Renacer a voluntad: el fenómeno de los tulkus

El budismo tibetano sorprende por muchos motivos. Uno son los maestros reencarnados o tulkus. “Tulku” significa “emanado” y hace referencia a la continuidad de la mente en otro cuerpo de un practicante avanzado. Cuando morimos, la mente burda desaparece, pero la mente sutil que porta todas las semillas kármicas transmigra a una nueva forma. El cuerpo y el entorno que habitará esa mente dependerá de las acciones físicas, verbales y mentales que hayan predominado durante esa vida y el estado mental durante el momento de la muerte. La mayoría de nosotros tenemos poco control durante el proceso de transición entre vidas (bardo). Sin embargo, algunos practicantes y seres excepcionales pueden elegir el dónde, cuándo y quién a voluntad. Su objetivo es simple: beneficiar al máximo número de seres.

El renacimiento en el budismo

La mente sutil ni se crea ni se destruye. Solo se transforma. No es lógico creer que algo físico como el cerebro puede producir algo no físico como la mente. Al contrario, solo un instante de conciencia puede ser la causa del siguiente momento de conciencia. Esta lógica lleva a que la mente no tiene principio ni final. La mente tampoco tiene algo inherente, inmutable o eterno. En el budismo, “mente” no es “alma”. La mente es un flujo de momentos de experiencias individuales, de instantes de conciencia, de pulsos de cognición, de fragmentos de lucidez. La mente no es más que las cuentas de un rosario. Que alguien las una con un cordel, lo llame “rosario” y le ponga un precio es algo diferente. Las cuentas siguen siendo cuentas, no “rosario”. La etiqueta se la han añadido.

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Creemos que hay “algo” o “alguien” sustancial que renace, pero no es así. No hay nada que siempre permanezca en la mente. A nivel absoluto, por mucho que busquemos, no se encuentra ese “yo”. Pero a nivel relativo sí. Esta entrada está firmada, tu cuenta de ahorros te pertenece ayer, hoy y mañana, y Donald Trump es el presidente de Estados Unidos desde hace un año.Todos continuidades mentales, pero ninguno eterno o inmutable. Nadie es la misma persona que hace quince años: el nombre, la identidad inmutable es algo que nosotros añadimos.

Cuando esta vida se acaba, la mente burda muere y la mente sutil se desprende del cuerpo. Su destino dependerá de las impresiones kármicas acumuladas a lo largo de esa vida mediante sus acciones de cuerpo, palabra y mente. La mayoría de nosotros no elegimos lo que soñamos. Del mismo modo, la mayoría de nosotros no elegimos nuestro siguiente nacimiento. Simplemente, nos arrastran los patrones.

Hay seres excepcionales que pueden elegir su nacimiento. Y aunque todos reciben el título de tulku, no todos son iguales.

Tulkus iluminados

Un Buda es un ser común y corriente que alcanzó la Iluminación. Ser del mayor beneficio a otros es su único propósito para lograr semejante conquista. Y aunque “beneficio” se puede manifestar de incontables maneras -en forma de puente, un libro o una medicina-, las más ventajosas son las que puedan dar enseñanzas del Dharma.

El Buda histórico fue un tulku. Aquí ‘tulku’ significa emanación relativa del estado de Budeidad absoluto (‘dharmakaya’), carente de formas ni nada que lo defina. Dependiendo del nivel de los practicantes, el Buda absoluto manifiesta un cuerpo (‘kaya’) acorde. Los bodhisattvas del 10º nivel ven al Buda de luz y gozo (‘sambhogakaya’) que reside en una tierra pura. Los terrícolas de carne y hueso vemos el cuerpo físico emanado (‘nirmanakaya’). Nosotros vemos al Buda Shakyamuni que vivió hace 2600 años.

El Dalai Lama es otro Buda emanado. Su Santidad es una emanación de Avalokiteshvara, el Buda de la Compasión. Es decir, S.S. el Dalai Lama es la forma que adapta el Buda Avalokiteshvara para que los humanos (y algunos animales afortunados) podamos avanzar en el camino espiritual.

