarepa

Experimento como un baño de agua muy fría; me recuerda que no puedo detener el flujo de la vida, que cada segundo se escurre como la arena entre los dedos. Sé que esta noche no voy a poder conciliar el sueño…

1. La “simple” lección de impermanencia

Se levanta el sol en la mañana. Aunque es muy temprano, es evidente que será un día muy caluroso en España. Mientras me preparo para asistir a las enseñanzas, observo la mesa de estudios que he montado en el apartamento. Es imposible obviar la evidencia de las múltiples tareas de reflexión y lectura que me han dado como participante del retiro, —todo a medio terminar—.

No sé por qué aún me sorprende la facilidad que tengo para posponer. Guardo en mí una noción tan arraigada de que tendré suficiente tiempo para completarlas, y pienso que al ser joven y saludable aún me quedan muchos años de vida. Pero ¿existe tal certeza?

En mi mente analítica la respuesta se decanta por el hecho de que no hay certeza de un evento futuro. Sin embargo, continúo viviendo mi vida asumiendo que tendré el tiempo, que la muerte está aún lejos para mí y que mis circunstancias favorables permanecerán. ¿No es esto contradictorio?

Cuando escuché el tema por primera vez me pareció repasar algo ya conocido. Nadie refuta la realidad de que todo lo que nace finalmente va a morir. La muerte es un proceso natural que todos conocemos, de hecho, todos hemos experimentado el fallecimiento de algún ser querido.

Entonces ¿por qué reflexionar en la impermanencia de la vida al introducirnos a las prácticas budistas? Sospecho que esta contemplación posee un poder subestimado por la mayoría de nosotros. Las instrucciones del maestro del retiro Khenpo Jamyang Tenzin para inspirarnos a realizar esta profunda reflexión han permanecido resonando en mi mente:

Esta existencia nuestra es tan pasajera como las nubes de otoño.
Ver los nacimientos y las muertes de los seres es como observar los movimientos de un baile.
La vida es como un relámpago en el cielo, que se precipita como un torrente por una montaña empinada.

— Khenpo Jamyang Tenzin, El Nido del Meditador, Vol. 2

Al salir del apartamento, observo por la ventana la montaña que se encuentra justo al lado del Centro Budista Sakya. Su forma aparentemente sólida e inamovible me hace recordar las palabras del maestro: “todos los fenómenos compuestos son impermanentes”.

Todo está compuesto de partes, y si exploro profundamente y con curiosidad encuentro que todo —incluso mi propio cuerpo—, las células y hasta las más mínimas partículas son fenómenos compuestos. Esto significa que también están sujetos a cambiar. Unos cambios son más rápidos y pronunciados y por ende son evidentes. Pero otros son imperceptibles debido a la velocidad con que ocurre en relación con el parámetro de mi percepción del tiempo.

Mi propia inconsistencia me resulta cada vez más evidente. Percibo la realidad de una manera diferente a lo que es su verdadera naturaleza. Me surgen más preguntas que respuestas…

¿Por qué sostengo la noción de que la montaña hoy es igual que ayer?

¿Por qué tengo la idea de que permanecerá inalterada a lo largo del tiempo?

Estas interrogantes comienzan a debilitar mi orgullo. Estaba muy confiada en que ya comprendía el concepto de la impermanencia. ¿Es acaso esto una manifestación de la ceguera que produce la arrogancia?

2. Nunca saludamos a la misma persona dos veces

Empiezo el peregrinaje hacia el Templo del Buddha. Aunque me hospedo cerca del Centro Budista Sakya, el trayecto contiene tramos muy inclinados que, junto al calor, requiere hacer algunas paradas para tomar algo de aire.

Es casi un ejercicio de meditación caminando. Estoy tan sumida en el torbellino de preguntas sobre la impermanencia que la voz de una amiga interrumpe inadvertidamente mi conversación interna: “Qué gusto verte guapa, estás igualita, no has cambiado nada.” 

Su saludo se me presenta como la evidencia de una conclusión no verificada. ¡La inconsistencia es compartida! Aunque intelectualmente sabemos que cambiamos, persistimos en ver los objetos, las personas, todo lo que nos rodea como si fueran estáticos, no logramos percibir la danza constante de todos los fenómenos. Tenemos la necesidad de retener lo que está en constante movimiento.

¿Por qué estoy tan obsesionada en retener, en fijar mis ideas en los objetos y las personas?

Continúo caminando, y estoy sumida en un mar de preguntas:

¿Soy la misma persona que el año pasado?

¿Es mi amiga la misma persona que yo saludé hace un año?

