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Morfeo: Matrix está en todos los lados, nos rodea … es el mundo que han puesto ante tus ojos para ocultar la verdad.
Neo: ¿Qué verdad?
Morfeo: Que eres un esclavo, que naciste en una cárcel, una cárcel para tu mente.
Matrix – Hermanas Wachowski, 1999.

Alan Wallace ha estado en España del 23 al 30 de marzo impartiendo una conferencia en la Universidad Complutense de Madrid y dirigiendo un retiro en el monasterio budista de Pedreguer (Alicante). Han sido 8 días de trabajo profundo en una de las técnicas de meditación más antiguas de la India y una de las prácticas principales del budismo: el vipassaná (*!). Ocho días para tener un primer acercamiento a esta herramienta milenaria que lleva a un proceso de autopurificación mediante la auto-observación.

¿Quién es Alan Wallace?

Alan Wallace es un científico estadounidense, estudioso y practicante de budismo desde los años setenta, monje budista durante 14 años con una formación guiada por el Dalai Lama y por diversos maestros budistas realizados de la India y Sri Lanka. Se licenció en Físicas y Filosofía de la Ciencia en el Amherst College y es doctor en Estudios Religiosos por la Universidad de Stanford.

Ha sido un participante clave desde 1989 en los encuentros entre científicos occidentales y contemplativos budistas organizados por S.S. el Dalai Lama en Dharamsala, que dieron lugar a la fundación del Mind and Life Institute con el objetivo de establecer un diálogo permanente entre la ciencia occidental con el budismo tibetano.

No sería muy aventurado decir que el éxito actual del mindfulness en el mundo y el creciente interés por la meditación tienen origen en estos encuentros, habiendo sido precedido primero por el interés que despertó el trabajo sobre la inteligencia emocional de Daniel Goleman, también participante en estos fructíferos encuentros organizados por S.S. el Dalai Lama y que a día de hoy se siguen celebrando en diferentes lugares del mundo.

Alan Wallace se ha convertido desde entonces en un maestro muy apreciado, ya que está haciendo una gran aportación al diálogo entre el budismo y la ciencia occidental. Ha escrito numerosos libros y artículos, imparte conferencias, cursos y retiros por todo el mundo, y en 2003 fundó el Santa Barbara Institute for Consciousness Studies, dedicado a la investigación y la educación interdisciplinar para avanzar en la comprensión de la naturaleza y los potenciales de la conciencia.

Este gran maestro es capaz de explicar con destreza y sencillez complejos conceptos de la filosofía budista, introducirte en estados meditativos muy profundos, hacerte observar tu mente desde espacios que solo sospechabas que existían, ver la realidad con nuevos ojos y reforzar los compromisos con la práctica. Alan Wallace hace todo esto desde la humildad que caracteriza a los maestros genuinos y con la sencillez y falta de prejuicios que suele acompañar a los norteamericanos, con un sentido del humor magnífico; tanto, que para arrancar una sonrisa a los estudiantes es capaz de llegar a definirse como «un viejo hippie de California que se dedicó a estudiar el Dharma». ¡Qué encantadora sencillez la del maestro Wallace!

Alan Wallace visita España

Desde hace tres años tenemos la suerte de recibir sus enseñanzas directamente en España.

La colaboración del Centro Internacional de Enseñanzas Budistas (CIDEB) con Nirakara y su Mindful Encounters en la Universidad Complutense de Madrid, han permitido ofrecer tres encuentros en España: el primero en el año 2015 sobre la llamada “ciencia contemplativa de la mente”; el segundo en el año 2016 sobre shamatha, y este año sobre vipassaná y los cuatro fundamentos del mindfulness.

En esta última visita del pasado mes de marzo, el formato que siguieron los co-organizadores fue el mismo que en las dos ocasiones anteriores.

Alan Wallace impartió primero una conferencia en la Universidad Complutense de Madrid , esta vez en la Facultad de Filosofía, tan abarrotada de público como el año anterior lo estuvo la Facultad de Ciencias de la Información y el anterior la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología.

