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La paramita del entusiasmo

El entusiasmo —diligencia, esfuerzo— nos carga de energía y nos da alegría. ¿Sabías que es la virtud que apoya a todas las otras paramitas? El entusiasmo nos ayuda a no estancarnos en el camino, y su base es la perseverancia constante y gozosa. Este se puede mejorar y entrenar. La diligencia nos reporta muchos beneficios y trae felicidad en la práctica. Si quieres saber cómo practicarla, sigue leyendo.
 

Contenidos

  1. El significado del entusiasmo
    1. Tres maneras de trabajarlo a través de la voluntad
  2. El entusiasmo como paramita
    1. Las cuatro cualidades que lo califican como paramita
    2. Los siete apegos de los que tiene que estar libre
  3. La práctica del entusiasmo
    1. Purificar las acciones neutrales
  4. Los cuatro apoyos del entusiasmo

 

1. El significado del entusiasmo

El entusiasmo es una adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o un empeño. Según esta definición del diccionario, es una actitud que nos motiva y que está relacionada con la energía necesaria para actuar en una dirección determinada, para conseguir algo.

Desde el punto de vista del Dharma, es una disposición mental o espiritual que encuentra alegría en la virtud y nos permite descubrir bienestar en lo que es virtuoso, en la verdad. 

En ambas definiciones es una cualidad o un estado que nos da energía.

a. Tres maneras de trabajarlo a través de la voluntad

El entusiasmo se relaciona con la voluntad, es decir, con la capacidad de mantener la perseverancia en un objetivo o meta. Así, el tesón es fundamental para cultivar la diligencia, debemos acostumbrarnos a ser constantes en nuestros esfuerzos para que estos no supongan una carga y nos desanimen. En consecuencia, debemos empezar entrenando esta tenacidad. Aunque nos parezca extraño, la voluntad se puede trabajar, y tenemos tres fórmulas o modelos para ello: 

1) Premio o castigo. Esta es la fórmula tradicional, y solo nos sirve cuando hacemos tareas mecánicas. En general, si obligamos a las personas, se esmeran en cumplir, pero no en superarse. Y esto vale también para la mente: si la obligamos de forma inflexible, cumplirá, pero con rigidez —solo para conseguir llegar justo allí donde la queremos llevar, no más allá—. 

2) Hacer lo que nos gusta o lo que amamos. Este modelo aporta una gratificación inmediata, pero no es sostenible cuando queremos emprender objetivos espirituales. Es decir, pretender hacer siempre lo que nos gusta no nos reportará más beneficio que la satisfacción inmediata o a corto plazo. Y en el Dharma debemos perseverar durante años y vidas.

3) El mensaje del Buddha: “Para ser feliz, ama la verdad y la virtud”. Esta pauta nos anima en la práctica espiritual. Y, precisamente, su secuencia lógica es la inversa a la del punto anterior: en lugar de hacer lo que nos gusta, tenemos que apreciar el valor en lo que es virtuoso y cultivarlo, independientemente de nuestras preferencias. Para eso tenemos que ser muy creativos: debemos hallar el entusiasmo y después, regarlo a diario.

 

2. El entusiasmo como paramita


Todas las paramitas dependen de la diligencia o entusiasmo. Este hace de puente entre las tres primeras —generosidad, conducta y paciencia, que se enfocan en desarrollar virtud— y las dos últimas —meditación y sabiduría, que se centran en la sabiduría—. Así, estas cinco paramitas y todo lo que se deriva de ellas, dependen de la energía que nos da la diligencia en el camino espiritual para llegar a la iluminación. Y esta gran meta requiere de una iniciativa madura y determinante. 

Igual que las otras virtudes, esta califica como paramita cuando está inspirada por bodhichitta, respaldada por la comprensión de la vacuidad —que no conceptualiza las tres esferas de sujeto, objeto y acción— y sellada por la dedicación de méritos. Esto significa que no solo tenemos ganas de realizar las prácticas, sino que las hacemos teniendo en cuenta estas tres condiciones.

En el caso del entusiasmo, la dicha que nos energiza puede venir de la gratitud que surge al reconocer que no estamos solos en el camino, y de que trabajamos para todos, un esfuerzo individual que revierte en un beneficio colectivo. 