¿Seremos iguales el día de mañana? 

Por un instante comienzo a reconocer lo ciega que he estado al pensar que comprendía mi relación con la impermanencia. En este momento recuerdo la sabiduría contenida en las palabras del ven. Lama Rinchen: “nunca saludamos a la misma persona dos veces”. 

Mi arrogancia comienza a debilitarse ante la profunda sabiduría expresada por los maestros.

3. El río de la vida

Sigo la ruta hacia el Centro Budista Sakya, y de repente me sorprende una ráfaga de viento que me transporta a un día del año anterior…

Un día en 2017, los meteorólogos reportaban insistentemente que llegaría un huracán mayor a Puerto Rico, era tan intenso que el país no sería el mismo que conocía antes.

Durante ese tiempo, tenía que pernoctar por varios días en el centro de emergencias médicas donde laboro. Había mucha tensión en el ambiente, sentía miedo al igual que todos. A modo de distracción comencé a ver las redes sociales, hice todo lo posible por evadir la cruda realidad que se me presentaba.

En mi ejercicio de evasión me topé con un video de Mercedes Sosa —cantante de música folclórica argentina— entonando la pieza Todo cambia, con una gran sonrisa y agitando un pañuelo: Cambia, todo cambia… ¿Cómo se puede celebrar con tanta alegría que todo está cambiando?

Lloré, pero todos los demás en el centro permanecieron muy callados, más bien porque el temor y el coraje que sentía estaba enraizado en mi resistencia al cambio: de perder lo que amaba, —la comodidad, la estabilidad, y la normalidad—, y de enfrentarme a un caos.

La situación era como un acertijo que no lograba resolver. Por un lado, reconocía que la vida en sociedad está en constante cambio, sin embargo, percibía su caótica actividad como “normalidad” y los eventos que producen una interrupción a esa “normalidad” los percibía como un caos, como un desastre. Es muy curioso, rara vez nos sentamos a reflexionar en esto…

Incluso luego de ser azotados por el huracán, enfoqué todos mis esfuerzos en regresar a la “normalidad”. Y por esa razón durante el periodo de recuperación algo inesperado ocurrió, las condiciones favorables para practicar el Dharma cambiaron. Ya no había el espacio, el tiempo, los recursos para recibir las enseñanzas.

Sentí mucho temor… Antes de ese evento pensaba que siempre tendría la seguridad física, las condiciones básicas, la salud física y emocional para practicar el Dharma. No había realizado que las condiciones favorables también fueran impermanentes.

Así, como en un abrir y cerrar de ojos, perdimos todas las utilidades y facilidades que sostenían las operaciones del país. De la misma manera, mi vida y hasta mi interés pueden perderse en cualquier momento y no tengo la forma de saber cuándo será. De este modo se manifiesta la misteriosa danza del karma…

Fue justo cuando me encontré en esa situación que experimenté el miedo por haber desaprovechado cada instante de la vida. Muy arrepentida, reflexioné sobre el valor del camino espiritual, de haber encontrado un maestro genuino en esta vida, de contar con el tiempo y las condiciones para practicar. 

La percepción de las prioridades cambian cuando sentimos que el final es inminente. Pensaba en la inversión de mi tiempo, lo que tendrá valor cuando llegue el momento de mi muerte. 

¿Qué me llevaré a la vida siguiente? 

¿Quién me acompañará? 

¿Qué es lo más valioso en mi vida? 

Las respuestas a estas preguntas brotan una vez he aceptado la inminencia de la muerte y el tránsito de la vida. Mientras más resisto las transiciones, más pesado es el camino. Es como intentar caminar contra la corriente fluida y dinámica de la vida. 

El río de la vida fluye a través del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. El maestro me ha enseñado que la contemplación en la impermanencia es un medio para reconciliarme con esta realidad y soltar la resistencia que produce tanto dolor y sufrimiento, aceptar que la vida continúe su curso de la misma manera que el agua fluye desde la cima de una montaña.

4. El apego a la vida

Ya he llegado a la última cuesta antes de llegar al Centro Budista Sakya, una tan empinada que cada paso que doy se siente que me falta el aire. Siento que se forma un nudo en mi garganta. Comienzo a reconocer que quizás el apego a esta vida es justo la jaula que me mantiene encerrada en el mundo de las ilusiones.

De repente, me llega el recuerdo de la pesadez en el pecho que experimenté durante la partida de mi abuelo. Yo era una niña y no podía comprender como alguien que estaba ayer hablando y jugando conmigo, ya no estaba presente. Sentía un dolor tan profundo que creía que me faltaba el aire, una sensación de impotencia contra el poder de la muerte.