En ella expuso las líneas maestras del tema que vino a trabajar en España y esbozó sus propuestas orientadas a lo que ha sido siempre su trabajo: el diálogo entre la ciencia occidental y la ciencia budista de la mente.

Posteriormente dirigió un retiro de seis días en el CIDEB, donde además de impartir estas enseñanzas en profundidad, dirigió meditaciones guiadas y participó en las discusiones que generaron sus enseñanzas y prácticas.

El CIDEB es en este momento una punta de lanza en la apertura y difusión de proyectos que trabajan el Dharma budista en el mundo, y está sabiendo aprovechar el potencial que ofrece el majestuoso edificio que lo sustenta con el trabajo entregado y entusiasta de un excelente equipo, al frente del cual está su maestro residente, el Venerable Lama Rinchen Gyaltsen, a quien el mismo Alan Wallace reconoció públicamente su capacidad de liderazgo y animó a convertir el Centro en uno de los observatorios de la contemplación que forman parte de su propuesta a nivel internacional.

Merece la pena hacer un retiro de meditación en el CIDEB del Monasterio de Pedreguer, entre otras cosas porque siempre encontrarás personas de diferentes partes de España y del mundo, además de maestros y expertos internacionales.

Un retiro con Alan Wallace

Los participantes en el retiro de este año han sido en buena medida participantes en el encuentro de shamatha del año pasado, si bien también hubo asistentes nuevos. Casi todos ellos son estudiantes y profesionales dispuestos a hacer una aplicación práctica de las enseñanzas de Wallace en los campos de la educación, la atención social y la salud.

Alan Wallace explicó lo que es un retiro recurriendo sorprendentemente a la jerga militar para hacerlo: «un retiro no es una derrota ni una cobardía si te superan en número; si te van a matar, es una opción sabia».

«Tampoco es un escapismo, aunque la práctica de shamatha (quietud mental) puede convertirlo en eso, si bien esta no era la intención del Buda», añadió.

¿Pero de qué se retira uno? ¿Quién te supera en número? ¿Quién es el que puede matarte? ¿De qué se escapa uno temporalmente? Ni más ni menos que de las propias limitaciones: las aflicciones emocionales, el egocentrismo y los patrones y reacciones habituales.

Cuando entras en un estado de shamatha (concentración profunda) te retiras de la corriente de los deseos, de la corriente fenoménica. El propósito de alcanzar shamatha no es alcanzar la luminosidad y tranquilidad que proporciona, sino apaciguar temporalmente las emociones aflictivas que habitualmente contaminan nuestra mente: odio, orgullo, apego, envidia y demás. Todos ellos, juntos con la miríada de pensamientos y conceptualizaciones que los acompañan, nublan la conciencia sustrato o bhavanga, e impiden acceder a la luminosidad, el gozo y la no conceptualidad que ya están en nuestro interior.

El término bhavanga hace referencia al nivel elemental de la mente, la mente “base” de la que surgen todos los fenómenos que percibimos, tanto externos como internos.

¿De dónde surgen los pensamientos? De la conciencia sustrato.
¿A dónde vuelven cuando se disuelven? A la conciencia sustrato.
¿Qué mente permanece cuando estamos en sueño profundo? La conciencia sustrato.
¿De dónde surgen los sueños? De la conciencia sustrato.

Lo mismo ocurre con las emociones, apariencias y demás: aunque parecen estar “ahí afuera”, no son más que el aspecto que adopta la conciencia sustrato al ser activada y filtrada por los órganos sensoriales, las concepciones, las aflicciones y el egocentrismo. Y aunque sus cualidades fundamentales son su luminosidad, gozo y no conceptualidad, no tenemos acceso a ellos por los velos -aflicciones y egocentrismo- que actualmente la obstruyen.

Ignorantes de esta ilimitada fuente de dicha que reside en nuestro interior, buscamos afuera algo que temporalmente se le asemeje: suplimos la intensidad de la luminosidad con actividades intensas; el gozo con placeres sensoriales; y la no conceptualidad con ansiolíticos.