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Mañyushri, el Buda de la Sabiduría, tiene algunas de sus emanaciones más conocidas en la familia Khön del linaje sakya, como S.S. Gongma Trichen Rinpoché y S.S. el 42º Sakya Trizin.

Los bodhisattvas también pueden encarnar a voluntad. Un bodhisattva es un ser que ha tenido una experiencia directa del estado absoluto, y ya no está encadenado por la fuerza de su karma. Sin embargo, su gran compasión les lleva a elegir encarnar una y otra vez para ayudar a los seres a avanzar en el camino espiritual.

Tulkus de saga

Los maestros no siempre terminan su misión en una vida, especialmente si consiste en iluminar a todos los seres. En estos casos, y aunque el practicante no esté iluminado, su maestría meditativa le puede permitir elegir su siguiente nacimiento.

El ‘phowa’ es una práctica avanzada del vajrayana en la que el meditador transfiere su conciencia de manera voluntaria a otra forma. Una suerte de eyección de la mente. Ante la posibilidad de una inminente y descontrolada muerte, esta técnica asegura que el próximo nacimiento sea espiritualmente favorable.

El destino de la transferencia varía entre los practicantes. Algunos, como el gran maestro sakya Gatön Lekpa Rinpoché, eligen una tierra pura como Sukhavati, la del Buda Amitabha. Las tierras puras son planos de existencia con las mejores condiciones para aprender y practicar el Dharma. En el caso de Sukahavati, el mismo Buda Amitabha da enseñanzas a los practicantes para que alcancen la Iluminación rápidamente.

Otros maestros eligen renacer directamente (o casi; quizá hacen una parada previa en una tierra pura, nunca se sabe) en un cuerpo humano. El 6º Dorje Denpa Rinpoché y el 4º Deshung Rinpoché son ejemplos de sagas de tulkus sakyapas que llegan hasta nuestros días.

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S.Em. el 6º Dorje Denpa Rinpoché

Tulkus políticos

No todo el monte es orégano. Por lo general, buscar a un maestro reencarnado es tan inspirador como práctico. Pero a veces se ha usado como pretexto para proteger intereses económicos y políticos.

El procedimiento es simple. Alguien poderoso nombra a un niño como la encarnación de X maestro, se le entroniza y es tratado como tal. Aunque por supuesto no lo sea. El niño recibe la educación y necesaria para que diga, haga y gestione de acuerdo a los intereses de una persona, un partido o unos intereses.

El caso más reciente es el del Panchen Lama. Junto con el Dalai Lama, el Panchen Lama es uno de los maestros más importantes de la escuela guelugpa, y mantiene una relación estrecha con aquel: cada uno está encargado de encontrar a la siguiente encarnación del otro.

En 1995, S.S. el Dalai Lama identificó como la 11ª reencarnación del Panchen Lama a Guendun Chokyi Ñima, un niño tibetano de 6 años de edad. Tres días después desapareció del ojo público. De acuerdo a las autoridades chinas fue puesto en custodia, pero desde entonces no se ha vuelto a conocer su paradero. Guendun Chokyi Ñima se convirtió en el prisionero político más joven de la historia.

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La última imagen conocida de Guendun Chokyi Ñima

El gobierno de la República Popular China seleccionó al poco a otro niño tibetano, Guianchain Norbu, como el auténtico Panchen Lama. El niño se había educado en Beijing y sus padres pertenecían al Partido Comunista.

 

Quién es quién: cómo reconocer a un tulku

Identificar a un tulku necesita seguir una serie de pasos. Antes de nada, el maestro tiene que comunicar su intención de reencarnar y ser encontrado. También hace falta que sus discípulos quieran encontrarlo. Los sakya trizins (cabezas del linaje sakya) lo son por nacimiento, no por reencarnación; cuando uno fallece, no se busca a su tulku. Los karmapas (cabezas del linaje karma kakyu) suelen ser muy explícitos, mientras que para localizar al actual Dalai Lama fueron necesarias las visiones de uno de los discípulos de su anterior encarnación.