Siento un deseo profundo de retener a los seres que amo. Si pudiera, evitaría que maduren y se independicen. La belleza dinámica y fluida que es cada ser, la disminuyo a un objeto de mi deseo, a alguien que satisface mi necesidad de sentirme segura, amada y mimada. Deseo que nunca se alejen de mi lado.

Deseo retener y evito perder. El apego a la existencia me arrastra en el ciclo interminable de la vida y la muerte. Sin embargo, la contemplación en la impermanencia nos dirige al reconocimiento de que todo lo que se reúne, se va a separar y que lo que nace inevitablemente morirá.

5. Girando hacia el Dharma

Ya he llegado al tope de la cuesta, a la terraza exterior justo frente al Templo del Buddha del centro. Miro a mi alrededor. Desde la altura se percibe un espacio tan amplio, tan libre. Me envuelve una sensación de nostalgia. ¿Podré reconciliarme con la impermanencia y experimentar una libertad tal que no sienta temor?

El nudo en mi garganta se intensifica, casi como si toda la ansiedad y el miedo que he experimentado en la vida se presentara justo en este momento. Miro a mi alrededor y todos los otros participantes del retiro están callados, reflexivos, mirando el mar al horizonte. Creo que la contemplación en la impermanencia ha estremecido los cimientos de todos, tiene el efecto de una sacudida utilizada para despertar a alguien que duerme un sueño muy profundo

Las preguntas continúan surgiendo desde mi interior. 

¿Para qué necesito recibir estas enseñanzas sobre la impermanencia? 

Antes de emprender el camino hacia la Iluminación, el príncipe Siddharta observó durante un paseo a una persona afligida por la enfermedad, a otra persona encorvada por la vejez y un cadáver. Estos encuentros germinaron en su interior un genuino deseo de encontrar la manera de salir de la prisión de la confusión y liberarnos del sufrimiento. 

Reconocer las precariedades del estado en que me encuentro y reflexionar en la impermanencia de la vida me lleva a cuestionarme todas mis motivaciones y en qué estoy invirtiendo mi tiempo. Tiene el efecto de girar las prioridades y me motiva a emprender el camino hacia la liberación del sufrimiento, tanto la propia como la de todos los seres. Reconocer la impermanencia de todo es el combustible para aprovechar cada segundo de mi vida. 

Para ello, los maestros nos invitan a reflexionar sobre la certeza de la muerte, la incertidumbre de su momento, y el cultivo de las acciones útiles para ello.

¿Qué es más importante en el momento de la muerte?

Recuerdo una noche en la que estaba celebrando la Navidad junto a mi familia y recibí una llamada de una amiga muy querida. La felicité con la misma alegría de todos esos días festivos. Mi amiga me contestó con una voz baja y triste, rápidamente me notificó que fue diagnosticada con cáncer de seno en estado 4, por lo que sería sometida a quimioterapias, cirugías y radioterapias. 

Yo estaba muy sorprendida por su entereza al expresarme su situación y muy apenada le pregunté sobre la prognosis a lo que me respondió: «Le dije al médico que no me dijera nada sobre eso, en realidad en este momento qué importa saberlo si desde que nacemos sabemos que vamos a morir y ahora ¿cuál sería la noticia? Yo solo le pregunté al médico: ¿qué necesito hacer ahora? Tras terminar la conversación me dije: necesitas ponerte en acción ¡ya!». 

¡Yo quedé más sorprendida aún! Mi amiga me ofreció una gran lección; me compartió la urgencia y la valentía que emana cuando nos enfrentamos con la inminencia de la muerte, la manera en que nos invertimos en lo que es realmente importante. Ahora bien, en estos momentos ¿sabemos lo que es importante?

6. No desaproveches esta oportunidad

Ya es el momento de dejar la terraza exterior y entrar de nuevo en el Templo del Buddha para la siguiente sesión de enseñanzas. Esta vez me pongo a sentar con menos orgullo, más apertura y con más honestidad conmigo misma. Al ver al maestro siento una profunda devoción y admiración por la sabiduría que nos está impartiendo.

¡Somos tan afortunados de tener esta oportunidad! El maestro me ha explicado que lo más importante en la vida es la inversión en el camino espiritual para morir sin arrepentimientos. Al morir, lo único que podré llevarme son las cualidades virtuosas que he cultivado en esta vida. Nada es más importante que genuinamente transformar la mente y el corazón, desvelar la bondad y la sabiduría que llevo dentro.