Shamatha y vipassaná: la combinación perfecta

Vipassaná tiene que descansar en un trabajo previo en shamatha. El año pasado Alan Wallace dirigió un retiro de seis días sobre esta otra técnica, un método para alcanzar la estabilidad, espaciosidad y claridad de la mente que toma como objeto, entre otros, la respiración.

Vipassaná, por su parte, es una palabra que procede del idioma pali y que se refiere a la “visión profunda” con la que hacer descubrimientos, revelando lo que es real. Vipassaná significa ver las cosas tal y como son.

La visión profunda es una técnica basada en la observación de la mente y la materia, investigando sus aspectos de impermanencia, insatisfacción y falta de una esencia inherente e independiente.

Se comienza observando la respiración natural para concentrar y calmar la mente. Una vez agudizado el instrumento de observación, se procede a indagar sobre la naturaleza cambiante del cuerpo y de los componentes de la mente.

La matriz de las cuatro aplicaciones del mindfulness (entendido como la observación y fijación de la atención sobre un objeto) está compuesta por:

Atención a mi cuerpo y los otros cuerpos.
Atención a las sensaciones (agradables, desagradables, indiferentes).
Atención a la mente y las experiencias subjetivas que surgen en ella.
Atención a los fenómenos, todo el conjunto de la realidad

En resumen; un escrutinio cercano de lo que consideramos la realidad, una meditación analítica, inquisitiva y penetrante que puede llevarte a hacer de forma sincera preguntas como: “¿eso soy yo?, ¿esta conciencia es una persona?, ¿es permanente o impermanente?, ¿eso es una fuente de felicidad o no?, ¿esto es mío o es solo una corriente de conciencia?”

Al practicar vipassaná desde la calma de shamatha nos permitimos identificar y transformar gradualmente las creencias erróneas acerca de la naturaleza de la experiencia, los patrones de entendimiento y comportamiento que nos pueden llegar a guiar como autómatas.

Vipassaná es una expedición, una exploración, un trabajo hacia el exterior para hacerte libre, un aventura hacia la naturaleza última de la realidad, espaciosa y clara, pero actuando siempre desde la calma y el enfoque que proporciona shamatha.

Las propuestas de Alan Wallace

Todos los maestros budistas lo dicen: las personas actúan buscando la felicidad, pero miran hacia el lado erróneo. El buscar la felicidad afuera está originando muchos problemas: aumento del apego, la avaricia, la ira, la depresión, el consumo desproporcionado de los recursos naturales, la contaminación global y las desigualdades sociales. Como recordó Alan Wallace en una de las sesiones del retiro, estamos en un momento muy peligroso, ya que en lo poco que llevamos de siglo se han extinguido más especies que en los últimos 65 000 años.

La colaboración entre la comunidad científica occidental y la comunidad contemplativa será esencial para aportar claridad a las medidas que han de ser tomadas para crear un verdadero cambio global. La creación de observatorios de la conciencia, en los que trabajen ambas comunidades de manera conjunta será de gran ayuda para el planeta.

El mundo necesita de personas que actúen desde su centro, que estén trabajando shamatha y vipassaná conjuntamente con confianza, inteligencia, enfoque, energía y atención plena, actuando desde la conciencia plena de la interdependencia de todos los seres. No hay tiempo que perder, necesitamos salvarnos y salvar a la humanidad.

Y una vez que se ha tenido una introducción a lo que puede ser un acercamiento de este tipo a la realidad, ya no hay marcha atrás.

Pero como concluye Morfeo en el diáologo con Neo que citamos al principio: «Desafortunadamente, nadie puede contarte qué es Matrix. Tienes que verlo por ti mismo».

NOTA

(*1) Aunque en España el término vipassaná solemos leerlo como palabra esdrújula (“vipássana”), Alan Wallace insistió en acentuar su pronunciación original del pali como palabra aguda, por lo que en todo el texto hemos seguido esta recomendación.