Esta gratitud nos ayuda a conectar con los demás. Al hacerlo, elimina la separación entre nosotros, lo que hacemos y para qué o a quién van dirigidas nuestras acciones —diluimos las conceptualizaciones que nos sujetan a las tres esferas. Y al mismo tiempo, nos impulsa a dedicar lo que hagamos, con la inspiración de que tal como los Buddhas nos dan y nos guían, nosotros también somos afortunados y dedicamos todo lo bueno y positivo que hemos hecho. 

a. Las cuatro cualidades que lo califican como paramita

Además, tiene que tener las cuatro cualidades:

1) Descartar su opuesto, que sería la pereza, ese estado que nos hace estancarnos en la comodidad y que busca no hacer o hacer con el mínimo esfuerzo cuando practicamos la virtud. 

2) Comprensión de la carencia de existencia inherente de personas y fenómenos. El entusiasmo nos ayuda a superar el aferramiento a procesos o sucesos, ya que al sentirnos satisfechos interiormente, de forma natural, buscaremos menos gratificación exterior como mecanismo compensatorio. Al disminuir el apego, podemos tomar perspectiva, tanto de las emociones negativas como del aferramiento a conceptualizaciones sobre lo que es ‘la realidad’ y, de esta forma, verla como apariencia.

3) Ser capaz de satisfacer las necesidades espirituales de los demás. El entusiasmo nos sitúa en un estado de ánimo que mueve una energía alegre. Y esta, a su vez, nos facilita tener más flexibilidad mental y creatividad, tanto ante las circunstancias externas y situaciones que requieren que nos superemos como ante personas que nos retan. Desde esta situación interna podremos ser más eficaces en satisfacer las necesidades de los demás.

4) Ayudar a progresar en el camino de tres formas:

i. Cambio de conducta. El entusiasmo nos permite elevarnos por encima de nuestros hábitos y tendencias kármicas porque el gozo —junto con la calma mental— nos eleva emocionalmente dándonos perspectiva. Desde esta visión más amplia podemos reconocer los patrones conductuales negativos y, a través del esfuerzo alegre, cambiarlos. 

ii. Interés en el camino espiritual. La diligencia incrementa nuestro nivel energético haciendo que mentalmente estemos más disponibles e interesados en el estudio, la reflexión y la meditación. 

iii. Progreso en el desarrollo espiritual. Esta paramita nos ayuda a combatir la indolencia que causa el estancamiento y que no nos permite avanzar en el camino. Por lo tanto, nos ayuda a combatir el ‘sentirnos satisfechos con nuestros logros presentes’ y así, querer progresar. 

b. Los siete apegos de los que tiene que estar libre

Y tiene que estar libre de siete apegos: 

1) A la pereza, es decir, a estar apegado a la comodidad o a descansar en exceso. Una forma de pereza es la baja autoestima que nos lleva a tener un sentimiento de desilusión por no haber conseguido algún objetivo. Otra forma de pereza es el apego a subestimarnos o a despreciarnos.

2) A posponer. Tenemos que afrontar la tendencia adquirida de posponer o de no esforzarnos en la práctica de la virtud pensando que tenemos tiempo y que ya lo haremos más adelante. Su consecuencia inmediata es ser arrastrado por el karma, lo que conlleva no conseguir los objetivos mundanos ni espirituales, además del riesgo de perder los logros anteriores.

3) A la satisfacción inmediata —a sentirnos satisfechos con los logros inmediatos de la diligencia—, a ceder ante la complacencia del júbilo que surge del entusiasmo, sin pedirnos más. Esto incluye instalarnos en las experiencias placenteras de la meditación y querer mantenerlas. Debemos tener claro que todo logro es limitado hasta que lleguemos a la iluminación.

4) A una recompensa en esta vida, a que estemos contentos pensando que con la práctica del Dharma obtendremos un resultado a corto plazo, como tener abundancia o éxito en los proyectos que emprendemos o… a morir sin arrepentimientos.

5) A una recompensa en futuras vidas, es decir, practicar el entusiasmo porque nos permita obtener fácilmente los objetivos previstos en los próximos renacimientos.

6) A estar apegado a la tendencia opuesta de la paramita, a la indolencia o a dejarse llevar por las circunstancias o por los bloqueos ante los obstáculos o sencillamente ‘recostarse’ en las situaciones o sensaciones agradables. Quiere decir que no queremos deshacernos del hábito de mantenernos en la comodidad y en la facilidad.