Al finalizar la enseñanza, camino entre las sillas y me acerco a una amiga para despedirme. Ella me ofrece un regalo el cual recibo con agradecimiento. Era una pintura.

Al observarla, para mi sorpresa, me topo con un mandala de color azul acompañando por un mensaje en el que se lee:

Esto también pasará.

Si estás interesado en explorar los beneficios de las cuatro contemplaciones y experimentar las meditaciones con las que transformar tu mente y corazón, te invitamos a participar del curso Las Tres Visiones, impartido por el ven. Lama Rinchen Gyaltsen. Comenzará el 16 de enero del 2023 y ¡las inscripciones ya están abiertas!

¿Alguna vez has reflexionado sobre la impermanencia de la vida? 

¿Has separado un espacio para realizarte estas preguntas?

¡Relata tu experiencia en los comentarios!

Ruthmaris Nieves

Terapeuta Ocupacional, Gerontóloga y Administradora de Servicios de Salud.
Trabaja en el mejoramiento de los servicios de rehabilitación física, la promoción de estilos de vida saludable y la prevención de lesiones.
Es tutora en Paramita y practicante en formación del desarrollo espiritual.

7 Comentarios

  1. petysan

    Venerado Lama Rinchen: estoy reflexionando sobre la impermanencia. Se de lo que se trata, comprendo que todo es impermanente, pero asimismo me cuesta mucho el solo hecho de pensar que algun dia podre no ver mas a mis hijos, a mis nietos, mis seres queridos. No es lo material lo que me angustia, sino lo humano. Sera porque soy una persona sumamente cariñosa, disfruto cada abrazo, cada beso, cada conversacion. Lo razono todo y se que es asi. Pero aun siento esa angustia. Y a pesar que pase por cancer y en ese momento no senti miedo, sino que aproveche para compartir lo poco que sabia sobre budismo, y lo hice regalando sonrisas sinceras a todos mis colegas de quimio….aun asi hoy siento esa angustia por tener que enfrentar la perdida de un ser querido. Quiero decirte que lo estoy trabajando en mi interior. Se que todo esta en las enseñanzas del Buddha. Solo deseo que todos los seres puedan tener felicidad y las causas de la felicidad.

  2. Carmen

    Muchas gracias, por este emotivo, instructivo, y reflexivo artículo, me ha gustado mucho, y me ha hecho cuestionarme interesantes preguntas.
    Gracias por compartir tu experiencia de manera tan cercana y cálida, es de gran ayuda 🙏☀️

  3. Elina_Oliviero___

    Gracias por esta reflexión. En un instante estas palabras leídas, me alertaron de la urgente, lo esencial y lo que es complementario y anecdótico. Me sentí casi totalmente identificada. Abrazo infinito.

  4. Sergio

    La primera vez que escuche sobre la impermanencia, fue en una capacitación realizada por la empresa en la cual trabajaba y comenzaba con la frase…»lo único permanente es el cambio», todo lo relacioné con la vida laboral, nunca reflexioné en el ámbito personal, la vida, mi vida.
    Gracias a las enseñanzas, a través de ven. Lama Rinchen he podido avanzar y meditar sobre este y muchos temas de la vida espiritual.
    Muchas gracias

  5. Ruthmaris Nieves Martinez

    Gracias a todos por sus bellas palabras y compartir sus experiencias al contemplar la impermanencia 🙏

  6. Sofia_Sarina_Aguilar_Flores

    hola! venerable maestro y grupo Paramita.

    Comparto que desde pequeña he sido muy atormentada por el océano del samsara, lo que me ha llevado a buscar ayuda de muchas maneras entre ellas el psicoanálisis, la religiones cristiana en varias modalidades. y aun que han podido aliviar un poco ese sufrimiento, siempre termino sintiendo una profunda insatisfacción.

    En mi país México he buscado las enseñanzas budistas (sin mucho éxito) porque siento y digo siento porque es así, sin ningún conocimiento previo sentía que ahí estaba la luz. hoy he tenido la fortuna de encontrarme con el gran navío de los maestros iluminados me siento muy muy feliz, trabajo fuerte para aprovechar la primavera de mi vida.

    Estoy infinitamente agradecida porque puedo tomar muchas enseñanzas así como tener maravillosos guías y maestros todos los días cada momento con tan solo abrir la computadora. Aun que por supuesto deseo ir a España a tomar algún retiro en el 2023.

  7. Ruthmaris Nieves Martinez

    Muchas gracias Sofia por tus lindas palabras y compartir tu experiencia 🙏

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