Una vez encontrado el candidato, es sometido a una serie de pruebas para garantizar su autenticidad. Estas incluyen:

  1. Determinar la fecha de la muerte: el renacimiento suele tomar aproximadamente un año, a lo que hay que sumar 4 o 5 más para que el niño sea lo suficientemente mayor.
  2. Ubicar el lugar: suele indicarlo la anterior encarnación, o aparece en visiones de sus discípulos.
  3. Mandar a un comité de reconocimiento para examinar a los potenciales candidatos en la zona.
  4. Dar muestras inequívocas: esto incluye que el niño identifique a alguno de sus discípulos, demuestre señales de afinidad al Dharma (especialmente compasión y afinidad por la meditación) y reconozca objetos que pertenecieron a su anterior vida.
  5. Recibir la confirmación de un alto lama, capaz de confirmar su identidad por medio de una serie de prácticas avanzadas
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Solo hay una opción correcta…

Una vez superadas estas pruebas, el pequeño tulku es llevado a su antiguo monasterio. Allí es entronizado como sucesor de su anterior encarnación y comienza a ser educado para cumplir sus funciones y continuar con su tarea.

 

¿Qué hago si me cruzo con un tulku?

Distinguir entre los tipos de tulkus es extremadamente difícil. Los maestros no suelen compartir su grado de realización. Por ello, la mayoría de nosotros no puede diferenciar entre un bodhisattva (o directamente un Buda) y alguien no iluminado que ha transferido su conciencia.

Los tibetanos, ante la duda, tienen la costumbre de intentar ver a todos los seres como bodhisattvas. Nunca se sabe quién puede ser un Buda manifestándose para beneficiar de una manera inconcebible a otro ser. Y como dice Shantideva en el ‘Bodhicharyavatara’:

Quienquiera que hacia estos benefactores,

herederos de los Budas, malevolencia conciba,

permanecerá en los infiernos, el Sabio así lo dijo,

por tantos kalpas como los momentos de su malicia.

 

Pero los pensamientos puros y virtuosos hacia ellos

darán frutos abundantes en aun mayor medida.

Aún en la peor adversidad, los bodhisattvas nunca dañan,

sino que su bondad espontáneamente se acrecienta

Podemos utilizar esto como un motivo más para mantener una mente respetuosa y atenta hacia otros. Todos buscamos la felicidad y estar libres de sufrimiento, y eso nos iguala, independientemente de la especie. Cabe la posibilidad -por remota que sea- de que ese maestro tulku, esa persona molesta, ese animal insignificante o ese mendigo sean un Buda emanado.

¿Quién no estaría interesado en escuchar lo que tengan que decir?

 

Lecturas recomendadas:

  • S.S. el Dalai Lama: ‘Libertad en el exilio. La autobiografía del Dalai Lama.’
  • Sogyal Rinpoché: ‘El libro tibetano de la vida y de la muerte.’
  • Chogyam Trungpa Rinpoché: ‘Nacido en Tíbet’

comentarios

  1. Celeste

    Me dijeron que los tulkus pueden emanar en cuantas formas deseen a la vez. ¿Existe alguna explicación más o menos lógica para ese fenómeno, o sea, cómo hacen para conectar una forma con la otra? Sus experiencias se superpondrían o acaso son especies de clones con experiencias distintas pero el mismo ADN espiritual? Por decirlo de alguna forma… jaja

  2. Gerardo Montes Autor Post

    Hola Celeste:
    Gracias por tu pregunta.

    Los practicantes muy avanzados pueden emanar en varios cuerpos distintos. La división más conocida es la de las emanaciones de su cuerpo, palabra, mente, actividades y cualidades, pero puede haber incluso más. Sin embargo, no parece que sus experiencias se crucen, porque muchas veces las diferentes encarnaciones se conocen e interactúan entre ellas. Por ejemplo, Jamyang Khyentse Chokyi Lodro y Dilgo Khyentse Rinpoché hablaban e interactuaban entre sí como personas diferentes, aunque eran reencarnaciones paralelas del lama sakyapa del siglo XIX Jamyang Khyentse Wangpo.

    Eso sí, desconozco la explicación del cómo lo hacen. ¡Todo será llegar algún día a ese nivel para descubrirlo!

  3. Manu

    Interesante artículo e interesante pregunta de Celeste. Muchas gracias a Gerardo y a todos los que integráis Paramita.