7) A estar apegado a las distracciones. Este apego tiene que ver con el hábito de entretenerse con algo banal, ya sea entregarse a placeres como comer, beber o cualquier otro dharma mundano, o bien, por la afición a cotillear o a hablar en exceso.

 

3. La práctica del entusiasmo

Para superar la pereza aplicamos antídotos, tales como pensar en los problemas que conlleva el dejarnos arrastrar por ella nos pone en manos del karma o, el mejor método, reflexionar sobre la impermanencia una y otra vez. 

Para practicar el entusiasmo podemos atender dos aspectos. 

a. Purificar las acciones neutrales

La mayoría de las acciones y pensamientos en nuestra rutina diaria son neutrales, es decir, una gran parte del tiempo funcionamos en ‘piloto automático’ sin intencionalidad, ni positiva ni negativa.

Este contexto nos coloca en una situación desventajosa porque estamos a merced de nuestros hábitos y patrones conductuales adquiridos. Así pues, tenemos que aprovechar y transformar las acciones neutrales.

Aparte de descartar el mal y hacer el bien, una de las prácticas del bodhisattva es purificar las acciones neutrales sometidas a patrones kármicos de forma implícita. Y esto se consigue cargándolas de entusiasmo, inspirándolas con una motivación altruista, particularmente bodhichitta, y concluyendo ese día, esa acción, ese proyecto con una dedicación de méritos. Esto convierte el karma cotidiano en karma positivo y trascendental.

Pero ¿cómo traemos el entusiasmo a la práctica? Es decir, ¿cómo nos inspiramos y mantenemos la motivación entusiasta? La clave es emplear nuestra creatividad para aportar significado y valor a todo lo que movemos, enfocando ese ingenio en desactivar la noción de que la realidad que vemos ahí fuera es objetiva. 

Hemos valorado tanto esa ‘realidad objetiva’ que ahora tiene poder sobre nosotros. Parece que las cosas ahí fuera están definidas y que nada se puede hacer. Si ‘vaciamos’ esta ‘realidad externa’, pierde fuerza y, con ello, la influencia que tiene sobre nosotros. En consecuencia, bajo esa premisa —que la ‘realidad externa’ está vacía, nosotros podemos darle una interpretación diferente… y dársela de manera que nos ayude a transformar el aferramiento y la aversión.

Pero ¡cuidado! No estamos buscando ver algo que no es bueno como bueno, estamos dotando de un sentido diferente a nuestra vida cotidiana para que, de esta manera, las actividades diarias nos ayuden en el camino. Y esto requiere imaginación, creatividad, empeño y, sobre todo, empezar ahora, sin esperar a que las condiciones sean perfectas. 

b. Practicar la diligencia excelente

Es decir, realizar todas las acciones pensando en el bien de los demás; todo lo que hacemos tendría que tener este objetivo. Y, debido a la interdependencia, eso también nos traerá beneficio a nosotros. 

Una vez tenemos claro el motivo de esta práctica, hay dos métodos para llevarla a cabo. El modo indirecto es a largo plazo. Uno se prepara adquiriendo conocimiento y sabiduría para poder después dar a los demás. El modo directo nos señala que con lo que ya tenemos —con nuestra actual sabiduría y conocimiento—, ya podemos empezar a dar, podemos empezar a servir. 

Finalmente, nuestra disposición hacia los otros y cómo actuemos dependerá de cuánto tiempo y espacio abarque nuestra mente. A partir de este nivel de conciencia, realizaremos nuestras acciones y se plasmará nuestro entusiasmo en ayudar a los demás. Nuestra aplicación en ello dependerá de a qué velo atendamos: si es el velo del sufrimiento, del karma, de los estados aflictivos, del egocentrismo o, por último, de la ignorancia fundamental o ego. 
 

4. Los cuatro apoyos del entusiasmo

Para lograr maestría en cualquier ámbito de la vida debemos amar lo que hacemos con interés y alegría. El entusiasmo se entrena con el apoyo en cuatro pilares fundamentales, según Shantideva:

1) Aspiración, un compromiso con el camino y la meta. Es una motivación que se enfoca en el hacer y en el por qué hacer. Realmente, una persona es lo que aspira, lo que anhela; el resto es circunstancial. Esta aspiración debe ser incondicional e infinita, es decir, que nos comprometemos con la dirección que marca la iluminación, independientemente de lo que pase. 

2) Confianza en uno mismo o firmeza. Esta viene de una autoestima sostenible que nos permite identificarnos con nuestro potencial. Aquí hay dos elementos: uno causal —la confianza en uno mismo— y otro resultante —la firmeza—. En este caso, la parte importante es la confianza en nosotros mismos, que depende de cómo nos valoramos. Desde la perspectiva budista, hace referencia a qué valor damos a nuestro potencial. Tenemos que confiar en tres aspectos: en nuestra capacidad de ayudar a otros, en la de desarrollar virtud y en la de eliminar defectos, aflicciones y demás. 

3) Alegría, que significa encontrar satisfacción en el proceso más que en la recompensa o en el resultado. Tenemos que cambiar de la esperanza al optimismo, es decir, escogemos estar contentos y ser felices, más allá del placer que emerge como producto del consumo o de la estimulación. El gozo entusiasta tiene que ser atrevido: “¡No sé qué va a pasar mañana, pero seguro que va a ser estupendo!”. Tenemos que empezar discriminando lo bueno, lo malo y lo feo, enfocarnos en algo insignificante que sea positivo y darle más vida, más energía, para acabar pensando: “¡Hoy quiero ser feliz!… Pero está lloviendo, tronando… ¡Mejor!, ¡más divertido!”.

4) Desistir o descansar. Reconocer nuestros límites, medirnos a largo plazo. Esto quiere decir no irse al extremo de agotar toda nuestra energía o quemarnos, sino ser conscientes de nuestras limitaciones, aceptarlas y hacer pausas. Descansar para poder continuar más frescos. Y esto se puede aplicar a la meditación y a las otras paramitas

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Hemos visto que el entusiasmo o diligencia es una virtud esencial que apoya a todas las otras generosidad, conducta, paciencia, meditación y sabiduríay que, como el resto de paramitas, se puede entrenar. 

El entusiasmo trascendental se basa en querer utilizar la creatividad para encontrar satisfacción en la virtud, llevándonos más allá de nuestros límites hasta conseguir la iluminación para beneficio de todos los seres. 
 


 

Para indagar más en la práctica de la diligencia te invitamos a apuntarte e investigar en los siguientes cursos, ambos sin coste y online:

El Camino de las Paramitas

La enseñanza sobre el entusiasmo en este curso se titula La mejor Voluntad. También está accesible en YouTube.

Las 37 Prácticas de los Bodhisattvas

Práctica 28 de este curso, La mejor fuente de energía es la Paramita del Entusiasmo. Se puede hallar en YouTube, además de en el nuevo canal de Podcast de Paramita, en el que se sube un nuevo capítulo cada semana.

¡No te los pierdas!

 


 

¿Qué es para ti el entusiasmo? 

¿Cómo te ha ayudado en tu vida?

¿Cómo crees que se relaciona con la paz y la felicidad genuina?

¡Cuéntanoslo en los comentarios!

 


 

Lana Skulmoski

Lana Skulmoski

Jordi Solé

Jordi Solé es profesor de la Universitat de Barcelona en Oceanografía, Energía y Clima. Divulgador científico sobre temas ambientales y de recursos energéticos. Profesor de taichi y estudiante de filosofía y meditación budista. Es autor en el blog de divulgación sobre temas ambientales y energéticos, Tempus fugit.

5 comentarios

  1. Hola! Bendiciones para todo el equipo.
    Para mi el entusiasmo es en pocas palabras lo opuesto a la pereza. Es la energía y la motivación por lograr algo. Cuando se posee entusiasmo, el hacer, no cuesta… Es escaso y dificil de cuidar.
    Gracias y saludos! Interesante el tema.

  2. Gracias Jordi por tu aportación. Voy a tener que releerlo en esta y en unas cuantas vidas más.
    Tu artículo es una flor de Loto en la que detenerse después de su lectura y contemplar, para, desde el estudio, reflexión y meditación, poder reenfocarnos con más criterio. Namasté.

  3. Gracias por este artículo, que me viene de maravilla en este momento, pues tras unos años de intensa inmersión en las prácticas budistas, me estaba empezando a alejar del camino espiritual. Recordar la importancia y el poder de esta paramita me ayuda a reaccionar. Gracias de veras.

  4. He imaginado tantas cosas pero una religión y en este caso, budismo 😂.
    Cómo sería una persona Budista hablando con Migo. Lo mínimo que yo haría sería invitar a tomar vino tinto.
    Yo como siempre bien sobria, claro está.

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